Jueves, 21 de marzo de 2019

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Cuaresma 2018

Vivamos la Cuaresma con resignación

por La divina proporción

¿Resignación? Alguno pudiera pensar que esa palabra ha sido desechada por la sociedad actual. Seguramente nos hagamos la pregunta ¿Por qué tenemos que resignarnos?, sin darnos cuenta que la pregunta clave es otra: ¿Ante Quién tenemos que resignarnos? Resignación es una palabra preciosa. Significa, volver a hacer un signo sobre sí mismo. Volver a dar sentido a un compromiso previo. En este caso es el compromiso bautismal. ¿Qué signo tenemos que hacer sobre nosotros mismos? El signo de la docilidad a la Voluntad de Dios. Resignarnos es volver a sintonizarnos con la Palabra que da la Vida Eterna. Nuestra naturaleza es similar a la arena. Cuando las mareas del mundo corren sobre nosotros, olvidamos el compromiso adquirido con demasiada facilidad. Por ello debemos re-signarnos continuamente y más en Cuaresma.

Es evidente que la resignación es sustancialmente negación de sí mismo y al vivirla, cargamos la cruz para seguir los pasos del Señor. Hoy en día nos llaman constantemente a resignarnos ante el ídolo del momento, el poder social de lo bien visto y el segundo salvador de guardia. ¿Ante quién te resignas? Más de una vez me han echado en cara que no me resigne ante un ser humano y anteponga a Cristo. Incluso me han llamado “protestante” por dar tanta importancia a Cristo. Es bueno que me lo echen en cara, porque al Señor también se lo echaban en cara constantemente. Él no se resignaba ante la voluntad del poder social y por eso lo perseguían y lo querían matar.

Y dijo a los judíos: ¿por qué creéis que no debo trabajar en sábado? El día sábado se os mandó que lo santificarais, para que en él me prefiguraseis. Fijaos en las obras de Dios, por mí han sido hechas todas las cosas. El Padre ha hecho la luz, pero habló para que fuese hecha; y cuando habló, obró por medio de su palabra, y su palabra soy Yo. Y si mi Padre obró cuando hizo el mundo, también sigue obrando hasta ahora, puesto que gobierna el mundo. Luego cuando lo hizo, lo hizo por mí; y por mí lo gobierna, cuando lo gobierna. (San Agustín. Tratado sobre el Evangelio de San Juan)

La Iglesia está compuesta por seres humanos y por lo tanto, también se ve sometida a las tormentas sociales de cada época. Hoy, que vivimos entre la postmodernidad y la postindividualidad, no se comprende que una persona se muestre libre de convencionalismos. No se comprende que actúe siguiendo las huellas de Cristo y no los discursos que tanto nos gustan. Hasta la misericordia ha perdido su significado, siendo reemplazada por la complicidad indiferente. En este momento del mundo y de la Iglesia, cobra sentido especial hablar de forma profética. Señalar los becerros de oro y las torres de babel que hemos incorporado a nuestra religión. Nos toca señalar, con humildad y verdadera misericordia, los pasos que se alejan de las huellas de las sandalias del Salvador. Nos toca aceptar que Dios nos somete a una dura prueba de fidelidad a su Palabra, que es Cristo. No podemos revelarnos ante la Voluntad de Dios, sino ver en esta Voluntad, el duro y pedregoso camino hacia Él.

Resignación y denuncia. Unidas en cada paso que demos en esta Cuaresma y en nuestra vida cotidiana. Denuncia serena y humilde. No se denuncia la incoherencia para condenar a nadie. Se denuncia para que otras personas se paren a pensar sobre las  huellas sobre las que están colocando sus pasos. No se denuncia para ser elegido líder, porque quien hace de profeta suele termina mal ante los poderes socio-culturales. A lo mejor una persona despistada nos oye y se para a pensar en ello. Si lo hace, será obra de Dios. Dios que nos utiliza como herramientas, siempre que seamos dóciles a su Voluntad. Esta la evangelización que tienen sentido hoy en día. Decir a los demás que todo y todos, tenemos sentido en Cristo.

En Getsemaní, Cristo oró a su Padre diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". De igual forma podemos orar esta Cuaresma. Nos toca vivir tiempos duros. Tiempos en que somos rechazados por nuestros propios hermanos de fe. Tempos en que la Iglesia vive más dentro de nosotros, que en las apariencias, shows, convenciones y espectáculos que tanto nos gusta producir. Vivamos la Cuaresma desde el templo del Espíritu que es nuestro corazón.


 
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