Jueves, 18 de julio de 2019

Religión en Libertad

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¿Lucha de la mujer, derechos de los gay? ¡Que no te la peguen! Ideología de género, que es otra cosa

por En cuerpo y alma

 
 
            Porque lo cierto es que ni el lobby gay ni el lobby feminista están luchando en este momento por el respeto, por la igualdad o por la dignidad ni de gays ni de mujeres, algo que viene refrendado por, al menos, dos evidencias incontestables.
 
            Primero, el hecho de que donde dicha equiparación ya está sobradamente conseguida (en occidente) se aferren a “la lucha", mientras que donde dicha equiparación tiene todo por hacer, (mundo árabe, Africa, países islámicos), hagan mutis por el foro.
 
            Segundo, el no menos significativo de que jamás les veamos enfrentados cuando son múltiples las ocasiones en las que dicho enfrentamiento, de ser auténtica su acta de representatividad, habría sido inevitable (pinche aquí si le interesa conocer un par de ellas bien evidentes).
 
            Tan cierto como que el único y verdadero objetivo de ambos lobbies no es otro que la implantación de una cosmovisión infame y perversa, la cada vez mejor identificada ideología de género, algo para lo que, eso sí, no repara en utilizar groseramente a mujeres y homosexuales.
 
            Gays y mujeres, pues, cautivos, rehenes, del Gran Lobby de la Ideología de Género, que, finalmente, -quitémonos la venda de una vez-, es el único que existe, aunque para la obtención de sus inconfesados objetivos, y como si de una versión moderna del mitológico Proteo se tratara, ande cambiando de forma continuamente y se valga de las máscaras y disfraces más diversos, -lobby gay, lobby feminista, y aún otros-, para la obtención de sus fines.
 
            Todo esto es tanto así que, a medio plazo, probablemente más corto que largo, la acción de los supuestos lobbies gay y feminista, -que de gay y de feminista, como digo, poco o nada tienen-, redundará en lo contrario de lo que dicen buscar, no generando otra cosa que el descrédito, el desprestigio y la desconfianza hacia los colectivos supuestamente representados.
 
            De hecho, son muchos las mujeres y los homosexuales -Dolce y Gabanna, Xabier Bongibault, Edurne Uriarte, Christina Hoff Sommers, Alicia Rubio, por poner sólo los ejemplos más notorios, a los que unir tantas mujeres y tantos gays en el anonimato- que se han rebelado ya contra sus supuestos representantes, y la respuesta de los lobbies en cuestión no sólo ha consistido en ignorarlos, lo que ya sería bastante revelador del interés que le merecen sus “representados”, sino lo que es aún peor, en atacarlos con una dureza inusitada, inesperable en quien se jacta tan aparatosamente de ostentar su representación.
 
            Doble falsificación por lo tanto: primera, la de abrogarse la representatividad de un entero colectivo cuando buena parte del mismo, si no la mayoría, ni se siente, ni de hecho está, representado; segunda, la de utilizarlo como carne de cañón para la consecución de un objetivo que nada tiene que ver con sus intereses, sino con otro bien diferente.
 
            Esta representatividad bastarda no es una táctica nueva en nuestra historia moderna. De hecho es tan vieja como recurrente. Es la utilizada por la izquierda marxista cuando se arrogaba –y se sigue arrogando- la representación de un proletariado al que no ha hecho sino sumir en la miseria y en la tristeza en los países en los que, en su nombre, consiguió imponer su tiranía implacable y sanguinaria; o en España, por los grupos nacionalistas cuando adoptan el nombre de “grupo vasco” o “grupo catalán” en congreso y senado, siendo así que son muchos (incluso más) los vascos y los catalanes que votan opciones diferentes a la ofrecida por ellos.
 
            Juegan con el miedo que produce desenmascararles. Un miedo del que no sólo no reniegan, sino del que se sienten orgullosos y que utilizan como verdadero instrumento estratégico. Y no sólo el que provocan en la sociedad en general, sino sobre todo, y aún más significativo, el que producen entre sus propios “representados”, amordazados para expresar la menor disidencia. El mismo miedo que hoy produce, fomenta y explota el Gran Lobby de la Ideología de Género, cuyas inconfesadas intenciones disfrazan de defensa de las mujeres o de los homosexuales. Algunos se lo creen, la mayoría no. Pero todos (o casi todos), prefieren callar.
 
            Y bien amigos, esto es todo por hoy. Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.
 
 
 
            ©L.A.
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