Lunes, 19 de agosto de 2019

Religión en Libertad

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¿Por qué el clero no debe apoyar la huelga feminista del 8 de marzo?

Con vistas al próximo jueves día 8 de marzo, grupos izquierdistas y promotores del feminazismo han convocado una huelga general en todo el país, sin un contraargumentario efectivo en la medida en la que todo el mainstream político está imbuido por el marxismo cultural.

No obstante, no voy a dedicar la entrada a la izquierda moderada, sino a expresar mi gran preocupación, como católico cultural, ante el hecho de que parte del clero español evidencie cierta deriva “progre”. Prueba de ello es el Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro.

El pasado viernes, dicha personalidad llegó a afirmar, en relación a la convocatoria huelguista en cuestión, que “hay que defender [los derechos de la mujer]. Lo haría también, lo hace también de hecho, la Santísima Virgen María”. Dicho de otra forma, atribuye a la Madre de Dios, el hecho de que también respaldaría esta movilización de las masas izquierdistas.

Sin duda, esto es una falacia que podríamos considerar ad hominem, ya que el marxismo cultural, fundamento intelectual que inspira a los organizadores de este paro, pretende erosionar los fundamentos cristianos que hemos heredado los occidentales, tratando así de imponer un sistema comunista.

Precisamente, el quid de la cuestión es que el feminismo de tercera ola, dados sus pilares intelectuales, tiene como objetivos de ataque la antropología cristiana y la libertad religiosa (laicismo y secularismo radical contra los cristianos), ignorando la dignidad humana y reivindicando un sistema con un absoluto grado de colectivismo.

Sin complementariedad entre hombre y mujer, no hay familia

En base a los postulados de la antropología cristiana, entendemos que Dios nos ha creado a imagen y semejanza, reconociendo la libertad del hombre y considera que tanto varones como hembras somos iguales, sin distinciones ante el Creador. De ello se deriva la isonomía.

Hablamos de una igualdad que no implica un mismo patrón físico y psíquico, sino de una igualdad en consideración y dignidad. Nada de ello es contradictorio con esa diferencia de roles entre hombre y mujer correspondiente a un modo específico de la Imago Dei, por mucho que pueda variar con el espacio y el tiempo.

De hecho, se considera que existe una complementariedad entre ambos sexos, que aparte de corresponderse con la obviedad de que existen diferencias psíquico-fisiológicas entre varones y hembras, evidencia que ambos son indispensables para la institución de la familia.

Pero es que instituciones naturales como la mencionada en el párrafo anterior quieren destruir los ideólogos de género. Aparte de querer fomentar el liberacionismo sexual, entienden que la familia es una unidad de resistencia frente al dirigismo estatal (subsidiariedad).

Libertad y dignidad humana son interdependientes

Varias son las coacciones que reivindican las masas feminazis. Tanto en materia económica como social y de conciencia, tratando de menospreciar en todo momento tanto a la Iglesia Católica como a la economía de libre mercado.

Buscan tanto a base de regulaciones como a costa de todos los contribuyentes promover la discriminación del hombre, favoreciendo a la mujer. Por ello recurren a la “brecha salarial” y “de género”, que es un mito, nadie cobra una cantidad diferente por hacer exactamente lo mismo que otros. Aparte de ser iguales ante la ley, nadie menosprecia ningún mérito de las mujeres.

Luego, al reivindicar que se impida la oferta curricular de enseñanzas religiosas libremente y pretender sancionar a quienes no secunden este coercitivo tinglado ideológico, se atenta contra la libertad de conciencia, aparte de atacar la de expresión.

Ahora bien, la dignidad humana no solo es denigrada cuando se atropellan libertades civiles y derechos fundamentales como la isonomía y la presunción de inocencia, sino al apostar por la cosificación del ser humano no nacido al defender esa práctica homicida llamada “aborto”.

Una vez hecho un repaso sobre las principales pretensiones del feminazismo, podemos afirmar que nos encontramos ante un proyecto para implantar un sistema colectivista y nihilista, erosionando ciertas instituciones y valores determinantes al garantizar la libertad.

Y, para finalizar, cabe afirmar que la Iglesia Católica no debe respaldar de ninguna manera, ni directa ni indirectamente, un movimiento que desprecia las libertades y la dignidad humana, aparte de reivindicar cosas contrarias a una bien interpretada Doctrina Social de la Iglesia.
 
 
 
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