Martes, 19 de marzo de 2019

Religión en Libertad

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Compasión. Justicia. Misericordia.

por Canta y camina

Compasión
Hace un par de semanas, un día de diario, estaba en misa en la cola de la comunión y vi avanzar a un mendigo. Iba muy desastrado, sucio, desaliñado, con la ropa rota y mugrienta.

En cuestión de segundos-¡es curioso lo rápido que vienen las ideas a veces!- pensé un montón de cosas: ¡pobrecillo, qué pinta más horrible!; ¿qué le habrá pasado para llegar a esto?... Pero 2 ideas me hirieron como latigazos. Una fue ¿le dará el sacerdote la comunión? Y la otra más que una idea fue una imagen: vi a Cristo sonreírle y darle un fuerte abrazo.

Y antes de llegar al final de la fila para comulgar el mendigo dio media vuelta y se fue.
Me quedé hecha polvo. ¡Me dolía por dentro! Nada más verle se me llenaron los ojos de lágrimas porque me dio mucha pena su aspecto, ¡era un hombre joven!

Mientras volvía a mi banco pensaba: “¿Esto que siento es compasión? ¡Pues no me compensa porque estoy al borde del llanto!”

¿Qué es la compasión? ¿Qué es compadecerse de alguien? ¿”Padecer con” el dolor de ese alguien?
Según el Diccionario de la Real Academia Española: Del lat. tardío compassio, -ōnis.  1. f. Sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien.

Yo estaba sufriendo ante la vista de un mendigo desconocido a quien no había visto nunca antes y a quien seguramente no volvería a ver. No sabía nada de él, ni su historia, ni por qué se encontraba en ese estado, ni por qué se había metido en la iglesia ni por qué se había dado media vuelta. Pero ahí estaba yo pensando en él, acongojada, dolorida e impotente. ¿Por qué?

En vez de dar gracias por haber comulgado le pregunté al Señor :”¿esto que siento es compasión? ¿Es lo que tú sientes por los hombres y por eso curabas a los enfermos? ¿Por eso te hiciste uno de nosotros? ¿Por eso nos redimiste?”

Y entonces empecé a sentir algo muy distinto por dentro. Ya no era dolor sino una calidez sanadora, una gratitud enorme y mucha paz. Porque comprendí que Dios no sólo se compadece del hombre sino que lo ama.  Dios no funciona como nosotros, ¡menos mal! Lo que a nosotros nos produce rechazo a Él le mueve a acercarse.

Es precisamente el que estemos necesitados lo que “provocó” la Encarnación y la Redención. ¡Está claro! Si no se nos hubieran cerrado las puertas del Cielo no habríamos necesitado que Cristo nos las abriera de nuevo.
Pero esto no lo digo yo, que soy el último mono de la cristiandad, ¡lo dice el mismo Cristo!: “NO TIENEN NECESIDAD DE MÉDICO LOS SANOS, SINO LOS ENFERMOS” (Mt. 9,12).

No sé cómo hubiera sido la historia de la Humanidad sin Adán y Eva y el pecado original; no sé si sucedió tal cual aparece en la Biblia o si el hagiógrafo empleó un lenguaje simbólico. Lo que sí sé es que Dios no es tonto ni hace las cosas sin pensar.

Si en el año 0 Dios envió a su Hijo al mundo fue porque nos vio realmente muy necesitados, de compasión y de todo.
Cristo es un revolucionario, ¡lo revolucionó todo!:
  • El tiempo se dividió en aC y dC;
  • Dios Omnipotente pasó desapercibido durante 30 años en una aldea perdida;
  • Se acercaba a los desechos de la sociedad para hacerles favores;
  • Trataba a las mujeres como a personas con dignidad propia y derechos…
¿Por qué? Porque sentía COMPASIÓN.
 
Justicia
En el colegio siempre me daban la misma definición de justicia: “dar a cada uno lo suyo”.
Y según el Diccionario de la RAE: Del lat. iustitia.
1. f. Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
2. f. Derecho, razón, equidad.
3. f. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene.
4. f. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Pido justicia.
5. f. Pena o castigo público.
6. f. Poder judicial.
 
Y sigue habiendo acepciones pero la lista hasta aquí ya nos ha servido.

Dar a cada uno lo suyo. Al que hace el bien un premio y al que el mal un castigo.  Es una definición elemental de justicia.

Pero no es así como Dios aplica justicia. O nosotros no le entendemos, más bien.  ¿Cuántas veces hemos levantado los ojos al Cielo diciéndole a Dios “¡no es justo!”?. Bueno, pues eso es “justo” lo que nos convenía en ese momento, lo entendamos o no. Porque Dios es Dios y sabe más. Porque Dios es Padre y nos ama con locura.
 
Los que sois padres pensadlo: ¿cuántas veces vuestros hijos o han dicho enfadados “¡eso no es justo!”? Seguramente porque les habéis negado algo que les gustaba. ¿Y por qué lo hicísteis, si sabíais que no les iba a gustar? Pues porque sois sus padres, sabéis más y los queréis con locura.
No es fácil ser justo.
 
Misericordia
Vuelvo a consultar mi querido Diccionario de la RAE:
Del lat. misericordia.
1. f. Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos.
2. f. Pieza en los asientos de los coros de las iglesias para descansar disimuladamente, medio sentado sobre ella, cuando se debe estar en pie.
3. f. Puñal con que solían ir armados los caballeros de la Edad Media para dar el golpe de gracia al enemigo.
4. f. Rel. Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.
5. f. p. us. Porción pequeña de alguna cosa, como la que suele darse de caridad o limosna.

La acepción nº 2 me parece buenísima, la nº 5 no me gusta nada porque no todo el que da limosna lo hace de forma rácana. Y la 2 me encanra. Pero volvamos a lo nuestro.

Si ya es difícil entender que Dios es compasivo y justo, lo de la misericordia no hay por dónde cogerlo. Porque la misericordia va mucho más lejos que la compasión y la justicia, es rizar el rizo. Es una prerrogativa divina.
Por eso creo sinceramente que quien es capaz de tratar a otro con misericordia tiene el corazón muy parecido al de Dios.

Y ¿quién necesita misericordia? En mi humilde opinión: quien se ha pasao mucho de la raya.

Piensa en alguien que te haya hecho daño, una buena faena. ¿Qué es lo que te sale? Decirle de tomo menos bonito, ¿a que sí? Y devolvérsela: ¡justicia, darle a cada uno lo suyo! Esa es la idea humana de justicia. Esa es también la Ley del Talión, la misma a le que Jesús le dio la vuelta con el mandamiento del amor.

Bien, piensa en esa persona. ¿La perdonaste? ¿Seguiste tratándola después de que te hiciera daño? ¿Y cómo la tratabas? Si pasaste de ella y no le volviste a hablar nadie se habrá extrañado, sería lo normal.  Si la perdonaste pero mantuviste las distancias ya sería de llamar la atención.  Pero si la perdonaste y seguiste tratándola y además te portaste bien con ella… ¡sería para nota!

Pues esa actitud se acerca bastante a la misericordia. Porque la misericordia comprende la compasión y la supera, comprende la justicia y la supera, comprende el perdón y lo supera.

Los seres humanos somos capaces de los más terribles horrores, pero también de los más grandes actos de amor, perdón y misericordia, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios.

No es “natural” sentir y tratar a otros con misericordia, es SOBRENATURAL.
 
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