Domingo, 15 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

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Gente tóxica... en la Iglesia

por Estamos en Sus Manos

¡Hola amiguitos! Hace mucho que no escribo un blog sin colaros un vídeo. Espero que no os moleste. Estaba esta mañana rezando el Oficio de Lectura (una oración de la Iglesia) y me he encontrado un texto de esos que casi nunca se leen ni en misa ni nada. Se trata de la carta de Judas (el malo no, el otro). San Judas Tadeo, por el contenido de su carta, seguramente sea el primer hater de la historia (de esos que meten caña por las redes sociales). En su tiempo no había internet, así que lo hizo por carta. Y la verdad es que me encanta. Quizá porque yo también soy un poco como él. Os dejo el texto.

 

“Se han infiltrado ciertos individuos que incurren en la condenación anunciada antiguamente por la Escritura, impíos que han convertido en libertinaje la gracia de nuestro Dios y rechazan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo. Sus desvaríos los llevan a contaminar la carne, a rechazar todo señorío, a maldecir a seres gloriosos. Son éstos los que en vuestras comidas fraternas -qué vergüenza- banquetean sin recato, echándose pienso. Nubes sin lluvia que se llevan los vientos; árboles que en otoño no dan fruto y que, arrancados de cuajo, mueren por segunda vez; olas encrespadas del mar, coronadas por la espuma de sus propias desvergüenzas; estrellas fugaces a quienes está reservada la lobreguez de las eternas tinieblas. Vosotros, queridos hermanos, acordaos de lo que predijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos os decían que en el tiempo final habrá quienes se rían de todo y procedan como les dictan sus deseos impíos. Son éstos los que se constituyen en casta, siendo hombres de instintos y sin espíritu. Vosotros, en cambio, queridos hermanos, idos asentando sobre el cimiento de vuestra santa fe, orad movidos por el Espíritu Santo y manteneos así en el amor de Dios, aguardando, a que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os dé la vida eterna. ¿Titubean algunos? Tened compasión de ellos; a unos, salvadlos, arrancándolos del fuego; a otros, mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por la carne”.

 

Uf… ¿qué os cuento? San Judas se refiere a los infiltrados, a aquellos que, estando en nuestras filas (en la Iglesia), van a su bola. Libertinaje, desvaríos, rechazo de todo señorío, maldecir a seres gloriosos, sin recato, se ríen de todo, proceden como les dictan sus deseos impíos, hombres de instintos y sin espíritu… Ante ellos nos dice san Judas que, se tenga compasión de los que titubean (o sea, los que tienen remedio), pero con cautela. ¿No sería una buena definición de gente tóxica…?

 

Lo digo porque hace poco en unos de mis vídeos alguien decía que no se imaginaba a la Biblia hablando de gente tóxica. Uf… ¿Qué os digo? No podemos juzgar a nadie, pero sí que estamos llamados a discernir los actos de los demás, y podemos ver que no son conforme a la voluntad de Dios, al sentir de la Iglesia. ¿Hay gente así en la Iglesia? ¿Gente que critica la doctrina sana? ¿Gente que se mete con los sacerdotes, incluso los mismos sacerdotes? ¿Gente que abandona la tradición de la Iglesia? ¿Gente que con la excusa de la misericordia hace y acepta cualquier cosa, como los actos homosexuales o el aborto? ¿Gente que diluye la doctrina por una mal entendida compasión? ¿Gente que se ríe de todo lo religioso y lo ridiculiza? ¿Gente tóxica?

 

Estamos en un tiempo muy difícil. Mucho. A veces hay quienes se pasan por un lado, a veces hay quienes se pasan por el otro. ¡Y cuánto desconcierto generan en el pueblo de Dios, sobre todo cuando son pastores! En una ocasión un joven me planteó una cuestión moral, y yo le di mi respuesta. Él me dijo que lo había consultado con otro sacerdote y que le había dicho otra cosa diferente, y que entonces a quién debía creer. Yo le respondí: “Lee el Catecismo de la Iglesia Católica. No sólo te enseñará la respuesta a tu duda moral; también te dirá de qué cura te puedes fiar”. Uf…

 

Si no quieres despistarte en medio de esta confusión, quédate pegado a la Iglesia, la de verdad, la que mantiene la verdad de Cristo a través de los siglos, la que no cambia la doctrina por las modas, la que aguanta la persecución y la burla incluso de sus propios miembros, la que guarda intacto el depósito de la fe, la que es fiel a la Escritura, al Catecismo, al Magisterio de la Iglesia, la que se adapta a los nuevos tiempos pero no cambia el mensaje de Cristo, la que no busca el aplauso fácil y la aceptación del mundo, la que no mezcla la ideología con la fe, la que no recorta páginas de la Biblia.

 

¿Cuál es mi intención al escribir este blog? No lo sé. Quizá dar algo de luz en medio de tanta confusión. No todo vale. Cuando juré fidelidad al Magisterio constante de la Iglesia antes de ordenarme, me comprometí a ser una luz que señalase el norte a todos. Un norte que muchas veces yo no sigo, pero que no me cansaré de señalar. Una luz que molesta a los ojos de los que prefieren no ver, que corre el riesgo de ser sofocada por una censura mal entendida, una luz que es llamada “progre” por los “carcas” y “carca” por los “progres”. Uf… Es difícil arder.

 

Pero ¿sabéis qué? Que el fuego de los incendios se aviva con el viento. Y no os puedo negar que a mí me pasa lo mismo. Cuando alguien sopla para intentar apagar ese fuego, sea Satanás, sean los haters, sea quien está comprometido con lo políticamente correcto, ese fuego se aviva. Vamos, que me va la marcha. Tengo la conciencia tranquila, y trato de verificar mi camino cada día ante el Señor y su Iglesia, mi esposa. Y todo me indica que siga adelante. Uf, uf, uf. Cuanto más soplen, más fuerza va a coger ese fuego. Quizá porque no se trata de cualquier fuego, sino de aquél que cayó en Pentecostés… no lo sé, pero en cualquier caso está claro que el fuego acrisola la realidad. Aléjate de la gente tóxica, siente compasión hacia ellos, pero con cautela, como dice san Judas, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por la carne. Pégate a quien está pegado a la verdad de la Iglesia. Y, sobre todo, sobre todo, ama; aunque el amor suponga sufrir en silencio muchas cosas o defender lo que Dios quiere que defendamos quedándote solo ante el mundo. Si soplan los vientos es buena señal, en general.

 

Permitidme repetir las palabras finales de la carta de san Judas: “Vosotros, en cambio, queridos hermanos, idos asentando sobre el cimiento de vuestra santa fe, orad movidos por el Espíritu Santo y manteneos así en el amor de Dios, aguardando, a que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os dé la vida eterna”.

 

¡Ánimo y adelante!

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