Miércoles, 26 de junio de 2019

Religión en Libertad

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Por Cristo, con Él y en Él (Meditación teológica - y III)

Por Cristo, con Él y en Él,
a ti Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria,
por los siglos de los siglos. AMÉN.
 
Tercer término de la doxología: "En Él".
 
En Él vivimos, nos movemos y existimos.
 
En Él hemos sido redimidos.
 
 
En Él somos llevados al seno de la Trinidad.
 
En Él se nos ha toda gracia, amor y amistad.
 
En Él somos agraciados para participar de la vida divina.
 
"En él".
 
"En primer lugar todo ha sido hecho por él, luego todo ha sido también rehecho con él y en fin en él se han consumado todas las cosas. Es decir que en él se han consumado ya todo en la proporción en que en él se realizó plenamente el sentido de toda la creación. en él, a través de la humanidad que él se ha incorporado, es Dios perfectamente glorificado; todas las cosas han vuelto a su origen, el designio del amor trinitario es perfectamente consumado. De la misma manera que, desde el punto de vista de la eternidad, se han realizado en la Trinidad todas las cosas, como nosotros considerábamos, en su perfecta suficiencia sin que quede nada por añadirles, de ese mismo modo se puede afirmar por igual que desde el punto de vista del tiempo, se da en la humanidad de Cristo una suficiencia igualmente completa, es decir, nada se añadirá a lo que se ha consumado en Jesucristo.
 
Por ello podemos descansar totalmente en él. No es pues necesario salir de Cristo, porque Cristo contiene la totalidad de los espacios, de los espacios visibles y de los invisibles. Coincide en cierto modo con la realidad misma del ser creado en su totalidad. Y sustraerse a Cristo es al mismo tiempo sustraerse a lo real. No consiste en andar más allá de Cristo, antes por el contrario en cerrarse a la vida. Cristo agota en sí todas las posibilidades. Nada queda más allá de él ni en el espacio, ni en el tiempo. Él contiene todas las cosas, las del cielo y las de la tierra. Como dice la epístola a los colosenses: "En él quiso el Padre que habitase toda la plenitud" (1,19). Recopila pues en sí todas las cosas. Por ello ha sido constituido como centro y corazón de la creación entera. Sumo sacerdote eterno, pasa por él toda la creación para encaminarse hacia el Padre. En él mismo, arrastrado por el movimiento eterno que le hace dirigirse totalmente al Padre, acarrea de algún modo todas las cosas con él como un cortejo triunfal, toda esa creación que él no había hecho sino para el Padre y que él quiere restituirle cuando se ha extraviado lejos de él. En este sentido hay que interpretar la frase de la primera epístola a los corintios, 15,26: "Mas cuando dice que todo lo está sometido, claro es que se exceptúa el que lo sometió todo; pues, cuando todo le está sometido, entonces también el Hijo se someterá a quien todo lo sometió, para que sea Dios todo en todas las cosas".
 
Cuando el Verbo de Dios haya subyugado de nuevo todas las cosas, haya reconstruido su soberanía sobre todas las cosas, entonces ofrecerá al Padre esa creación, toda entera que él ha sometido. Está perfectamente claro que la idea de que el Hijo mismo se someterá "a aquel a quien todo le ha sometido" no entraña inferioridad alguna del Verbo con respecto al Padre, pues Cristo en su naturaleza divina es perfectamente igual al Padre, sino que expresa esa necesidad del Hijo de referirlo todo al Padre en esa eterna, total e íntima sumisión que es la suya, pero sumisión en perfecta igualdad, que expresa simplemente relación de origen.
 
Subrayaremos además que el texto de la epístola a los hebreos que hemos citado: "Yo vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad", prosigue así: "él, por el contrario, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, se sentó para siempre a la derecha, esperando desde entonces que sus enemigos sean colocados como escabel de sus pies". Ahora bien, el texto de la primera epístola a los corintios 15,25, comenzaba así: "Pues es necesario que él reine hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies... mas cuando dice que todo le está sometido, claro es que se exceptúa...". Por lo tanto ambos textos están construidos sobre el salmo 110: "Palabra de Yavé a mi Señor: siéntate a mi diestra; hasta que haga a tus enemigos estrado de tus pies". Es cierto que san Pablo comprendía como "estrado de sus pies" la sumisión total al fin de los tiempos de toda la creación al Verbo encarnado, como la restauración de la soberanía del Verbo sobre la totalidad de la creación. He aquí uno de los casos muy interesantes donde vemos un salmo del Antiguo Testamento interpretado por san Pablo en sentido cristológico.
 
Esa total restauración de la consagración a Dios, que se verificó de una manera absolutamente completa en la humanidad de Cristo, de suerte que la humanidad de Cristo agota todas sus posibilidades, viene a reabsorber todo el resto de la creación, puesto que ella no se consuma en la humanidad personal de Cristo sino para hacer de esa humanidad aquello en lo que todo lo restante será igualmente consagrado. Y ese desenvolvimiento, ese alargamiento de la creación entera de esa soberanía de Dios, que el Verbo restablece en su propia humanidad, representa la totalidad del designio de la Iglesia hasta que "todos sus enemigos sean colocados bajo sus pies", esto es, hasta que la totalidad de la creación sea de algún modo constituida en la prolongación de la humanidad del Verbo que se convierte como en su centro. En ese sentido serán también todas las cosas nuevamente insertadas en la humanidad de Cristo y por tanto vivificadas; en ese momento el designio de Dios será definitivamente realizado"
 
(DANIELOU, J., La Trinidad y el misterio de la existencia, Madrid 1969, pp. 96-101).
 
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