Lunes, 17 de junio de 2019

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Los santos de la caridad social (Palabras sobre la santidad - XXVI)

Un amor tan grande como el de Cristo nunca se queda limitado a la persona que lo recibe, sino que transforma a la persona y al transformarla la convierte en un difusor de ese amor recibido. El amor -el bien- es difusivo de sí, se extiende, se da, se comunica.
Los santos vivieron ese amor grande, amor de Cristo, y en lugar de convertirlo en una vivencia subjetiva y sentimental, ese mismo amor fue motor de obras grandes, de acciones misericordiosas, para que los demás fuesen igualmente amados por Cristo. Obraron el bien, atendieron a las necesidades y sufrimientos del otro. 
 
Esto es lo que se podría definir como caridad social: el amor al otro que transforma, y cómo, la sociedad. Ni las palabras, los discursos, las ideologías, los programas de partidos políticos, ni las revoluciones, cosas tantas veces aparentes, sino un amor nuevo, el de Cristo vivido y compartido, cambia el mundo con opciones verdaderas, radicales, de bien para el prójimo. Recordemos algunos grandes santos de la caridad social, cuya acción cambió la sociedad de su época:
 
 
"Figuras de santos como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, José B. Cottolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta -por citar sólo algunso nombres-  siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad" (Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, 40).
 
Todo santo deja en torno a sí y detrás de sí, una estela de bien. Todo santo, según su propia vocación y carisma, difunde la caridad sobrenatural. Pero más que mirar las acciones exteriores, admirables en tantos casos, veamos el origen de ese bien social, y en los santos no es otro sino Dios.
 
"El espectáculo del hombre que sufre toca nuestro corazón. Pero el compromiso caritativo tiene un sentido que va mucho m´s allá de la mera filantropía. Dios mismo nos empuja en nuestro interior a aliviar la miseria. De este modo, en definitiva, le llevamos a Él mismo al mundo. Cuanto más le llevemos consciente y claramente como don, más eficazmente cambiará nuestro amor el mundo y despertará la esperanza, una esperanza que va más allá de la muerte" (Benedicto XVI, Aloc. al presentar la encíclica "Deus caritas est", 23-enero-2006).
 
Estos santos de la caridad social obraron así superando el voluntarismo y la filantropía: Dios era su motor e impulso, Dios era su amor. Esta caridad impulsaba a obrar el bien, a crear realidades nuevas cuando fuera necesario, a atender el dolor y el sufrimiento del otro. Algunos, de forma especialísima, fueron una plasmación del rostro misericordioso de Dios para los hombres.
 
"Los ejemplos de los santos y las numerosas experiencias misioneras que caracterizan la historia de la Iglesia son indicaciones valiosas para sostener del mejor modo posible el desarrollo. Hoy, en el contexto de la interdependencia global, se puede constatar que ningún proyecto económico, social o político puede sustituir el don de uno mismo a los demás en el que se expresa la caridad. Quien actúa según esta lógica evangélica vive la fe como amistad con el Dios encarnado y, como Él, se preocupa por las necesidades materiales y espirituales del prójimo. Lo mira como un misterio inconmensurable, digno de infinito cuidado y atención. Sabe que quien no da a Dios, da demasiado poco; como decía a menudo la beata Teresa de Calcuta: «la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo». Por esto es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo: sin esta perspectiva, no se construye una civilización sobre bases sólidas.
 
Gracias a hombres y mujeres obedientes al Espíritu Santo, han surgido en la Iglesia muchas obras de caridad, dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas. Son iniciativas que han demostrado, mucho antes que otras actuaciones de la sociedad civil, la sincera preocupación hacia el hombre por parte de personas movidas por el mensaje evangélico" (Benedicto XVI, Mensaje para la Cuaresma 2006, 29-septiembre-2005).
 
La Iglesia en sus santos obra la caridad y el bien. Sus obras son un referente y un testimonio vivo del amor de Dios a los hombres.
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