Sábado, 31 de octubre de 2020

Religión en Libertad

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El 8 de abril de 2005 se celebro el funeral y entierro de San Juan Pablo II

¡Santo Subito, Santo Subito!, hace 15 años

por Victor in vínculis

Después de la muerte de san Juan Pablo II el 2 de abril de 2005, la Ciudad del Vaticano vivió una jornada histórica. Hoy se cumplen quince años, se trata del entierro más multitudinario de un papa, y a él acudieron personalidades de todos los países, todas las culturas y todas las religiones. Los miles de fieles que congregaron en las calles de Roma pidieron con sus aclamaciones la canonización del fallecido pontífice.

El funeral de Juan Pablo II comenzó a las 10:00 de la mañana. Cuando los sediarios sacaron a hombros el féretro del Pontífice de la Basílica de San Pedro, los peregrinos respondieron con aplausos. Se calcula que en la Plaza de San Pedro y vías adyacentes había unas 300.000 personas. Alrededor de un millón y medio de peregrinos, de muchas partes del mundo, llegaron a Roma. Se colocaron pantallas gigantes en distintos puntos de la ciudad para que los visitantes que no pudieron acceder a la plaza siguieran la ceremonia.

Yo, lo recordaré siempre, me fui a casa de unos amigos y solo, en silencio, asistí a un momento único de la historia reciente: era y fue nuestro Papa... somos de esa generación.

SANTO SÚBITO

Juan Manuel de Prada por su artículo publicado al día siguiente en ABC, titulado Navegando la noche, ganó el premio Mariano de Cavia de ese 2005. Allí escribe:

«Es el grito más repetido en las dos horas largas que dura la ceremonia: al principio restalla como un disparo seco, proferido por francotiradores dispersos que aprovechan las pausas que el cardenal Ratzinger introduce en su homilía; pero antes de la bendición final, el grito se hace salmodia, se hace letanía, se hace marea insistente: ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! Las columnatas que flanquean en semicírculo la Plaza de San Pedro actúan como frontón de ese grito que junta en un mismo haz cientos de miles de gargantas; sobre el ataúd que encierra el cadáver del Papa, el viento remueve las hojas del Evangelio, buscando alguna cita que legitime esta petición unánime. El viento es un teólogo urgente que agiliza las causas de canonización, un hábil relator que traspapela trámites engorrosos y superfluos. «¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!», corea la multitud; el eco de esa palabra rebota sobre la fachada de la basílica, hace ondear el cortinón de terciopelo grana que desciende desde el dintel de la Puerta Filarete, parece incluso que impulsa el tañido de las campanas. ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo!».

Después de su muerte, sus sucesores en el pontificado, Benedicto XVI, se han referido a Juan Pablo II como Juan Pablo Magno. Por su parte, el último libro recoge del Papa Francisco es sobre el Papa Wojtyla, y se titula San Juan Pablo Magno. El volumen es fruto de las conversaciones que Francisco mantuvo con el sacerdote Luigi Maria Epicoco entre junio de 2019 y enero de 2020.

​Benedicto XVI lo beatificó el 1 de mayo de 2011 y el papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, ambos domingos de la Divina Misericordia.

SAN JUAN PABLO II, RUEGA POR NOSOTROS

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