Viernes, 28 de enero de 2022

Religión en Libertad

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Meditaciones de Semana Santa con San José María Escrivá

por Convertidos Católicos

 


Aunque la finalidad del blog es mayormente sobre Apologética y Sectarismo, creo que también es conveniente de vez en cuando tocar temas de espiritualidad. Estamos en fechas muy importantes para los cristianos ya que celebraremos dentro de unos días la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, el acontecimiento central de la fe cristiana. Es por ello, que esta semana lo dedicaré a dar unos consejos y meditaciones sobre la Semana Santa, conforme a las enseñanzas de San José María Escrivá, fundador del Opus Dei, del cual estamos recibiendo formación espiritual a través de retiros y sus preciados libros de Espiritualidad.
 
¿Cómo podemos vivir estos días de una manera más espiritual y cercana al Señor?
 
Para muchas personas estos días se convierten en días de vacaciones, de descanso , viajes, ocio, etc. Sin embargo para el auténtico cristiano son días en los que debe reflexionar sobre los misterios de la Muerte y Resurrección de Cristo. Por tal motivo, se debe orar, hacer ayuno, sacrificio y mortificarse para acompañar a Cristo y así sentirse más cerca de Él.
 
En primer lugar debemos acudir a las celebraciones de estos días: Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo, la Hora Santa, Domingo de Resurrección y confesión para vivirlos en gracia.
 
En segundo Lugar, debemos rezar el Rosario con asiduidad, para así unirnos más y mejor a la Virgen María y acompañarla en estos momentos de dolor. San José María enseñaba que el Santo Rosario es una “Bendita monotonía de Ave Marías”:
 
Virgen Inmaculada, bien sé que soy un pobre miserable, que no hago más que aumentar todos los días el número de mis pecados...” Me has dicho que así hablabas con Nuestra Madre, el otro día.

Y te aconsejé, seguro, que rezaras el Santo Rosario: ¡bendita monotonía de avemarías que purifica la monotonía de tus pecados!

( Surco 475)
 
Es tiempo de purificarnos por nuestros pecados, para alcanzar y lograr la santidad tan deseada, de esta forma nos identificaremos más con el Señor, a través del rezo del Santo Rosario podemos conseguirlo.
 
En tercer lugar, debemos visitar el Santísimo Sacramento del Altar pues no hay mayor paz ni mayor gloria en la Tierra después de la Santa Misa que el Santísimo. En este lugar, esta Cristo escondido, en el pan y en el vino pues Él lo dijo claramente: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo “ Mateo 28,20, y en otro lugar: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre;” Juan 6,5. Nuestro Señor, se quedó todos los días con nosotros en el Pan, y si comemos de ese Pan viviremos para siempre. En el santísimo sacramento podemos encontrarlo, por eso busca un hueco en la semana para reunirte con él y cuéntale tus problemas, tus penas, tu dolor, rézale en el silencio, pues es tiempo de silencio y de meditación. San Jose María nos enseña también sobre las visitas frecuentes al Santísimo:
 
Que no falten en nuestra jornada unos momentos dedicados especialmente a frecuentar a Dios, elevando hacia El nuestro pensamiento, sin que las palabras tengan necesidad de asomarse a los labios, porque cantan en el corazón. Dediquemos a esta norma de piedad un tiempo suficiente; a hora fija, si es posible. Al lado del Sagrario, acompañando al que se quedó por Amor. Y si no hubiese más remedio, en cualquier parte, porque nuestro Dios está de modo inefable en nuestra alma en gracia. Te aconsejo, sin embargo, que vayas al oratorio siempre que puedas: y pongo empeño en no llamarlo capilla, para que resalte de modo más claro que no es un sitio para estar, con empaque de oficial ceremonia, sino para levantar la mente en recogimiento e intimidad al cielo, con el convencimiento de que Jesucristo nos ve, nos oye, nos espera y nos preside desde el Tabernáculo, donde está realmente presente escondido en las especies sacramentales.
(Amigos de Dios 249).
 
Mortificación y Ayuno
 
Es tiempo de hacer pequeñas mortificaciones, ayunos, y sacrificios por el Señor. Recordemos que las Santas Escrituras nos llaman a hacer estas mortificaciones: “Los que son de Cristo han crucificado su carne con sus vicios y concupiscenciasGalátas 5, 24, “Mortificad lo terrenal en vosotros:  fornicación, impurezas, pasiones desordenadas, malos deseos, avariciaCol 3,5 “los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa1 Cor 7,31.  También sobre esto nos enseña San Jose Maria:
 
Para santificarse, el cristiano corriente —que no es un religioso, que no se aparta del mundo, porque el mundo es el lugar de su encuentro con Cristo— no necesita hábito externo, ni signos distintivos. Sus signos son internos: la presencia de Dios constante y el espíritu de mortificación. En realidad, una sola cosa, porque la mortificación no es más que la oración de los sentidos.
(Es Cristo que pasa 9)
 
San José María nos enseña que como laicos no vivimos apartados del mundo, sino en el mundo  y ahí nos encontramos con el Señor, y por eso, es ahí donde debemos buscar la santificación y para ello habla de una presencia constante de Dios ( misa, confesión, santísimo, oración ) y un espíritu de mortificación.
 
La mortificación es la sal de nuestra vida. Y la mejor mortificación es la que combate —en pequeños detalles, durante todo el día—, la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida. Mortificaciones que no mortifiquen a los demás, que nos vuelvan más delicados, más comprensivos, más abiertos a todos.
(Es Cristo que pasa 9)
 
Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes... Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior.
(Camino 173)
 
Pero también es tiempo de ayuno y abstinencia. La Iglesia establece que el Viernes Santo debemos ayunar (Canon 1251 CDC). La abstinencia consiste en no comer carne, y el ayuno en hacer una sola comida fuerte al día. Esta es una práctica que la Iglesia enseña desde los primeros años de la Iglesia, ya incluso en las sagradas Escrituras podemos encontrar esto: Joel 2,12, Mateo 6,16-18, Isaías 58, 5-8. La propia Biblia nos habla de cómo Moisés, Elías, Judit, Ester, Juan el Bautista, e incluso Jesús ayunaron por ello nosotros debemos seguir el ejemplo de estos santos hombres de Dios.
 
San Jose María, nos enseña que el ayuno es grato a los ojos de Dios, y que debemos de practicarlo:
 
El ayuno riguroso es penitencia gratísima a Dios. —Pero, entre unos y otros, hemos abierto la mano. No importa —al contrario— que tú, con la aprobación de tu Director, lo practiques frecuentemente.
(Camino 231)
 
No olvidar meditar
 
Finalmente es tiempo de meditar los misterios cristianos, sobre todo los de la muerte y Resurrección de Cristo y estos misterios no se pueden meditar sino nos ponemos la tarea de leer los evangelios, y en general las Escrituras. Es deber de todo cristiano dedicarle tiempo a la lectura de la Biblia pues esta es desde luego la tarea pendiente, y por la cual muchos se alejan de la Iglesia. Aprovechemos este tiempo de Semana Santa para conocer más y mejor las Escrituras, y estudiarlas en profundidad. Hagamos como dice San Jose Maria:
           
Esos minutos diarios de lectura del Nuevo Testamento, que te aconsejé —metiéndote y participando en el contenido de cada escena, como un protagonista más—, son para que encarnes, para que “cumplas” el Evangelio en tu vida..., y para “hacerlo cumplir”. ( Surco 672)
 
San José María nos llama a meditar el evangelio, metiéndonos en las escenas, creyéndonos un protagonista más, imagínate en la última cena  del Señor, estas sentado a la mesa con los doce, ¿Qué le dirías? ¿Cómo actuarías? O en el Getsemaní, ¿ Te habrías quedado dormido como hizo San Pedro? Incluso en el Calvario al pie de la Cruz, al lado de tu Madre, sitúate ahí cerca de la Inmaculada, ¿cómo sería tu actitud? ¿Qué pensarías? ¿Qué le dirías a Cristo? ¿Te identificas con el apóstol amado?
 
Todo eso es contemplar las Escrituras, siendo parte de los protagonistas, es revivir las escenas bíblicas en tu corazón, eso es tiempo de hacerlo en estos días para que podamos vivir más santamente estas fechas.
 
Espero estos consejos bíblicos así como las meditaciones de San José María os ayuden a vivir mejor esta Semana Santa pues es un tiempo especial para recordar lo mucho que hizo Cristo por nosotros.
 
Dios les bendiga
                            Jesús Urones 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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