Miércoles, 30 de septiembre de 2020

Religión en Libertad

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Regina García, del PSOE a la Iglesia (y 6)

por Victor in vínculis

Dolorida, asqueada, con sabor de fango en la boca, de fango y de sangre que era mi propia sangre, me di de baja en el Partido Socialista. La tragedia de mi madre me había conmovido hasta lo más hondo, y sobre lo que yo reprobaba los métodos violentos y los procedimientos poco limpios, aquella brutal masacre de mi madre acabó de horrorizarme. Vi la sima en la que todos los españoles íbamos a caer, como víctimas o como victimarios, y no quise hacerme solidaria del desastre.

Cuando ya mi madre estuvo en su casa y en ánimo de escucharme, le abrí mi corazón, pleno de amargura y desengaño, y ella me contestó:

-Todo mi martirio lo ofrecí por ti; para que Dios envíe su gracia y te conviertas. Porque tú eres buena, pero estás ciega.

Yo sonreí con mi “superioridad” de “mujer fuerte”, sobre aquella para mí entonces ingenua fe de mi madre. La admiraba por su amor a Dios que sólo enviaba a sus elegidos penas y tormentos, que ellos recibían como lo que hoy comprendo que son: regalos dilectísimos, ya que a cambio de ellos les da una purificación suprema, que les hará avanzar hasta limites excelsos de perfección, que les hagan merecedores de la suprema felicidad, sin sombra de mal alguno.

Más yo estaba entonces muy lejos de este conocimiento; el momento de la gracia no había llegado a mi alma, y por eso sonreí escéptica, ante la sublime oblación que mi madre hizo entonces por mí.

[…]

El asesinato de Calvo Sotelo [sobre estas líneas] me pareció de tal monstruosidad que, aun dada de baja en el Partido Socialista, acudí a decir unas cuantas verdades a mis antiguos jefes políticos. Quise hablar con Largo Caballero, y W. Carrillo me indicó que a aquella hora podía encontrarlo en la central de la U.G.T., en la calle de Fuencarral, donde estaba la sede sindical en un viejo caserón de la plazoleta en que desemboca la Corredera.

Allí me dirigí y fui recibida apenas García Atadell le pasó recado de mi deseo de hablarle. Me preguntó los motivos de mi baja en el Partido Socialista, a pesar de habérselos expuesto en extensa carta. Sin duda, no le parecían verosímiles.

-Pues, no hay otros, le dije. No puedo tolerar esa contradicción entre la doctrina y la acción. Preconizamos la libertad de pensamiento, y se persigue de muerte al que no piensa como nosotros; libertad de Prensa, decimos, y la previa censura amordaza al periodista; libertad de reunión, y no se permite ninguna que no sea adicta al Gobierno. Sería más leal declararse en franca dictadura, pues, por lo menos, no se engañaría a nadie ni se haría traición a una idea sostenida como incontrovertible por tantas generaciones de luchadores.

Largo Caballero [ conocido como el Lenin español, sobre estas líneas] me dijo, poco más o menos, lo mismo que mi esposo: que eran medidas transitorias impuestas por las circunstancias; pero que, al triunfar del todo nuestra idea, se pondría en práctica nuestro magnífico programa político. ¡Como si fuera imprescindible imponerlo todo de una vez, rotundamente, y no implantar sus artículos según ordenasen esas mismas circunstancias, que nunca deberían servir de disculpa para traicionarlo!

-Pero aún hay más, continué. Blasonamos de humanitarios; el hombre del hombre es hermano, decimos en la Internacional, y usamos el asesinato y la masacre como arma política. Hace unos meses, mi madre fue bárbaramente atropellada por una horda en Cuatro Caminos, y ahora, Calvo Sotelo cae acribillado por las balas de unos asesinos incógnitos, y es llevado al cementerio, misteriosamente, en una camioneta de Asalto. ¿En qué país vivimos que el crimen cobra estado normal? Mi conciencia no puede transigir con estas atrocidades.

-Son cosas de su paisano de usted, el loco de Casares Quiroga, dijo Largo Caballero, con un deje de socarronería.

Yo sentí ofendido mi pundonor regional, y repliqué:

-También era paisano mío el muerto, Calvo Sotelo, que no asesinó a nadie.

-De hecho, no; pero con la intención… arguyó Largo Caballero. Y prosiguió:

-En fin, nosotros no lo hemos realizado; nos han quitado de en medio un enemigo peligroso, y no es cosa de querellarnos contra quien nos hace tal servicio. Hay que estar agradecidos a los de Asalto. Entre lo mucho malo que nos han hecho, ha caído esa buena pieza.

-Yo no puedo tomar a broma estas cosas, dije francamente molesta; son demasiado serías. Las ideas… La doctrina…

-No sea usted romántica, aconsejó paternal, mi ex jefe. Los tiempos son duros. Gorki ha sido superado por Lenin.

Salí de la U.G.T. con el alma sangrando. ¡Todo era una vil farsa! ¿Para eso había yo empleado los mejores años de mi vida en la propaganda doctrinal? Yo mismo me había envenenado de doctrina y ahora todo se veía a tierra, porque las bellas doctrinas y ahora todo se venía a tierra, porque las bellas doctrinas humanitarias eran utilizadas solamente para conquistar adictos y luego proceder de modo opuesto al preconizado, haciendo traición a los propios postulados.

Cuando, en mi casa, le conté a mi esposo la entrevista con Largo Caballero, él me escuchó sonriendo de modo nuevo para mí. Me dijo que estaba conforme con el presidente de la Ejecutiva del Partido Socialista, que había que dejar a un lado sentimentalismos burgueses y proceder con energía, según las circunstancias ordenasen.

Por primera vez discrepamos mi marido y yo. También él se había contagiado del ambiente de violencia.

 

Observaciones:

1.- Como dije en alguna de las entregas, el momento de impasse de la conversión de Regina García, creo yo que llega cuando, recuperada y en casa, su madre le mira a los ojos fijamente para decirle que reza por su conversión.

2.- El encuentro con Largo Caballero, que ella relata en su Yo he sido marxista evidencia el fracaso personal y el giro al que llegaría poco a poco, pero forzada por lo que estaba sucediendo.

3.- Como también recogí copiado de la web de la Fundación Pablo Iglesias, al reseñar la vida de Regina termina leyéndose: «Al finalizar la contienda fue detenida y condenada a doce años de reclusión en Consejo de Guerra celebrado en Madrid el 1 de mayo de 1940. Estuvo internada en la prisión de Ventas (Madrid) desde el 28 de mayo de 1939 hasta el 14 de diciembre de 1940 que fue indultada y liberada, desplegando desde entonces una intensa actividad propagandística oral y escrita a favor el franquismo. Falleció en Madrid en agosto de 1974».

4.- Todo lo que yo relato, interesado por el episodio de los caramelos envenenados, sucede antes de su “conversión al franquismo”. Lo he publicado por lo poco claro del episodio. Hemos rescatado algo que no se encuentra y que corrobora el relato de lo que pasó en Madrid el 4 de mayo de 1936:

https://www.religionenlibertad.com/blog/725286398/Si-te-suena-a-fakenews-lo-de-Regina-Garcia.html

Repito que creo que aquí es cuando Regina se cayó del caballo.

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