Sábado, 21 de septiembre de 2019

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¿Qué es la virtud del ocultamiento?

¿Qué es la virtud del ocultamiento?

por Duc in altum!

Cuando leemos la vida y obra de varios santos; sobre todo, tratándose de los que fueron místicos, aparece frecuentemente una virtud, llamada “del ocultamiento”. Hoy día, es un término poco usado, pero que vale la pena recuperar, no tanto en cuanto a la palabra, sino sobre su significado. Antes de empezar, hay que aclarar varias cosas para evitar malas interpretaciones. Por “ocultamiento”, no se refiere al periodo del “Oscurantismo” o a la falta de transparencia. Todo lo contrario. Significa evitar aparecer más de la cuenta, algo así como “robar cámara”. Trasladándolo al día a día, hay que reconocer el riesgo de caer en la tentación de los aplausos, de figurar, de ser vistos y admirados. Justo a eso se refiere. Obviamente, hay que dar la cara, siendo asertivos. Por ejemplo, un rector no puede excusarse de subir al pódium a pronunciar un discurso, pero debe saber reconocer que hay otras personas que lo ayudan en la gestión universitaria. Aquí está la verdadera diferencia entre ser un jefe y actuar como líder. El segundo sabe incluir, medir hasta dónde conviene aparecer para que los otros no queden marginados. Claro que, tristemente, en nombre del “ocultamiento”, aparecen muchas formas y/o actitudes relacionadas con la evasión de responsabilidades, pero entendiéndolo como lo hacían los santos, no tendremos ningún problema. Es decir, no se trata de delegar exageradamente, para quedarnos encerrados en una oficina, sino de lograr un punto medio entre figurar y absolutizar la propia imagen que sería el error a evitar en todo momento. Muchas veces, el que no hizo nada por el grupo juvenil, aparece en la entrega de reconocimientos o delante de la autoridad como alguien muy trabajador. Aquí estamos ante una variante de la hipocresía. De ahí la importancia de ser sinceros con Dios y con nosotros mismos.

¿Quién es el modelo por excelencia de dicha virtud? La Virgen María. Cuando tuvo que dar la cara, lo hizo. Así fue de las pocas que se mantuvo al pie de la cruz; sin embargo, no andaba por los caminos exagerando, con palabras y gestos para llamar la atención. La fe pasa por la sencillez. No hay que olvidarlo. Es triste cuando alguien confunde liderazgo con búsqueda de aplausos, de reconocimiento, en vez de preocuparse por la evangelización que no es otra cosa más que compartir lo que uno cree de forma coherente. María estaba presente, sin querer opacar o tomar un protagonismo fuera de lugar. Fue sencilla y eso la hizo un punto de referencia para todos.

Pero, entonces, ¿hay que ocultar las habilidades y talentos? No, pero ponerlas a disposición con humildad; es decir, reconociendo los puntos fuertes, pero sabiendo que eso no nos hace autosuficientes. El ocultamiento, dentro de la tradición católica, puede entenderse también como evitar resultar pesado para los demás. Nuestras complicaciones, pueden ser un tipo de protagonismo negativo. En este sentido, hay que dejar que Dios lleve a cabo su obra, siendo disponibles y, al mismo tiempo, viviendo con naturalidad lo que él nos proponga. 
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