Sábado, 21 de septiembre de 2019

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La ideología de género niega la ciencia

La ideología de género niega la ciencia

por Duc in altum!

Casi siempre abordamos el problema de la ideología de género desde un enfoque moral y teológico lo que, dicho sea de paso, resulta importante porque hay que saber responder a la confusión generalizada en la que hombre y mujer parecen diluirse, desvinculándose de la identidad antropológica que les resulta inherente; sin embargo, también es necesario agregar y apuntar que la ideología de género, no solo niega los principios básicos de la libertad religiosa, propia de toda sociedad democrática, tolerante, amenazando con llevar a la cárcel a todo aquel que no la comparta, sino que se opone rotundamente a la ciencia. Por ejemplo, afirman que el sexo masculino y femenino es una construcción social, algo equivalente a una tradición impuesta por las religiones, pero ¿tal afirmación es científicamente correcta? En realidad, se trata de una construcción genética y biológica, basada en los cromosomas XX y XY. Es verdad que la dimensión psicológica, aquella que hace coincidir la dimensión física o corpórea con la mente, implica todo un sistema de relaciones, elementos y transformaciones debido a los procesos educativos, pero es un hecho que hay una determinación natural que hunde sus raíces en la lógica de la biología que determina anatómicamente al ser humano, a la persona que está llamada a reconocerse y aceptarse, pues de otra manera sufre un proceso de disociación que no le permite desarrollarse plenamente. Por más cambios, incluso quirúrgicos, que se pretendan, hay una esencia que no cambia. ¿Se trata de un concepto meramente teológico, acaso metafísico? No. Antes bien, parte de las ciencias de la salud. No es la sociedad la que hace o establece que una persona sea hombre o mujer, sino las características de su propio cuerpo que, científicamente hablando, son predeterminadas. La ideología de género está causando un alto nivel de frustración, estrés y conflictos personales, porque pretende imponer una verdad que resulta fantasía. Lejos de liberar a los hombres y a las mujeres de los complejos, que puedan tener por diferentes motivos, termina por aprisionar, engañando, bajo el pretexto de la modernidad. ¿Acaso vamos a decir que negar las grandes lecciones de la ciencia es algo avanzado, progresista y, en última instancia, moderno? En realidad, lo “carca” (retrógrado), termina siendo el engaño bajo las pseudo ciencias, obstáculos concretos de la cultura. La ideología de género cae en dicho rubro.

¿La fe aprisiona, frustra y discrimina? No. En vez de eso, dice la verdad, llama a la aceptación, a la madurez del “yo” en medio del “nosotros”, de la necesaria convivencia social sin complejos o depresión debido a tratar de ser algo que carece de efecto y materia. No aceptarse en cuanto a hombre o mujer, provoca sufrimiento. ¿En qué sentido? Invertir tiempo, dinero, esfuerzo, sentimientos y relaciones en algo que nunca llegará al culmen de lo que se pretende, porque la esencia resulta inaccesible. ¿Qué trae? Desgaste. En cambio, orientar cuerpo y mente, desde una formación progresiva, mientras se trabaja el dominio propio, lleva a la madurez. ¿Pero no es frustrarse o resignarse? Para nada. Lo que se propone es aprender a encauzar. La ideología de género –y no, el sexo masculino o femenino- es la verdadera construcción social, porque ignora la dimensión genética, anatómica y biológica. De tal forma que, al ser tomada como pensamiento mayoritario y/o impuesto, termina por provocar la frustración que supuestamente pretende erradicar. Algo así como “libérate, siendo mi esclavo”. ¿Contradicción? Total; es decir, a todas luces. Otro de los problemas que trae la ideología de género es que muchos expertos, por ejemplo, en psicología, ya no se atreven tan fácilmente a publicar tesis que vayan en sentido contrario, pues pueden ser presas fáciles de un despido que, aunque injustificado, encuentra eco en los que desconocen los alcances de tal forma de pensar. Se trata de un freno antropológico y cultural.

Hasta ahora, hemos analizado algunos puntos a la luz de la ciencia; sin embargo, ¿qué nos toca llevar a cabo?, ¿cómo hacernos presentes en los grandes escenarios de debate? Tres palabras: coherencia, estudio y habilidad para comunicar. La última, tiene que ver con la asertividad, pero desde la verdad moral y científica. En materia legal, existe el Juicio de Amparo contra leyes o actos administrativos que pudieran vulnerar nuestra libertad religiosa y de expresión en un número importante de países. Aunque se espera no llegar a tal punto, es bueno saberlo y, mediante el Derecho comparado, estar preparados. Hacerlo, desde un enfoque propositivo; es decir, fuera de la queja violenta o, en su caso, superficial, llena de palabras vacías. Es necesario implicarnos. 
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