Lunes, 20 de mayo de 2019

Religión en Libertad

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No dejes de leer esto si vas a ver "Ágora"

por Alberto Royo Mejia

Por supuesto, no he tenido todavía ocasión de ver “Ágora” y realmente no sé si tendré tiempo y ganas de verla. Lo que si sé es que alguna carga anticristiana debe tener cuando el mismo Amenábar cuenta cómo en la sesión en que se presentó la película “Las personas que había a mi alrededor dijeron al acabar la película qué hijos de p… son los cristianos”. Él se apresura a explicar que la película se refiere solamente a los fanáticos religiosos, no a todos los seguidores de la religión, para después afirmar que ese fanatismo se observa hoy en día en ciertos extremismos. Por desgracia, sin embargo, la película no se refiere a ninguna de las religiones que hay caen en esos extremismos (cualquiera se atreve…), sino a la religión cristiana, que hace ya siglos que dejó dichos extremos.

De todas formas, sabiendo esto y la mentalidad atea de Amenábar (que afirma venir de una formación religiosa, haber pasado después por el agnosticismo y haber llegado por fin al ateismo), conviene que el que se acerque a ver la película conozca la verdad histórica de la protagonista, Hipatia, no sea (que podría ser) que la aventura de esta famosa erudita de la antigüedad, con terrible final, haya sido tergiversada por el cineasta para hacer quedar peor a los cristianos. ¿Que respeta escrupulosamente la verdad histórica? Pues tanto mejor, pero mis reservas tengo…

Hipatia significa "La más grande". No se sabe exactamente cuándo nació, pero sí que murió en marzo del año 415, en Alejandría. Era miembro de una familia destacada. Su padre, Teón, fue un científico conocido, miembro del Museo, escritor, interesado en textos herméticos y órficos. Tenía una gran erudición matemática y astronómica, especialmente sobre sus predecesores alejandrinos, y contagió a su hija el interés por esas cuestiones. El otro gran interés de Hipatia fue la filosofía. A propósito de esto, formó un grupo (integrado por personas de buenas familias) que basaba su convivencia en el sistema platónico de las ideas y en lazos interpersonales. Esta comunidad presenta rasgos de influencia gnóstica: por ejemplo, hablan de misterios para denominar los conocimientos que les transmite su “guía divina”, y creen que las personas de rango social inferior son incapaces de comprender estas cuestiones.

Gozaba de gran autoridad moral entre sus contemporáneos, que admiraban especialmente su autodominio, manifestado en la abstinencia sexual (se mantuvo virgen toda su vida), la modestia en el vestir (se cubría con el llamado “manto filosófico”) y, en general, la moderación en el modo de vida. No practicaba activamente el paganismo, ni le atraía el politeísmo; simplemente lo consideraba un elemento más de la cultura griega que tanto admiraba. Es decir, su platonismo no incluía la celebración de rituales, magia o adivinación. De hecho, entre sus discípulos había cristianos y personas que simpatizan con el cristianismo (dos de ellos llegaron a ser consagrados obispos, como Sinesio de Cirene). Hipatia protegía a sus alumnos cristianos y había amistad entre éstos y sus compañeros paganos.

Se produjo un desencuentro entre el prefecto de la ciudad, Orestes, y el obispo Cirilo, por las injerencias de éste último en cuestiones civiles y los enfrentamientos entre judíos y cristianos (aunque hay que recordar que Orestes era cristiano, como correspondía en esa época a un representante del emperador). Hipatia se puso del lado de Orestes y recordó a Cirilo el ejemplo de su antecesor, Teófilo, que, a pesar de ambición y su campaña contra el paganismo, no era dictador y buscaba y conseguía el apoyo de las autoridades imperiales: había colaboración armoniosa entre autoridades civiles y eclesiásticas. De hecho, ella siempre se había relacionado libremente con las autoridades municipales y nunca nadie la había molestado; podía manifestar su independencia política en lugares públicos sin problema, y la gente sabía que los gobernantes buscaban sus consejos.

Ahora, en cambio, empieza a haber rumores de que ella es la causa de que obispo y prefecto no se reconcilien, que se acentúan cuando Orestes se muestra intransigente a una reconciliación con Cirilo. Además, empiezan a circular otros rumores calumniosos sobre Hipatia y su relación con supuestas ceremonias mágicas, hechizos satánicos, etc.

Años 414-415: Hipatia pasa de observadora a participante activa en política, ayudando a Orestes a crear una especie de partido político; en respuesta, surge otro que apoya a Cirilo. Los partidarios de éste último se hallan preocupados por la influencia de Hipatia y las relaciones influyentes que posee (entre ellas, algunos cristianos).

Marzo de 415: en plena Cuaresma, una multitud, al mando de un tal Pedro, se abalanza sobre la litera de la filósofa cuando ésta volvía a casa tras un paseo por la ciudad. La golpean y la arrastran hasta el Cesarión, un antiguo templo de culto al emperador transformado en iglesia, donde la golpean de nuevo con tejas; a continuación, llevan sus restos hasta el Cinareo, donde los queman.

El de Hipatia parece más un asesinato político, no religioso, provocado por viejos conflictos. Tras este hecho, Orestes renunció a la lucha y se fue de Alejandría para siempre, de modo que las únicas protestas que hubo, más bien tímidas, vinieron de los concejales. Finalmente la ciudad se pacificó.

Hesiquio sugería que el vínculo entre la astrología y la adivinación y la magia negra causaron su muerte. Un exaltado obispo copto del siglo VIII, Juan de Nikiû, la consideraba en plena ocupación árabe una bruja peligrosa, responsable del conflicto entre cristianos y judíos, y entre Orestes y Cirilo. Consideraba que la muerte de Hipatia no fue accidental, sino deseada por el obispo alejandrino, y la estimó una respuesta justificada a las provocaciones de la filósofa. No obstante, hay que señalar que Sócrates Escolástico caracterizó a los asesinos como poseídos por un "ímpetu furioso", y no por el "celo divino" que caracterizaba y legitimaba los actos de violencia religiosa.

Se entiende que Sócrates Escolástico achacó indirectamente a Cirilo la responsabilidad del asesinato de Hipatia, al manifestar que "este suceso acarreó no escaso oprobio tanto a Cirilo como a la iglesia de los alejandrinos", ya que no hay nada más opuesto al espíritu del cristianismo que el crimen. Las demás fuentes narran el suceso de manera similar. El historiador arriano coetáneo Filostorgio se limitó a echar las culpas a los homousianos, fieles al credo de Nicea. El historiador bizantino del siglo VI Juan Malalas se equivocaba al afirmar que Hipatia fue quemada viva (lo fue después de muerta), pero admitía la inducción de Cirilo y culpaba también a la propia naturaleza de los habitantes de Alejandría, violentos y "acostumbrados a toda licencia" Juan de Éfeso, decía en la misma época que eran "una horda de bárbaros, directamente inspirada por Satán", y el propio Cirilo reprochó a los alejandrinos su carácter levantisco y pendenciero en su homilía pascual del año 419. De hecho, pocos años después, en 422, el sucesor de Orestes como prefecto imperial, Calisto, fue muerto en un nuevo tumulto. También se ha llegado a sugerir que la turba estaba enloquecida por los rigores del ayuno de Cuaresma.

Finalmente, la entrada referente a Hipatia en la monumental enciclopedia bizantina del siglo XI conocida como Suda atribuye también la responsabilidad del crimen a la envidia de Cirilo y al carácter levantisco de los alejandrinos, y da la clave para comprender la triste muerte de la filósofa al equipararla a los crueles asesinatos de dos obispos impuestos a los alejandrinos por la corte imperial de Constantinopla: Jorge de Capadocia (m. 361) y Proterio (m. 457). El primero fue atado a un camello, despedazado y sus restos quemados; y el segundo arrastrado por las calles y arrojado al fuego, asesinatos muy similares al de la propia Hipatia.

Se ha especulado con la intrigante posibilidad de que Cirilo mantuviera contactos con Hipatia a través de su ex alumno el obispo Sinesio de Cirene, amigo de su difunto tío el patriarca Teófilo. La muerte de Sinesio en 413 podría explicar en parte la repentina entrada de Hipatia en la política local y su oposición al Patriarcado. En todo caso, con las fuentes de las que disponemos no deja de ser una mera conjetura.

Con todo, resulta poco verosímil que un político tan avezado como Cirilo llevara a cabo una acción tan contraproducente, y que se demostró perniciosa para los intereses del poderoso patriarcado alejandrino. Christopher Haas, de la Universidad John Hopkins, concluye que "jamás sabremos si el propio Cirilo orquestó el ataque, o si, al igual que en la agresión contra Orestes, ciertos partidarios se decidieron unilateralmente a luchar en favor del patriarcado".
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