Domingo, 26 de septiembre de 2021

Religión en Libertad

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Lo que no se atiende hoy, revienta mañana.

Lo que no se atiende hoy, revienta mañana.

por Duc in altum!

Desde hace muchos años vengo escuchando hablar sobre la importancia de tener dirección espiritual o acompañamiento como se le llama ahora. Debo admitir que, al principio, fui escéptico con eso de llenar fichas de formación o de platicar sobre mi vida interior con alguien. Es verdad que siempre he valorado la confesión porque es uno de los siete sacramentos y, por lo mismo, ayuda a crecer en todo sentido; sin embargo, no tenía la misma idea sobre reunirme (o vía virtual por la pandemia) una o dos veces al mes con alguna persona experimentada en la fe que me ayudara en el interesante y complejo mundo interior. ¿Qué me hizo cambiar de idea? Darme cuenta de que, como laico inmerso en diferentes actividades, podía caer en una cierta monotonía o activismo que me desvinculara del punto clave; es decir, de la oración, de esos momentos profundos con Jesús que le dan sentido a la vida y a las relaciones humanas. Pude aceptar que es muy fácil enredarse en el hecho de acostumbrarme a la rutina y entrar en una crisis que, si se atiende, se vuelve madurez pero que, si se descuida, te hace infeliz al punto de tener que “tirar la toalla”. Ahora que llevo un acompañamiento voy encontrando las herramientas que la Iglesia me da para vivir mejor, realizado y consciente de los nuevos pasos que toca dar.

Todo lo anterior para llegar al meollo del artículo; es decir, la necesidad de que todos busquemos, desde nuestras posibilidades, espacios de acompañamiento con personas confiables y que ya lleven un tramo recorrido en la fe. Si bien la confesión solamente compete a los sacerdotes, la dirección espiritual nos la puede proporcionar también un religioso, religiosa, laico o laica. Se pide que tenga las cualidades suficientes y con eso es posible iniciar un proceso.

¿Por qué atender las dificultades del mundo interior y, en general, de la vida? Porque lo que no se atiende hoy, revienta mañana. Muchos casos de personas que se encuentran decepcionadas de su vocación no se debe tanto a que se hayan equivocado de camino (que, ciertamente, también los hay), sino a que no procesaron adecuadamente los conflictos, las heridas o percepciones y, entonces, cual bola de nieve complica demasiado las cosas hasta que se vuelven insostenibles.

Perseverar en la fe y en la propia vocación no se da por arte de magia. Implica, exige, un sólido trabajo interior que nos humanice, vinculándonos con el diálogo constante con Dios que se traduzca en buenas obras, porque sin ellas es fácil quedarse en el mundo de las ideas o de las intenciones que jamás llegan a materializarse. El acompañamiento ayuda a vivir con calidad y previene cuestiones que pueden poner en riesgo incluso la propia salud mental. No se trata de un sustituto en el caso de alguien que requiere atención profesional desde la psicología o la psiquiatría pero si de un camino que puede poner sobre la mesa esa necesidad que, si bien no aplica en todos los casos, puede orientar en otros.

Atender nuestra fe es, ante todo, disfrutarla. A veces, por interpretaciones equivocadas, pensamos que venimos a la Iglesia a sufrir. El sufrimiento forma parte de la vida, pero en la experiencia de Dios, aunque hay momentos de silencio; mismos que San Juan de la Cruz identificaba con una noche oscura, también existen etapas de alegría, de renovar las fuerzas y de volverlo a percibir. Si disfrutamos nuestra misión, con todo y sus crisis, estaremos aprendiendo a gestionarlas desde la Espiritualidad de la Cruz; ósea, asumiendo la realidad del dolor pero transformándolo por medio de la fe como espacio de crecimiento y de experimentar, en la inseguridad, la cercanía de Dios.

Cuidemos nuestro interior. Atendamos, desde la oración y la guía de un experto(a) , nuestros pensamientos en el sentido de ubicar las situaciones de angustia, de distorsiones que hacemos, muchas veces, movidos por el miedo, para poder vivir con la confianza puesta en Dios y disfrutar de lo sano del camino.

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Les propongo dos libros electrónicos que he escrito y que pueden ser de su interés:

Título del libro: Proceso de Dios:

"El proceso de Dios", es un pequeño libro que reflexiona sobre puntos importantes de la fe desde una perspectiva teológica y filosófica. Es concreto y, al mismo tiempo, profundo, capaz de responder las preguntas propias de aquellos que se cuestionan en su relación con Dios.

Clic aquí para comprarlo.

Título del libro: Líneas escolares:

¿Cómo abordar la emergencia educativa? ¿Cuál es el futuro de los colegios católicos? ¿Qué cambios tienen que darse? Éstas y otras preguntas son las que se abordan en el libro. Lo interesante es que el autor trabaja como maestro y, por lo tanto, los puntos que ha escrito parten de su experiencia en la realidad, en la "cancha de juego". Una interesante reflexión de todos los que de una u otra manera saben lo complejo que es educar en pleno siglo XXI y, al mismo tiempo, lo necesario que resulta seguirlo haciendo.

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Nota:

Al comprar alguno de los dos libros contribuyes al apostolado que llevo a cabo en favor de la fe y la cultura. ¡Gracias! 

 

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