Lunes, 28 de septiembre de 2020

Religión en Libertad

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Alegraos (10)

por En Espíritu y Verdad

 En la alegría del sí fiel

        “Quien ha encontrado al Señor –esto es un poco el resumen de todo lo de los días anteriores- y lo sigue con fidelidad es un mensajero de la alegría del Espíritu”, pero solamente quien lo sigue con fidelidad. Quien le sigue a trompicones, de mala gana, refunfuñando las 24 horas del día, en realidad no le sigue: se arrastra penosamente y eso no es seguir al Señor, eso es arrastrarse penosamente y malvivir. Eso es sobrevivir y nosotros no estamos llamados a sobrevivir, sino a vivir en plenitud y a vivir en plenitud una vida feliz. Una vida feliz ya aquí, ahora, para después seguir siendo felices en el cielo.

img-20160130-wa0332.jpgY decíamos el otro día que la alegría no es algo que se improvisa como la felicidad. Y la alegría y la felicidad no lo dan lo que hacemos. Puedo hacer una cosa, hacer otra, lo que me gusta hacer, lo que no me gusta hacer, lo que me apetece hacer, lo que no me apetece hacer… Lo que hacemos no nos da la alegría y lo que hacemos no nos da felicidad. La felicidad y alegría nos la dan lo que somos: lo que yo soy me da la felicidad, lo que yo soy me da la alegría, lo que yo soy por decisión propia. No es algo que a uno le toca en un sorteo. Hay gente que tiene mucha suerte, todo le va bien en la vida… Claro, es muy feliz,  porque siempre has tenido mucha suerte en la vida…

¡Mentira! Yo conozco gente que ha tenido mucha suerte en la vida, que -humanamente hablando- lo ha tenido todo y vive con un vacío interior impresionante y al final acaban con una depresión de caballo, de camello o de elefante... y un sinsentido absoluto. Y gente que, desde que ha nacido, parece que ha venido a ese mundo a sufrir, porque todo le ha salido humanamente al revés y se les han dado todas una detrás de otra; y, sin embargo... esa persona derrocha alegría, derrocha energía, derrocha felicidad, optimismo... y es una bendición estar a su lado.

¿Por qué? Porque “quien ha encontrado al Señor y lo sigue con fidelidad es un mensajero de la alegría del Espíritu Santo. Y sólo gracias a este encuentro –o reencuentro- (a veces es un reencuentro, hay gente que está un tiempo, se despista y tiene que reencontrarse) con el amor de Dios, que se convierte en una feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad” –de la que hablábamos el otro día: del yo, mí, me, conmigo, me pasa, me gusta… me, mi… Hay personas que utilizan continuamente la primera persona en reflexivo y toda su vida es así: yo, mí, me, conmigo… ¡Hay que salir de esa autorreferencialidad y de esa conciencia aislada y volcarse hacia Jesucristo y hacia los hermanos!

Nos dice el documento "Alegraos" algo que es muy importante. A mí me parece importantísimo porque en la Vida Religiosa ha habido deformaciones graves en esto que os voy a decir ahora. Dice la Congregación que “la persona es llamada y convocada a a ser ella misma”.

Nadie de verdad es tan ella misma como la persona que se ha encontrado con Jesucristo, se mira en EL como en un espejo y vive solamente volcada y vuelta hacia ese espejo, mirándose a sí misma reflejada en ese espejo, que es Cristo.

Mi experiencia de vida es que las personas más maduras, más plenas, de mayor calidad humana, por supuesto de mayor calidad cristiana (santas) son personas que han salido de esa autorreferencialidad, han respondido a la llamada de Dios y son, por encima de todo, ellas mismas. Porque parece que el hecho de ser monja -hablo de ser monja, porque yo soy monja y es desde donde puedo hablar por experiencia- es entrar como un borrego por el carril y hacer todo lo que hacen los borregos, todos igual. ¡No!

163d3f0d1fb55e182886c4a0e0d16a56Una cosa es que en el monasterio, en cualquier forma de vida consagrada -cualquiera, ¿eh?- tiene que haber unas normas, porque sino la jungla no tendría nada que ver, sería una balsa de aceite al lado de lo que podría ser un monasterio sin normas. Una auténtica jungla pero multiplicada, ¿no? Entonces hay unas normas, unas normas externas, lo mismo que hay una manera de vestir, un atuendo que nos identifica como miembros de una misma familia, como personas vocacionadas a vivir una misma llamada, un mismo carisma. Entonces todas las que estamos aquí vamos vestidas igual, estamos dentro de la misma realidad vital, de la misma realidad material de este monasterio, en esta ciudad concreta, cumplimos un horario que es para todas igual y unas normas externas que son en principio para todas igual. Eso es necesario para que haya un orden y para salvaguardar la paz, porque si cada una hiciera lo que quisiera... íbamos a saber lo que es bueno.

Eso es la realidad concreta que te toca vivir, ¿no? y es objetivo que es así: aquí hay unas normas, unos modos y en toda vida religiosa hay unas normas y unos modos o debe de haberlas. Y si no las hay... muchas veces así están las cosas como están. ¡Bien! Pues dentro de ese marco externo que es igual para todas y en el que debo integrarme y es signo de madurez saber integrarme, porque hay personas que parece que las pagan por ir a contrapelo: ¿dónde va la Comunidad? ¿Arriba? ¡Uy, pues yo quiero ir abajo! Que, ¿dónde está la comunidad? ¿Abajo? ¡Uy, pues a mí me apetece subir arriba! ¿Que la comunidad ahora reza? ¡Oye, pues ahora lo que tengo ganas es de ir a dar un paseo por el jardín! ¿Qué la comunidad estará merendando en la huerta? No, pues yo ahora voy a hacer un rato de oración al sagrario… Hay personas que son así. ¡Son un problema! Pero un problema para ellas mismas, porque siempre están descolocadas y descoyuntadas. Bueno…

Pues digo que es un signo de madurez humana ser capaces de hacer lo que hace la comunidad y de no singularizarse, no estar todo el día dando la nota, de integrarse. Pero integrarse en la comunidad y ser una más del grupo y de verdad hacer comunidad nunca tiene que significar que perdamos nuestra propia identidad.

Mi identidad personal, lo peculiar mío, que es único mío e intransferible, eso nunca está en colisión con la integración en el ritmo comunitario. Es más: estoy llamada, desde ese ritmo comunitario, a vivir una libertad interior absoluta y a ser yo misma por encima de todo. Ser yo misma por encima de todo no implica hacer lo que me viene en gana. ¡Pequeño detalle! 

¡No! Yo soy yo misma desde mi libertad y, desde esta libertad, opto por entregarme, abnegarme, darlo todo... libremente. Y entonces es cuando más que nunca voy a ser yo misma, porque nunca una persona es tan libre ni tan de verdad ella misma como cuando se sumerge del todo y se entrega del todo al Querer de Dios. ¡Nada nos hace más libres y más nosotros mismos! Por una razón: porque yo no sé, y yo no sé ser, y yo no soy... fuera de la Voluntad de Dios.

Y… ¿qué significa que somos convocadas a ser nosotras mismas? ¡Esto también es muy importante! Pues significa que estoy llamada a ser lo que puedo ser, no superman. Es que eso crea muchísimos problemas…

-Es que yo quiero ser como Fulanita, que hay que ver como canta…

-Pero vamos a ver, hija mía: si tienes una oreja enfrente de la otra desde el día que has nacido... pues por mucho que ensayes los “alaridos” –porque nunca serán música- saldrán más o menos nítidos, pero siempre serán alaridos. Pues, porque no… O sea: si tú no tienes oído musical, puedes pasarte la vida entera ahí, porque quieres ser como Fulanita. 

- ¡No!

-Yo… ¡no es eso! A mí cantar me da igual. Yo lo que quiero… es bailar, pero tengo los pies planos, una pronunciada escoliosis y una pierna con un centímetro y medio más corta que la otra, tengo un calza y todo, pero yo quiero bailar.

- Pero que no, ¡que tú no estás llamada a eso! Tú estás llamada a ser lo que puedes ser.

- ¿Y bailar no?

- Pues va a ser que no. ¡Va a ser que no! ¡Y no pasa nada! Estás llamada a dar lo mejor de ti.

Hay una cosa que todo el mundo puede dar, un talento que todo el mundo tiene y casi nadie potencia al cien por cien. ¿Cuál talento es ese? ¡La capacidad de amar como Dios nos ama! ¡Ese talento lo hemos recibido todos! Si no lo hubiéramos recibido... no sería un precepto de nuestra fe “amar como Jesús ama.”

Bueno pues, ese talento que tiene todo el mundo... casi nadie lo usa. O no lo usamos al cien por cien de rendimiento. Es el talento más importante, el más valioso, el que todos tenemos, el que estamos obligados a usar; y, al cien por cien de nuestra capacidad de amar, no ama casi nadie. Y preocuparnos de estudiar seriamente cómo ama Jesús para amar cómo Jesús nos ama… ¡yo me he encontrado pocas monjas preocupadas por eso! Plantas-para-Jardines-de-Roca-620x330La primera que no se preocupa siempre por eso todo lo que debería preocuparse soy yo, no me estoy eximiendo. Pero hablo desde la experiencia de ver monjas, de hablar con monjas y de tratar a monjas. Y quien dice monjas, me imagino religiosas, religiosos, sacerdotes... consagrados en general, ¿no? Es algo que nos pasa a todos. Queremos hacer muchas cosas y se nos olvida cuál es la principal: que es estar con el Señor y amar como Él ama.

“podemos decir que la crisis de la vida consagrada depende también de la incapacidad de reconocer esta llamada profunda, incluso en los que viven ya tal vocación.” Estamos aquí, pero muchas veces no nos enteramos bien para qué estamos aquí. Tenemos que tener cuidado de que, ya que nos hemos puesto en marcha, al final no nos impulse la inercia, que nos impulse de verdad Jesucristo y el deseo de su seguimiento.

“Quizás nos encontramos también en una crisis de humanización. No siempre vivimos una verdadera coherencia, heridos por la incapacidad de realizar en el tiempo nuestra vida como vocación única y camino fiel. Un camino cotidiano, personal y fraterno, marcado por el descontento, por la amargura que nos cierra en la lamentación, en una permanente nostalgia por caminos inexplorados y por sueños no realizados, y esto se suele convertir en un camino solitario.”

Hay personas, el otro día lo decíamos un poco, que, en aras de lo que Dios le pide –que hay que saber si Dios se lo pide, o si es una neura que les ha…- pues llevan una vida complicadísima y siempre están buscando la Voluntad de Dios, la Voluntad de Dios, la Voluntad…

-Hombre, pues mira: la Voluntad de Dios, si tú estás aquí en esta comunidad concreta, pues bueno, pues evidentemente tenemos las Constituciones, tienes a los superiores, que te manifiestan la Voluntad de Dios. Y luego tienes a las hermanas, el ritmo comunitario, la realidad que te toca vivir… En todo esto tienes que descubrir al Señor, descubrir cómo te sale al encuentro y descubrir su Voluntad, ¿no?

- Que ya, sí, pero, claro yo… es que… yo lo que necesito es la Voluntad de Dios.

-Te estoy diciendo: que las hermanas, los superiores, las leyes, las Constituciones, pues todo esto, además de la Liturgia, la Palabra de Dios, la oración… el Señor se va mostrando ahí, ¿no?

- ¡Ya! ¡Ya! Pero, claro, es que a mí el Señor me pide distinto.

- ¡Vaya por Dios! ¿Tú tienes que ser la distinta? ¿No te puede pedir como a todos?

- ¡No, no! Entonces, como a mí me pide algo diferente…

-¿Y qué te pide?

- ¡No sé, estoy en búsqueda de la Voluntad  de Dios!

 

img-20160117-wa0088.jpgLa Voluntad de Dios, la Voluntad de Dios… Es como lo de la última moda: ¡quiero ir a la última moda! Tengo un trozo de tela, pero es que quiero hacer un traje a la última moda. Entonces nunca voy a cortar el traje, porque nunca va a ser la última moda, siempre vendrá otra, que la anterior es la penúltima. Pues eso es igual: la Voluntad de Dios, la Voluntad de Dios… Pues la última moda, la última moda… ¡y nunca van a encontrar!

Y eso se traduce en amargura, en malestar, en frustración, en personas descentradas, descuadradas, descolocadas... Y, si me apuras mucho y lo llevas a extremos, en personas que acaban perturbadas, que acaban con una especie de neurosis de buscar no sé qué quieren buscar.

¡No! Si tú ya estás aquí es porque ya has encontrado. Lo que tienes que hacer es dejar de buscar y ponerte a vivir lo que hay aquí y humanizar tu llamada concreta, porque la llamada no es una cosa etérea, de las nubes. No: es una cosa concreta para una persona concreta de carne y hueso que soy yo, en un lugar concreto, físico que es este; y con unas personas que están a mí alrededor en unas circunstancias muy concretas. La llamada de Dios se realiza en lo humano, en mi humanidad y en la humanidad de las que están a mí alrededor.

Entonces tengo que lanzarme ya a vivir eso y dejar de soñar como Alicia en el país de las maravillas, o no sé… Peterpan, todo eso es genial cuando uno es pequeño, pero ya en el convento ni Peterpan, ni Alicia. O sea, aquí: lo de todos los días, la realidad concreta que te toca vivir.

Porque, de lo contrario “nuestra vida –dice el Documento- que está llamada a la relación –a la relación horizontal y vertical, horizontal con las hermanas y vertical con Dios- en el cumplimiento del amor (que es la ley suprema) puede transformarse en tierra desierta.” Y podemos acabar resecas, como dice el Salmo, “como tierra reseca, agostada y sin agua” (Cf. Sal 63, 2). Entonces es una triste gracia: estar aquí para acabar reseca y agostada y sin agua.

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