Sábado, 21 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

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La pedofilia en la Iglesia. A propósito de la película Spotlight

En muchos ciudades del mundo de nuestra gran aldea global están presentando en las pantallas del cine la aguardada y polémica película Spotlight (en algunos países latinoamericanos, por ejemplo, en Colombia fue traducida como “En primera plana”, ya en España recibió el título de “Destapa la verdad”).

Debido a que el tema vuelve a ser discutido por los espectadores de la película nominada a varios premios Oscar –lo que le da más destaque mediático y actualidad–, y al hecho de que la Iglesia Católica queda nuevamente en entredicho, no pretendo hacer un análisis crítico sobre la obra cinematográfica, sino una reflexión sobre el motivo que está por detrás de la historia llevada a la pantalla: la pedofilia en la Iglesia, a partir de las lamentables denuncias de muchos casos en una importante ciudad norteamericana.

Quisiera enumerar algunas consideraciones personales que recogen con muchas limitaciones, pero de una forma objetiva los diversos puntos de análisis y reflexión que me parecen deben ser tenidos en cuenta, para poder tener aproximadamente una visión completa de la situación:

1. Objetivamente esos hechos de abuso sexual ocurrieron dentro de la Iglesia, y el problema se tornó evidente en todo el mundo con las denuncias realizadas por la investigación y publicación de la prensa (The Boston Globe) contra la arquidiócesis de Boston en el año 2002. Es muy triste, penoso e irreparable el mal que se la he hecho a miles de niños y adolescentes por miembros del clero católico, una página oscura de la historia del final del siglo XX y del inicio del tercer milenio del catolicismo que nos avergüenza profundamente a todos los católicos.

2. Tal vez suene muy fuerte, pero es necesario decirlo: el problema se debió en gran parte a la negligencia y omisión de muchas autoridades eclesiásticas (los obispos), que resolvieron muchas de las denuncias contra algunos sacerdotes que cometieron actos de pedofilia, simplemente transfiriéndolos de una parroquia a otra, o encargándoles otro tipo de función en la Iglesia, sin tomar medidas drásticas –después de confirmados los crímenes–, o sea, a través del alejamiento del ministerio y la entrega de los acusados a las respectivas autoridades civiles.

3. Es necesario que sepamos algunas cosas: en primer lugar, según los datos oficiales llegaron a la sede apostólica en Roma (Vaticano), las denuncias de más de 3.000 sacerdotes involucrados en abuso sexual desde las últimas décadas, lamentablemente la gran mayoría fueron confirmadas (recordemos que somos más de 400.000 presbíteros en todo el  mundo); en segundo lugar, las víctimas eran sobre todo preadolescentes varones –claro que esto no minimiza la gravedad de la cuestión, porque no dejan de ser actos moral e intrínsecamente graves y actos criminales–, lo que configuraría además de la pedofilia también a la llamada efebofilia; y finalmente, desde Juan Pablo II, pasando por Benedicto XVI, hasta el actual pontífice Francisco los obispos responsables por negligencia y omisión fueron obligados a renunciar de sus funciones pastorales en las diócesis y en muchos casos también tuvieron que rendir cuentas a los respectivos tribunales de la justicia local (más de 50 obispos tuvieron que dimitirse de sus responsabilidades episcopales).

4. La legislación canónica (la normativa jurídica de la Iglesia) fue corregida en función de los abusos sexuales con la premisa fundamental: “tolerancia cero”, para esos casos. El proceso empezó con Juan Pablo II cuando el cardenal Joseph Ratzinger presidia la congregación para la doctrina de la fe, instancia que quedó responsable de analizar y juzgar de forma exclusiva los crimines sexuales cometidos por sacerdotes (Motu proprio Delicta Graviora). A partir de entonces fueron aplicadas las penas para los culpados y responsables de abuso sexual con rigor. Después del conclave en el 2005 que eligió el nuevo pontífice llamado Benedicto XVI, la Iglesia continuó y perfeccionó la normativa jurídica.

5. En algunas escenas de la película, a través del proceso de investigación surge un personaje que nunca aparece, un ex sacerdote que trataba algunos clérigos con problemas de tipo sexual, y que es una pieza “clave” para dilucidar el problema de abusos a niños y adolescentes cometidos por sacerdotes de la Iglesia católica, en la arquidiócesis de Boston. Esta figura afirma que el problema estriba justamente en el celibato. No es justo hacer esta conclusión, ya que no puede ser relacionada esta opción personal, consciente y libre con la pedofilia. Los mayores casos de pedofilia ocurren en el silencio y complicidad de los afectos familiares, eso está comprobado, por lo menos por las numerosas cifras que salen a la luz, imaginemos las que no conocemos.

6. La pedofilia es un serio y peligroso disturbio que no depende de la no actividad o ejercicio de la sexualidad, ni siquiera de la orientación sexual, ya que es una cosa particular. Pero por lo que se ha visto recientemente, a través de las conclusiones psicológicas se ha sabido que los pedófilos de alguna forma conscientes de su problema se esconden por el rechazo y recriminación social, en la vida familiar, por ejemplo, el matrimonio y lo han hecho también para desgracia de la Iglesia Católica, en el ministerio sacerdotal.

7. Los sacerdotes con problemas sexuales indican deficiencias serias de carácter psico-afectivo, que no fueron tratadas y resueltas puntualmente en el discernimiento del proceso vocacional y formativo de los candidatos, por parte de los responsables de esta importante misión en la Iglesia Católica.

8. No quiero que parezca una justificación, pero la prensa americana que en su mayoría está en manos de grupos económicos judíos, aprovechó esa triste y lamentable página de la Iglesia para enlodar y desacreditar a toda la institución y especialmente a gran parte de sus miembros los sacerdotes. ¿Y esto por qué? La Iglesia está defendiendo a partir del derecho internacional el reconocimiento del estado Palestino en la compleja área geográfica del medio oriente. ¿Independiente de la gravedad –y menos mal que esto se hizo visible para la purificación de la Iglesia–, no será esto una especie de venganza?

9. Hay algo que tampoco se ha dicho: los bufetes de abogados se enriquecieron enormemente, tanto para defender a las víctimas, como para defender a los culpados en la Iglesia, y a pesar de que ningún valor indemnizatorio repara el mal que se ha hecho a los niños y adolescentes por sacerdotes enfermos y criminales que abusaron sexualmente de ellos, muchas personas y grupos se beneficiaron inescrupulosamente de esta triste realidad. Por eso fue inevitable que diversas diócesis norteamericanas entraron en la bancarrota, para poder atender a las millonarias demandas que les fueron imputadas por la justicia.

10. A pesar de que el flagelo de la pedofilia por parte del clero católico se ha manifestado en todos los rincones de la Iglesia, ya nos hemos preguntado: ¿por qué la mayoría de los casos ocurrieron en países anglosajones?, ¿qué pasó en la disciplina y praxis pastoral en la selección y acompañamiento de los candidatos al sacerdocio en estas áreas geográficas? Dejo estas preguntas en el aire, ya que volveré a tratar sobre este tema en otra ocasión.

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