Lunes, 17 de enero de 2022

Religión en Libertad

Blog

I DOMINGO DE ADVIENTO (CICLO C)

Reflexiones Homiléticas

1. Introducción

Con esta celebración de la Eucaristía iniciamos un nuevo año litúrgico, y como siempre, pero de una forma nueva, este camino de fe se abre para nosotros con el tiempo de Adviento. La palabra Adventus es la traducción latina de la expresión griega “parusía”, que en el lenguaje teológico se utiliza para hablar de la segunda venida del Señor. Adviento, por lo tanto, significa llegada, venida, presencia. “Adventus” es un término técnico que en la antigüedad se utilizaba para expresar la llegada-presencia del rey a su pueblo, o de un alto funcionario de la corte en una determinada provincia, y que, por ello, revestía la visita de gran importancia, y la transformaba en un acontecimiento festivo y social. Los cristianos adoptaron esta palabra para expresar la llegada de Cristo Rey en gloria y majestad entre los hombres al final de la historia.

Hacia el siglo IV, la Iglesia estableció el tiempo de Adviento, al igual que la preparación de la Cuaresma para la Pascua. Este período litúrgico tiene fundamentalmente dos características: Preparar a los cristianos para el advenimiento definitivo de Jesucristo en el plano escatológico, y ayudarles a conmemorar sacramentalmente el advenimiento-presencia en el misterio de la carne del Señor en las fiestas de Navidad. Por eso, la espiritualidad del Adviento contempla las dos dimensiones que implica la encarnación: La “primera” venida (Navidad) –la entrada de Dios en la historia entre los hombres–, y su proyección en una “segunda” venida final y definitiva, al final de los tiempos (Parusía). Siendo un tiempo de preparación, el Adviento no tiene toda la connotación penitencial, aunque el color litúrgico sea el mismo que el del camino de conversión de la Cuaresma, porque este período está centrado en la presencia entre nosotros del mismo Hijo de Dios que entró en la historia de los hombres a través de la Virgen María

Otro elemento importante del tiempo de Adviento es la esperanza como característica fundamental de la fe cristiana. La esperanza es una virtud teologal, es decir, junto con la fe y la caridad, es dada por Dios para nuestra configuración cristiana. Esperamos con confianza, constancia, paciencia y perseverancia, la salvación y la gloria eterna en nuestro Señor Jesucristo. La esperanza no tiene nada que ver con el optimismo.

El Adviento también destaca algunas figuras bíblicas que gravitan como satélites (elementos celestes) alrededor de la estrella brillante, que es Cristo (el sol), el Señor de la historia y del cosmos. Estos son: El profeta Isaías, que anuncia con sus oráculos, sin saber cómo, la llegada del Mesías y, por tanto, la intervención de Dios en la historia de los hombres a través de su enviado; el precursor Juan el Bautista, que prepara desde su nacimiento y en la vida adulta con su predicación la manifestación pública del enviado de Dios; la humilde mujer María de Nazaret, que acoge en su vida la propuesta de Dios, dejando que el Verbo eterno se haga hombre en ella y por ella; y finalmente su esposo José de Nazaret, que participa en este misterio como ministro de la Encarnación, custodio de la Madre de Dios y del Hijo de Dios hecho hombre.

2. Evangelio

En el discurso escatológico de Jesús encontramos el anuncio de la ruina de Jerusalén –que realmente tuvo lugar en el año 70–, esta profecía se mezcla con las visiones apocalípticas sobre el fin del mundo. Estas profecías están escritas en un lenguaje simbólico, por lo que estas páginas del Evangelio no pueden entenderse como un informe o crónica sobre lo que está por venir. Debido a esta mezcla, el texto bíblico en cuestión también presenta una enorme dificultad para su correcta interpretación.

No podemos aplicar a las palabras de Jesús una correspondencia literal con los acontecimientos de la historia de la humanidad. En cualquier caso, el Señor presenta la imagen de la “higuera” de la que brotan sus ramas anunciando el verano y el “agricultor” en el momento de la cosecha, como un claro ejemplo para entender los signos de los tiempos y para interpretar los hechos de la historia.

Las imágenes utilizadas por el Señor en este discurso escatológico se refieren también a los primeros pasos que la comunidad cristiana tuvo que afrontar en medio de la adversidad y la persecución al principio de la historia de la fe. Inicialmente, aparecen los obstáculos puestos en el camino por las autoridades religiosas del judaísmo, que veían en el cristianismo una secta peligrosa; luego aparece la crueldad sistemática del Imperio Romano durante casi tres siglos de exterminio (Nerón, Domiciano, etc.), en la época de la multitud de grandes y anónimos mártires de la fe.

3. Actualización Catequética

El mensaje del discurso escatológico anuncia el fin de los tiempos, pero es necesario recordar que el fin del mundo termina para todo ser humano con su partida definitiva (la muerte), pero los cristianos también confesamos por nuestra fe, la consumación del universo en una transformación plena y definitiva al final de la historia en la segunda venida del Señor (Parusía).

Desde el principio del cristianismo ha existido la convicción del retorno glorioso del Señor como juez de la historia. A veces la comunidad eclesial, en esta tensión sobre el final de los tiempos, recurría a textos apocalípticos para reavivar la fe y animar a la conversión de los pecadores recalcitrantes. Sin embargo, a menudo la predicación y la presentación de las verdades escatológicas se hacían en forma de amenaza o castigo que se cernía sobre los hombres, generando una profunda inquietud y mucho miedo.

Ciertas actitudes y formas de pensar en la sociedad preocupan a la luz de la fe: Las nuevas realidades conquistadas por la humanidad a través de la ciencia y la tecnología pueden ser peligrosas y contraproducentes en la simple observación del comportamiento humano, la falta de valores morales y el resurgimiento de los instintos animales del hombre son realmente alarmantes. En definitiva, lo que Jesús quiere es que no vivamos en la histeria del fin de las cosas, sino en la vigilancia de la fe con el discernimiento que nos da nuestra vida fundada en su persona y en su amor.

La palabra del Evangelio recorre la historia de forma profética y se cumple en las diferentes épocas en las que la Iglesia debe ser perseguida por sistemas ideológicos y totalitarios. Pensemos, por ejemplo, en el drama de la humanidad y del cristianismo en el siglo pasado a través del mal encarnado por el marxismo y el nazismo. Hoy en día, para muchos cristianos de entornos predominantemente árabes, también es preocupante la brutalidad de la persecución causada por la facción fanática y terrorista del islam. En otras palabras, el discurso de Cristo sobre el final de los tiempos está abierta y se cumple en el camino que los fieles deben recorrer con esperanza y sin desfallecer en las vicisitudes de la historia.

Podemos ver a lo largo de la historia de la Iglesia, en diversas épocas, interpretaciones exaltadas y fatalistas de los acontecimientos que los hombres estaban viviendo. Entre los siglos IV y VIII, con la caída del Imperio Romano de Occidente debido a la invasión de los pueblos bárbaros, los cristianos pensaron que el mundo había llegado a su fin... A finales del primer milenio, en plena Edad Media, la mentalidad no era diferente. En el siglo pasado, las dos grandes guerras mundiales podrían haber acabado con todo, por lo que en el pensamiento filosófico nació una mentalidad apocalíptica, que no está necesariamente relacionada con la cuestión religiosa.

En el ámbito del cristianismo, resurgen las lecturas e interpretaciones de ciertas visiones místicas dentro de la Iglesia católica, o las llamadas “revelaciones privadas” de varios hombres y mujeres o santos que son fácilmente manipulables y tergiversadas. ¿Cuánta especulación y controversia ha generado en el entorno católico, por ejemplo, el llamado “Secreto de Fátima”? Estas revelaciones tienen su valor en su contexto histórico, pero debemos confiar en la Iglesia y en su correcta interpretación para evitar falsas alarmas y movimientos apocalípticos finales.

Al cruzar el umbral del segundo milenio de la era cristiana, también han surgido ideas del mismo tipo, a través de sectas milenaristas y de la predicación de pseudo-iglesias de tendencia neo-pentecostal. ¿O qué decir, por ejemplo, de la lectura del calendario maya que consideraba el fin del mundo para el mes de diciembre del año 2009?

Sabemos que nuestro complejo, rico y precario planeta –por la información y los datos aportados por los estudios científicos– ya ha experimentado y sufrido grandes cambios en la larga historia que recorre la línea del tiempo. Tal vez haya habido grandes fases glaciares, tremendas inundaciones, lluvias de meteoritos, en fin, fenómenos climáticos y geológicos que han llevado a la naturaleza a adaptarse y resurgir a través de nuevas formas con la sorprendente capacidad –provista por la fuerza creadora de Dios– de reinventarse, pero a la luz de la fe Dios sigue siendo el Señor de la historia (y del cosmos), y el hombre su criatura más preciosa. No es casualidad que Dios Padre lo haya arriesgado todo enviando a su único Hijo a asumir nuestra condición para salvarnos y divinizarnos.

Independientemente de la cuestión religiosa o de los datos de la fe, existe hoy en la conciencia mundial una preocupación por las condiciones actuales de la naturaleza afectadas por el desarrollo de la industria y la tecnología. Para las generaciones futuras la comunidad científica prevé un panorama “casi apocalíptico”, a causa del calentamiento global, los grandes cambios climáticos, la superpoblación de nuestro planeta y la industria armamentística que ha alcanzado niveles de destrucción impresionantes. Podríamos hablar de ellos uno por uno, sin negar la necesidad de recuperar la conciencia ecológica y los problemas relacionados, pero también podemos afirmar que detrás de estos importantes temas se esconden muchos mitos y exageraciones ideológicas.

El hombre teme el final, no sólo de la vida con la muerte como proceso natural (y no debería porque es una “partida” que transforma, no aniquila), ya que en Cristo resucitado ha adquirido una nueva dimensión, sino también de la especie humana y del escenario –el planeta Tierra– en el que habita.

En resumen, ¡no sabemos absolutamente nada de cuándo será! Sólo Dios lo sabe. Por lo tanto, no debemos alimentar con curiosidad ciertas corrientes apocalípticas, ni vivir con la histeria que esto puede provocar. Vivamos en continua conversión a Dios, sostenidos por su amor y con el discernimiento necesario para comprender la historia a la luz de la fe, sin perder la esperanza, que es la virtud escatológica por excelencia.

San Bernardo –que desgraciadamente no tiene el título de “Padre de la Iglesia” por una cuestión cronológica–, un gran monje del siglo XIII que influyó mucho en su época con su vida y sus escritos, dijo del Adviento: “Sabemos de una triple venida del Señor. Entre la primera y la última hay una venida intermedia. Las primeras son visibles, pero ésta no. En la primera venida el Señor apareció en la tierra y convivió con los hombres. Fue entonces, como él mismo declara, cuando lo vieron y no quisieron recibirlo. Al final, todos verán la salvación de Dios (Lc 3,6) y mirarán al que traspasaron (Zac 12,10). La venida intermedia está oculta y en ella sólo los elegidos lo ven en sí mismos y reciben la salvación. En la primera, el Señor vino en la debilidad de la carne; en la intermedia, viene espiritualmente, manifestando el poder de su gracia; en la última, vendrá en todo el esplendor de su gloria. Esta venida intermedia es, por tanto, como un camino que lleva de la primera a la segunda; en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la segunda aparecerá como nuestra vida; en la intermedia, es nuestro descanso y consuelo”.

5€ Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
10€ Gracias a tu donativo habrá personas que podrán conocer a Dios
50€ Con tu ayuda podremos llevar esperanza a las periferias digitales
Otra cantidad Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit. Ex facilis officia sapiente recusandae neque, asperiores labore numquam dolorum ut, illo provident voluptatibus.
Si prefieres, contacta con nosotros en el 680 30 39 15 de lunes a viernes de 9:00h a 15:30h
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter

¡No te pierdas las mejores historias de hoy!

Suscríbete GRATIS a nuestra newsletter diaria

REL te recomienda