Jueves, 01 de diciembre de 2022

Religión en Libertad

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Al comulgar, entramos en Cristo (literalmente)

por La Columna del #CoronelPakez

Para comprender el enunciado del titular hay que tener en cuenta dos cosas:

1. Como decía el añorado José Luís Martín Descalzo, nuestra vida de relación con Dios debe conjugarse siempre en pasiva: somos llamados a la fe, somos convertidos, somos perdonados, somos iluminados, somos llevados a Misa, somos empujados a la confesión, a la alabanza, a la acción de gracias; son los sacerdotes impelidos a celebrar los Sagrados Misterios, somos fortalecidos para no pecar, etc, etc. Porque: "Sin Mí no podéis hacer nada", dijo el Señor. Nada. De nada. Sin objeciones. Todo es gracia y milagro. Nuestra única labor es tener la barca aparejada e izar la vela para que cuando Dios quiera sople el viento y nos lleve.

2. Una obviedad en la que pocos profundizamos: la divinidad de Cristo. Es decir, entre otras cosas, su infinitud (Jesucristo es infinito. Asómense a este misterio), su omnipotencia, su eternidad, su Ser causa de todo ser, Su Vida por la que todo vive... Su divinidad, junto a su cuerpo, su sangre y su alma están real y sustancialmente presentes en la Sagrada Forma. (Lean de nuevo la frase anterior y mediten un poco).

Así, pues, Cristo como alimento nos transforma, nos asimila a Él en la Comunión. Sucede exactamente lo contrario que con cualquier alimento: nuestro cuerpo lo asimila. Aquí, con la Sagrada Eucaristía, es Cristo quien nos abre la puerta. El es, por cierto, la puerta del redil de las ovejas. El es la puerta estrecha por la que debemos entrar. Y, cuestiones ascético-morales aparte, ¿qué hay más estrecho que la diminuta Sagrada Forma? La Eucaristía es la puerta estrecha, pasamos por ella al recibir a Cristo y, de inmediato, nos hallamos en la vida infinita del Hijo, en el reino de la Resurrección.

Todo aquel que comulga con fe profunda, amorosa, es un resucitado. Vive ya en esa dimensión vital divina: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna", afirmó el Señor para escándalo de sus discípulos.

Me pregunto, ¿por qué no tenemos cara de resucitados al salir de Misa? Porque no tenemos fe. "Señor, aumenta nuestra fe". Esa sonrisa perenne y pura de resucitados, ¿dónde la guardamos?

Sí, se recibe al Señor en la Comunión. Pero yo creo que, más bien, nos recibe Él en su morada santa, a través de Él mismo como Camino -seguirle-, Verdad -su Palabra- y Vida -la Sacratísima Comunión-. 

POST SCRIPTVM: Consideren este postulado de la física: "En física, un agujero de gusano, también conocido como puente de Einstein-Rosen, es una teoría, característica topológica de un espacio-tiempo, descrita en las ecuaciones de la relatividad general, que esencialmente consiste en un atajo a través del espacio y el tiempo. Un agujero de gusano tiene por lo menos dos extremos conectados a una única garganta, a través de la cual podría desplazarse la materia. Hasta la fecha no se ha hallado ninguna evidencia de que el espacio-tiempo conocido contenga estructuras de este tipo, por lo que en la actualidad es solo una posibilidad teórica en la física."  

¿No es esta una "puerta estrecha" en el universo? Afortunadamente, los científicos actualmente reconocen que no lo saben todo, ni mucho menos.

 

 

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