Viernes, 14 de mayo de 2021

Religión en Libertad

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Libertaddigital y Religión en Libertad

por Alejandro Campoy

Tras iniciar su andadura de la mano de Libertaddigital, el portal Religión en Libertad parece continuar la misma sin el apoyo del gigante liberal en la red. Lo que cualquier navegante puede ver sin ningún género de dudas es la desaparición definitiva del banner que desde el digital de Losantos enlazaba con la web de Rosal. Queda aún un recuerdo en la portada de la sección “Sociedad”, pero parece que se trata de un olvido temporal que será corregido en breve.

Quien busque aquí “noticias” o “chismes” acerca de la desaparecida vinculación entre ambas webs quedará defraudado. No veo motivo alguno para meterme donde no me llaman, y no he preguntado a Álex sobre esta cuestión. Por lo tanto, no sé nada que no sepa cualquier lector de ambas páginas. Sin embargo, lo que sí se encontrará aquí son algunas ideas acerca de porqué hay un ámbito común que las mantendrá paralelas aún en la separación.

En primer lugar, rechazo la crítica facilona que he leído en algunos sitios: Libertaddigital es una web “laicista” y opuesta a todo tipo de creencias, son “ex-rojos” y “ateos”, ahora que han roto definitivamente su vinculación a la COPE se han “quitado la máscara”, y toda esa sarta de banalidades fruto de unos prejuicios calcificados y una ignorancia de fondo de la cuestión. Ignorancia, por cierto, que me afecta también, por lo no voy a entrar en lo que desconozco.

Pero en segundo lugar hay que poner el acento en el ámbito que comparten ambas webs, salvando pequeños detalles relativos a cuestiones más o menos puntuales, y ese ámbito no es otro que el deseo y la necesidad imperiosa de salvaguardar la libertad. Libertad en la que creemos la gran mayoría de católicos y que se establece como referente ineludible del tipo de sociedad que queremos construir y del modelo de convivencia que deseamos defender. Y ésto porque nos ha tocado vivir un tiempo en el que las libertades está amenzadas “de facto” y “de iure” no sólo en España, sino en todo el mundo.

Un tiempo en el que asistimos a una gigantesca operación de ingeniería social cuyo objetivo es la subversión de los valores indentitarios de todo Occidente, un tiempo en el que la tarea primordial es dar la batalla contra esa gigantesca operación en todos los ámbitos, siendo quizás el principal el ámbito de la cultura, un tiempo en el que se busca un tipo de hombre conformado a unos estereotipos que permitan su fácil manipulación y la anulación de su capacidad de análisis, razonamiento y crítica, un tipo de hombre al que se le dicta lo que ha de opinar y pensar, al que se le dirige en todos los ámbitos que configuran su vida social e incluso privada.

Y de todas las libertades y derechos civiles, la que en mayor medida está amenazada es aquella que tiene que ver precisamente con lo que los hombres piensan y creen, la libertad de conciencia, ideológica, de creencias y convicciones. Si es cierto que la igualdad ante la ley no es más que una quimera ya en España, que la libertad de expresión encuentra limitaciones indirectas casi imposibles de superar, que la libertad de enseñanza no es más que una bonita palabra desprovista de contenido real y que la libertad de empresa está supeditada al capricho de un cúmulo de administraciones públicas superpuestas, no es menos cierto que es la libertad de creencias el primer objetivo de los ingenieros sociales, que se concreta en España en un ataque masivo contra la Iglesia Católica.

Y es por esta razón por la que todos los que luchan por la salvaguarda de la libertad en España deben sentirse comprometidos en la defensa de la libertad de creencias muy en primer lugar, pues es la palanca que se está utilizando para la subversión general de las mentalidades colectivas, con el objetivo final de producir individuos que renieguen de su propia libertad y pasen de este modo de ser ciudadanos soberanos a ser siervos complacientes.

Y es por ésta razón también por la que los católicos no podemos por menos que sentirnos comprometidos en esta lucha por las libertades, pues es nuestra propia libertad la que se juega en un primer momento, lo cual nos impone un necesario ejercicio de reciprocidad y de afirmación de la libertad ajena en los mismos ámbitos en los que reclamamos la nuestra: en el derecho a educar según las propias convicciones, en el derecho a manifestar las creencias y a realizarlo en la vida pública y en el derecho a la objeción de conciencia entre otros muchos más.

Y finalmente, es por esta razón por la que los católicos debemos aparecer en primera fila en la defensa de una sociedad abierta y plural, en la que todos tengamos cabida bajo el amplio paraguas de la libertad, superando de una vez por todas las viejas rémoras de un catolicismo oficial y generalizado, de un estado confesional obsoleto y poco acorde no sólo con la realidad social sino con un Evangelio en el que se pide dar a Dios lo de Dios y al César lo del César.

Y es por esta razón por la que Libertaddigital y Religión en Libertad siempre navegarán en un mismo barco, remando sus tripulaciones en un rítmico compás que haga avanzar la nave en una sóla dirección con rumbo recto y cierto. Las creencias particulares de cada uno aparecen como irrelevantes cuando lo que está en juego es tanto la propia libertad como la del compañero de viaje.


 


 

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