Miércoles, 28 de octubre de 2020

Religión en Libertad

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Orar es posible

¿Por qué voy a orar?

por Dentro, muy dentro de ti

2.a. ¿Por qué voy a orar? ¡Qué necesidad tengo!

Orar es vivir, porque pone en relación y comunión envolvente con Dios y los demás. ¿Te preguntas por qué vive? Orar es amar gratuitamente, porque se trata de acoger el amor divino y darse a él. ¿Te preguntas por qué amas? Orar es respirar en profundidad con el corazón, habitado por la Vida y el Amor de Dios Trinidad. ¿Te preguntas por qué respiras? O ¿qué tienes dentro del corazón? Todo eso es normal, es vital; es cristiano; es gozar de salud espiritual y de ardor apostólico; es estar y aprender a estar disponible para “en todo amar y servir”, que dice san Ignacio de Loyola, a Dios y a los hermanos.

Por lo que es, este servicio de oración, -es decir, el que tú y yo hagamos oración-, nos hace vivir, ser y amar y nos enseña a servir en todo y a todos. ¿Es esto poca cosa? He aquí un servicio cristiano cualificado, si los hay. Tanto más que servir a Dios es reina, y servir al hermano, también con la oración, es hacerlo capaz de reinar.

Así fue para Jesús, el Señor. También para sus mejores seguidores. Escribe santa

Teresa: “Para esto es la oración; de esto sirve…: de que nazcan siempre obras, obras”. (Moradas Séptimas, c.4,n.6). Si quieres ser cristiano y apóstol…,¡ya sabes!

¿Por qué orar? ¿Y por qué dos personas que se quieren deben encontrarse, escucharse…, donarse? En estos casos no es que las preguntas sean difíciles. Son inútiles. Cuando uno busca razones para amar, es que no quiere amar o tiene miedo de hacerlo. Pues bien, o entramos en la lógica del amor, o no entendemos nada de oración.

Quien no ora considera superflua la oración. Quien ora considera superfluas las razones del orar. Hay que orar para “ver”, “entender”, “gustar” en fe. ¿Te animas?

Con razón se ha llegado a decir: Si uno, antes de lanzarse a la aventura de la oración,  pretende aclarar todas las dudad, resolver todas las cuestiones…, estar equipado con fórmulas justas adaptadas a todos los usos, tener garantía de las ventajas y resultados, no partirá nunca. A lo mejor pasa toda la vida leyendo libros sobre oración, y teóricamente la conoce…, pero resultará sustancialmente extraño a ese mundo.

¿Por qué orar? ¡Qué necesidad tengo! Existen hoy muchos signos nuevos de la búsqueda de Dios. Hay quienes buscan (pues existen), lugares de oración, clima de silencio y recogimiento que les permita un encuentro más vivo con el Dios vivo. Eso está significando que la sed de Dios que llevamos dentro, no llega a ser saciada si no es en el encuentro interpersonal, íntimo y confidencial de amor entre Dios presente en mí y yo presente a Él. Y todo eso, en gratuidad amorosa. Porque Él es Él: mi Dios y mi todo. Y yo su criatura frágil e inconsistente, pero hijo amado en quien se complace y regala. Mi felicidad está ahí. Mi fecundidad cristiana, también.

¿Será necesario más para orar y poner en mi corazón y en mi vida un fuego ardiente que purifica y transforma el Cuerpo de Cristo que somos y el mundo todo que vivimos? Tenemos responsabilidad en ello. No queda más que empezar. Lo demás es cosa del Señor. ¿Te decides? ¡Mira que tienes, y tenemos, necesidad! Piénsalo bien…

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