Sábado, 21 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

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Resurrección con el Papa Francisco

La Resurrección afecta a las personas como afectó a la persona de pertenecen Jesús. Las entidades religiosas resucitan si las personas que a ellas han resucitado.
   Desde esta perspectiva, el discurso del Papa en su visita a Nápoles me parece emblemático. Al encontrarse con los sacerdotes y consagrados de la diócesis, les dijo, al comenzar, que el discurso preparado, selo entregaba al Obispo. Lo leerían en boletín diocesano. Sus palabras, improvisadas dicen las crónicas, son de un valor incalculable. Son:
 
  • Su experiencia religiosa y sacerdotal.
  • Implican una resurrección personal en los sacerdotes y consagrados.
No existe resurrección de la Iglesia sin resurrección de sus miembros. Esto nos afecta a todos los cristianos con los matices correspondientes.
   Una resurrección personal implica colocar a Jesús en el centro de nuestra vida. “El centro de la vida debe ser Jesús. Si el centro de la vida- exagero… pero sucede en otros sitios, en Nápoles seguramente no- está en el hecho de que yo estoy en contra del Obispo o en contra del párroco o contra otro sacerdote, toda mi vida estará invadida por esa lucha. Y esto es perder la vida. No tener una familia, no tener hijos, no tener amor conyugal, que es tan bueno y tan hermoso, para acabar peleando con el obispo, con los hermanos sacerdotes, con los fieles, con<>, esto no es un testimonio. El testimonio es Jesús. El centro es Jesús. Y cuando el centro es Jesús están, de todos modos, estas dificultades, están en todos lados, pero se afrontan de distinta forma. En un convento tal vez la superiora no me gusta, pero si mi centro es la superiora que no me gusta, el testimonio no funciona. Si centro en cambio es Jesús, rezo por esa superiora que no me gusta, la tolero y hago todo lo necesario para que los demás superiores conozcan la situación. Pero la alegría no me la quita nadie: la alegría de ir tras Jesús. Veo aquí a los seminaristas. Os digo una cosa: si vosotros no tenéis a Jesús en el centro, postergad la ordenación. Si no estáis seguros de que Jesús es el centro de vuestra vida, esperad un poco más de tiempo, para estar seguros. Porque, de lo contrario, comenzaréis un camino que no sabéis cómo acaba”.
   Desde Jesús como centro, el Papa deriva a otras realidades. Puedo estar seguro de caminar siempre con Jesús si tengo un cariño especial a la Virgen María. “Un sacerdote, un religioso una religiosa que no ama a la Virgen, que no reza a la Virgen, dría también que no reza el rosario… si no quiere a la Madre, la Madre no le dará al Hijo”.
   Llama después al espíritu de pobreza. El dinero nos condiciona en el trato de las personas. A esta persona le debería decir algo pero no se lo digo porque es un benefactor de la Parroquia o de la diócesis. Por dinero se hacen diferencias entre las personas. “Un sacerdote puede tener sus ahorros, pero no el corazón el ello, y que sean ahorros razonables”.
   No olvidar las obras de misericordia. Las hemos olvidado. Las practican las ancianas de nuestras parroquias sin meter ruido. Muchos niños no saben hacer la señal de la cruz. Si cerca de mi casa hay una persona enferma y no la visito por ver la telenovela y el partido de fútbol “no está bien”.
   Corremos el peligro de la <> cuando nos contagiamos del espíritu del mundo en nuestras casas. Frecuentemente destruye la fraternidad que debe existir entre los religiosos y entre los sacerdotes. Quitar habladurías. “El terrorismo de las habladurías, porque quien murmura es un terrorista que tira una bomba, destruye permaneciendo fuera…Las habladurías destruyen y son el signo de que no hay fraternidad”. Esto fomenta la alegría. “Cuando no hay alegría, hay algo que no funciona… Sin alegría no atraes hacia el Señor y el Evangelio”.
   Termina el Papa con párrafo precioso que sintetiza su pensamiento que puede ser el proyecto de una auténtica resurrección personal: “Primero la adoración. <> - <> Pido doy gracias, alabo al Señor. Pero, ¿adoras al Señor? Hemos perdido el sentido de la adoración a Dios: es necesario retomar la adoración a Dios. Segundo: tú no puedes  amar a Jesús sin amar a su esposa. El amor a la Iglesia. Hemos conocido muchos sacerdotes  que amaban a la Iglesia y se veía que la amaban. Tercero, y esto es importante, el celo apostólico, es decir la misionariedad. El amor a la Iglesia a darla a conocer, a salir de ti mismo para ir fuera a predicar la revelación de jesús, te impulsa también a salir de ti mismo para ir hacia la trascendencia, es decir la adoración. En el ámbito de la misionariedad creo que la Iglesia debe caminar un poco más, convertirse más, porque la Iglesia no es una ong, sino la esposa de Cristo que tiene el tesoro más grande: Jesús. Y su misión, su razón de existir es precisamente esta: evangelizar. Es decir, llevar a Jesús. Adoración, amor a la Iglesia y misinariedad. Estas son las cosas que me sugieren espontáneas”.
 
  
 
 
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