Miércoles, 12 de agosto de 2020

Religión en Libertad

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¿Qué nos dicen los evangelios sobre la presencia de María al pie de la cruz?

por En cuerpo y alma


 
            La cercanía de María respecto de su hijo en el momento de la crucifixión es un tema muy consolidado en la tradición cristiana. Sin embargo, nos sorprendería la presencia tan escasa y pequeña que la misma encuentra en los evangelios.
 
            El único evangelista que recrea la presencia de María al pie de la cruz es precisamente el último de ellos, Juan, que no nos cuenta dónde estaba María antes de ser crucificado su hijo, ni lo que hace después de expirar Jesús, ni durante su descendimiento de la cruz, ni mucho menos cuando dos días después (tres en la manera en que contabilizan los judíos, a saber, contando también el día en el que tiene lugar el evento), Jesús se aparece resucitado a una serie de personas más o menos allegadas a él, pero sí nos da cuenta del siguiente evento:

 
Virgen María y San Juan ante la cruz.
Roger Van der Weyden (1460).
          Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dice al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’ Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn. 19, 25-27).
 
            ¿Quiere ello decir que si Juan no hubiera escrito el Cuarto Evangelio unos treinta años después de escribir el suyo sus colegas llamados sinópticos, nada sabríamos ni podríamos decir de la presencia de María en los eventos que tienen como desenlace su enclavamiento en una cruz?
 
            Puede que no tanto. Amén de esta cita expresa de Juan, existen unas citas absolutamente enigmáticas que debemos ambas a la pluma del segundo de los evangelistas, Marcos, en las que habla de una “María la de Joset”:
 
            María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto [el cadáver de Jesús]. (Mc. 15, 47).
 
            Más allá de que parece bastante lógico y más que aceptable que María, la madre de Jesús, de haberse hallado efectivamente junto a él en trance como el de su crucifixión, tratara de seguir la pista del cuerpo de su hijo una vez muerto, “María de la Joset”, vale decir, “María la de José”, es una identificación que encaja perfectamente con la que de la Virgen María conocemos por Mateo y por Lucas, aunque en honor a la verdad, llame algo más la atención en un evangelista que, como Marcos, no sólo no escribe evangelio de la infancia, sino que no se refiere ¡¡¡ni en una sola ocasión!!! a la figura de José, el padre de Jesús -a no ser, claro está, que “ese” padre de Jesús sea precisamente “este” Joset-, ni siquiera cuando en un episodio que recoge su colega Mateo y éste dice de Jesús ¿no es éste el hijo del carpintero [vale decir, “de José”]?” (Mt. 13, 55), en Marcos se transforma en un bien diferente ¿no es éste el carpintero, el hijo de María?” (Mc. 6, 3) (pinche aquí para conocer lo que sobre la paternidad de José dice Marcos).
 
            Marcos mismo aporta otro dato que podría estar “buscando” a María entre las personas que acompañan a Jesús en la cruz, mientras al mismo tiempo, nos estaría aportando valiosa información sobre aquella “María la de Joset”:
 
            ”Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas, María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset” (Mc. 15, 40).
 
            Un pasaje que interacciona claramente con otro que recoge el propio Marcos, cuando nos cuenta lo que, cosa así de un año antes, acontece cuando Jesús, con su ministerio ya iniciado, decide hacer acto de presencia en su Nazaret natal:
 
            Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón?” (Mc. 6, 1-3).
 
            En el que observamos una semejanza algo más que notoria entre esa Maríamadre de Santiago el menor y de Joset” de Mc. 15, 40 que “mira desde lejos”, que con toda probabilidad es la misma que intenta conocer el paradero del cuerpo de Jesús, y que, consecuentemente, debió de hallarse también al pie o cerca de la cruz (aunque el evangelista nada diga al respecto), y esta María de Mc. 6, 3 de quien es hijo “el carpintero” (vale decir, Jesús) el cual es, a su vez, hermano de Judas y de Simón sí, pero también de Santiago y de Joset, exactamente igual que la María de Mc. 15, 40 (pinche aquí para conocer un poco más sobre los “hermanos” de Jesús).
 
            Dos preguntas, pues, a modo de resumen: primera, ¿nos está relatando Marcos, al igual que Juan, una presencia de María en los eventos relacionados con la condena a muerte y ejecución de su hijo, e incluso al pie de la cruz? Segunda, si efectivamente lo está haciendo, ¿por qué de una manera tan extraña y tan críptica? 
 
            En fin, amigos, poco más por hoy, a no ser desearles que, como siempre, hagan Vds. mucho bien y no reciban menos. También, o precisamente, tal día como hoy, jueves santo.
 
 
            ©L.A.
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