Lunes, 26 de julio de 2021

Religión en Libertad

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Relativismo fundamentalista. Fundamentalismo relativista.

por Estamos en Sus Manos

Suele decirse que los extremos se tocan. Y pasa exactamente igual con el fundamentalismo y con el relativismo. Quiero definir los términos que titulan este post para llegar al fondo del por qué escribo esto.

 

1. Relativismo fundamentalista. El relativismo dice que “todo es relativo”. Al decir esto, quiere decir que todo es relativo, menos la frase “todo es relativo”, que en sí misma pretender ser absoluta y no relativa. De hecho, el relativismo se acaba convirtiendo en un fundamentalismo que defiende que el relativismo es absoluto. Esto hace que se persiga, multe, calumnie y destruya a todas las posturas que no son relativistas, que pretenden ser absolutas. Se podría definir como “todo es relativo, menos lo mío”.

 

2. Fundamentalismo relativista. El fundamentalismo dice: “lo mío es lo único verdadero”. Al decir esto, quiere decir que todo lo que no es lo mío no es verdadero, es falso, y por lo tanto se puede relativizar. De hecho, el fundamentalismo acaba considerando todo lo que no es una verdad de sus creencias como relativo. Esto hace que persiga, multe, calumnie y destruya a todas las posturas que no comparten su fundamentalismo. Se podría definir como “todo es relativo, menos lo mío”.

 

Y escribo esto, porque si entre los jóvenes cristianos de hoy hay un gran peligro de relativismo, no lo hay menos de fundamentalismo. Ayer mismo hablaba con un grupo de jóvenes de lo peligroso que es rechazar algo de plano sólo porque su origen no es cristiano. En concreto hablábamos de la psicología, un instrumento precioso de sanación interior que ayuda a millones de personas a vivir una vida sana, aunque sea sin ninguna referencia religiosa. La psicología es algo que la New Age está colonizando poco a poco, y está consiguiendo que dentro de la psicología se introduzca su propio lenguaje. No es extraño oír hablar a psicólogos de “energías” o de “regresiones”, o incluso de “viajes fuera del cuerpo”. Todo ello son fenómenos psíquicos, comprensibles desde una psicología de corte científico, sin alusión ninguna a ningún tipo de religiosidad; pero que se están tiñendo de un lenguaje pseudo-religioso, no está claro si intencionadamente o sin querer. Ciertamente es necesario purgar la psicología de todo ese lenguaje y esos conceptos esotéricos y nada científicos, y reclamarla como un patrimonio de toda la humanidad, y no sólo de esa corriente de pseudo-espiritualidad. Pero en cualquier caso, esos métodos psicológicos ayudan mucho a mucha gente a unificarse y a mejorar su salud y su vida psíquica, laboral y familiar.

 

Un cristiano fundamentalista podría rechazar de plano en bloque escandalizadamente todo método psicológico que no brote de la Iglesia, o que al menos no haga referencia al cristianismo como única verdad absoluta. Quizá podría esgrimir que tal o cual método psicológico brota de la New Age, o que la ha fundado un psicólogo anticristiano; o peor aún, que la psicología no es necesaria porque Dios lo puede todo y lo hace todo, y no hay que recurrir a cosas que no sean de la Iglesia (cayendo así en una herejía quietista de corte psicologicista). Y esto sería un error parangonable a aquellos cristianos medievales que, escandalizados, rechazaban el heliocentrismo como una herejía, o las prácticas médicas como brujería. A esos cristianos hoy el mundo les mira con una sonrisa burlona, pensando: “ignorantes…”.  Y también nosotros. Cuidado, no sea que con ciertas cosas nos llegue a pasar lo mismo con el correr del tiempo…

 

Evidentemente, con esto no quiero decir que todo dé igual. Los que me conocen difícilmente me tacharían de relativista… Hay límites que no se deben cruzar, y verdades a las que no se puede renunciar. Un cristiano jamás recurrirá a “energías” que se hacen presentes a través de “invocaciones” porque ya sabe quién puede aprovecharse de eso para hacer de las suyas. Jamás renunciará a creer que la Santísima Trinidad es el único Dios verdadero, y que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Pero tampoco negará que hay elementos de verdad y medios de salvación en otras confesiones cristianas y en otras religiones – como define el Magisterio de la Iglesia –, y no tendrá reparo en reconocerlos y agradecerlos, sabiendo que todo ello impele hacia la verdad plena, que se encuentra en la Iglesia Católica – como define el Magisterio de la Iglesia –.

 

Tanto frente al relativismo como frente al fundamentalismo, opongo la misma frase de San Pablo en 1 Tes 5, 24: “Examinadlo todo, y quedaos con lo bueno”. Un relativista examinaría todo menos lo que no le apeteciera, y se quedaría con todo menos con lo que no le gusta. Un fundamentalista no examinaría mas que lo suyo y pensaría que sólo lo suyo es lo bueno. Un cristiano haría exactamente eso, examinarlo todo quedándose con lo bueno, que es un reflejo de la verdad de Dios, presente en toda su creación. San Justino hablaba de las semillas del Verbo: si Dios ha creado todo, en todo hay semillas de su verdad que impulsan a los hombres a la verdad plena. San Justino dice sin reparos, hablando de las verdades que los filósofos no cristianos descubrían con acierto, “todo lo que ellos han dicho correctamente nos pertenece a nosotros, los cristianos” (2 Apol 13). Podemos afirmar lo mismo de cualquier ciencia, incluida la psicología. Si ella descubre algo verdadero, no es otra cosa que una huella de la verdad que Dios ha dejado impresa en la creación, y que es expresión de la verdad plena que es Él mismo.

 

Así pues, ni relativismo, ni fundamentalismo. Amor a la verdad y sentido común. Ni tragarse todo como un tragabolas ni rechazar de plano lo que no es “de los nuestros”. Estar en el mundo sin ser del mundo. No cerrarse en posturas que son una parte del rico carisma de la verdad, que en plenitud habita en la Iglesia Universal, y no sólo en una parte de ella; pero que también tiene huellas, semillas y vestigios en otras religiones y en la ciencia. Lo aviso: el fundamentalismo vuelve a llamar a la puerta de nuestras jóvenes generaciones. Estamos a tiempo de difundir el suave aroma de la verdad desde el testimonio y la comprensión, y no desde el miedo y el rigor. Sin renunciar un ápice a la verdad, la que en plenitud reside en la Iglesia Católica, y participadamente en todas las realidades de la creación. Termino con una frase del último papa Santo que pisó nuestra querida España, San Juan Pablo II. La dijo justo antes de marcharse, en las palabras improvisadas de la plaza de Colón. “La verdad no se impone, se propone”. ¿Un aviso profético...?

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