Jueves, 05 de agosto de 2021

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¿Exterminio "católico"... o exterminio "canadiense" más bien?

¿Exterminio "católico"... o exterminio "canadiense" más bien?
John A. McDonald, premier canadiense, autor de la política canadiense de asimilación forzosa de indígenas

por En cuerpo y alma

  

            Conocerán Vds. la noticia: son ya casi mil los cadáveres de niños indígenas aparecidos en Canadá, muertos a muy temprana edad y enterrados en los internados en los que se hallaban ingresados desde la creación del sistema de internados indígenas a partir de 1867. Primero fueron 215 infantes cerca de la ciudad de Kamloops, en el sur de la provincia de Columbia Británica. Luego, 751 en el internado indígena Marieval, que funcionó de 1899 a 1997, 135 kilómetros al este de Regina, la capital de Saskatchewan.

             El enfoque de la noticia no ha sido otro que el que cabía esperar dados los tiempos que corren. Sin esperar ni a conocer las circunstancias en las que esas muertes se produjeron, ni tampoco cuántos centros se han podido ver involucrados en los sucesos, repito, insuficientemente esclarecidos, los titulares son todos de esta índole: “Aparece un número indeterminado de niños indígenas enterrados en colegios e internados CATOLICOS”. Con las consecuencias del todo imaginables: Colón, descubridor de América y católico él mismo, es culpable; los que le acompañan, católicos igualmente y españoles todos, también… conclusión (a la que se llegará más pronto que tarde), España es culpable... ahora también en Canadá...

             Yo les voy a ofrecer otro enfoque posible, tan posible que es bastante más acertado: “Aparece un número indeterminado de niños indígenas enterrados en colegios e internados CANADIENSES”. Porque, como vamos a ver, lo verdaderamente esencial al asunto no es que la evangelización haya sido católica, protestante o hinduísta. Lo verdaderamente significativo es que haya sido española, francesa o anglosajona, o, ya posteriormente, norteamericana o canadiense.

             Por lo que se refiere al caso canadiense que ahora nos ocupa, las cosas ocurrieron de la siguiente manera: cuando en 1867 Canadá se independiza del Reino Unido -y eso que siempre mantendrá una sumisión nominal y simbólica a la monarquía británica, hasta el punto de que incluso al día de hoy, la Reina de Inglaterra sigue siendo el Jefe del Estado- la primera decisión que toma el primer premier que se otorga el país, John Alexander McDonald (por cierto, escocés de nacimiento, protestante y masón), es la política de asimilación forzosa de los indígenas, para lo cual se valdrá de instrumentos tan eficaces y "edificantes" como las hambrunas provocadas, las ejecuciones arbitrarias y, sobre todo, para cuanto tiene que ver con los niños, el que se dará en llamar Canadian Indian Residencial School System (Sistema canadiense de escuelas residenciales para indios). Un sistema educativo vigente hasta 1997 y por el que, según se calcula, han podido pasar hasta 150.000 niños indígenas literalmente arrancados de sus familias a la fuerza.

             En 1876, el segundo premier de la historia de Canadá, Alexander Mackenzie, también escocés de nacimiento, también protestante, también probablemente masón, para la suficiente claridad del sistema legal sobre el tema, funde todas las leyes de su predecesor en la que da en llamar la Indian Act (Ley de Indios), vigente aunque reformada hasta el día de hoy.

             El resultado de todas estas políticas combinadas no es otro que el que es: una minoría indígena canadiense que apenas alcanza un 4% de la población total del país, y lo que es aún más significativo, un exiguo 1% de mestizaje.

             Cifras que, -asómbrense Vds.-, ¡aún son de alabar!, si las comparamos con las del todopoderoso vecino meridional de los canadienses, los Estados Unidos de Norteamérica, donde el índice de indios puros apenas supera un 1% de la población, y donde el mestizaje es prácticamente inexistente.

             Compárense ahora estas cifras a las que son producto de la colonización española, con estructuras demográficas como la mejicana, 20% de indios puros y aún más revelador, 70% de mestizaje; la boliviana, 54% de indios puros, 32% de mestizaje; la paraguaya, 75% de mestizaje; o la ecuatoriana, 6,5% de indios puros, 65% de mestizaje, por tomar tan solo algunos ejemplos significativos. Países, todos ellos, donde la presencia española superó los dos siglos y medio, rozando los tres en casos como el de Méjico, más del doble, por lo tanto, de lo alcanzado por franceses o anglosajones en el mismo continente.

             Cuando en el año 2015 Francisco viajó a Bolivia, pidió perdón a los indígenas bolivianos “por los errores de la evangelización”, que es lo mismo que decir "por los errores de la evangelización española", porque en Bolivia, como es notorio y conocido, no hubo otra evangelización (tampoco, por cierto, la “vaticana o pontificia”). Honestamente, no le debió de resultar nada complicado a Francisco el farol, ante una audiencia que era indígena en porcentajes cercanos al 80%, y a nadie le amarga que le pidan perdón, aunque no sepa muy bien ni por qué.

             Dos meses después, el Papa estaba en Estados Unidos. Allí, esta vez, no pidió perdón “por los errores de la evangelización”. Y aunque hiciera exactamente lo contrario que en Bolivia, tampoco en este caso debió de resultarle muy complicado "el truco": en su audiencia, y por el contrario de lo ocurrido en los países evangelizados por España, no había un solo indígena. Habían sido exterminados por sus colonos anglosajones.

             Dicho todo lo cual, no caigan Vds. en la trampa. En el caso de Canadá no se trató de la evangelización “católica”, puesto que hubo otra evangelización católica infinitamente más importante en el mismo escenario americano que se comportó de manera bien diferente. Se trató de la evangelización “canadiense”, puesto que toda la evangelización canadiense sí siguió un mismo patrón, marcado por la autoridad competente para hacerlo, la civil, entiéndase bien, la civil (plagadita, por cierto, de protestantes y masones). Y en todo caso, y curiosamente, de manera más parecida a la que, no excesivamente lejos, lo hacían otros que tampoco eran católicos: sus meridionales vecinos estadounidenses, en su práctica totalidad protestantes.

             Y con esta noticia, bastante triste hoy, me despido por hoy, no sin desearles como siempre que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

 

 

 

            ©L.A.

            Si desea ponerse en contacto con el autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es. En Twitter  @LuisAntequeraB

 

 

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