Lunes, 18 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

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Amar más es mérito del que ama que del que es amado

por En cuerpo y alma


 
            ¿Se lo han preguntado alguna vez? Cuando una persona ama a otra en la concepción más alta del amor, ¿el amor se produce porque alguien es capaz de brindar amor, o porque alguien se merece recibir ese amor? En otras palabras, ¿el amor es algo que se da, o es algo que se merece?
 
            Pues bien, en mi opinión, hay más de lo primero que de lo segundo, aunque a algunos pueda parecer impropio, y desde luego, sea injusto. Y es que, por desgracia, existe a menudo muy poco mérito en ser amado, y con frecuencia son muy amadas personas que no lo merecen tanto como otras que, mereciéndolo mucho más, no lo son tanto, lo que quiere decir que se es amado por razones que son absolutamente ajenas a la bondad o a las calidades intrínsecas.
 
            Y eso es así porque hay personas que son capaces de amar mucho, verdaderos “productores de amor” que lo brindan tanto a personas tan capaces como ellas de “producir amor” como a personas incapaces de hacerlo, las cuales, por un mero golpe de suerte, el que consiste en tropezarse en la vida con estos “productores de amor”, son muy amadas, aun cuando no lo merezcan.
 
            No tengo que salir de mi más próximo entorno para constatar que ello es así. Yo mismo he visto a las personas más buenas del mundo, las que más amor habían dado a cuantos les rodearon, morir en la soledad absoluta, olvidados de todos o de casi todos… hasta de sus hijos, que recibieron más amor del que merecían y devolvieron mucho menos del que adeudaban.
 
            Y he conocido también a personas que hicieron mucho mal pero se lo hicieron a personas muy buenas, que no por el mucho mal que de ellas recibieron, no optaron por pagar con la misma moneda, y bien al contrario, a su lado estuvieron cuando fueron necesitadas o cuando, simplemente, les fue permitido.
 
            En efecto, amar es mérito del que ama, no del amado. O en otras palabras, el mérito radica en amar, no en ser amado; en dar amor, no en recibirlo. Y es que al fin y al cabo, y una vez más (ya nos explayamos en su día sobre el tema)… ¿quién ha dicho que la vida sea justa?
 
            Y bien amigos y a pesar de todo lo dicho, o precisamente más que nunca a causa de todo lo dicho… que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. También hoy. Hasta mañana.
 
 
            ©L.A.
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