Lunes, 17 de enero de 2022

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¡Viva Cristo Rey! - Beato José Polo (y 2)

por Victor in vínculis

Con estas palabras en sus labios, como en el caso de los miles de mártires de nuestra persecución religiosa española, moría el beato José Polo Benito. Ofrecemos, en esta solemnidad de Cristo Rey del Universo, la segunda parte de la vida y martirio del Deán de la Catedral de Toledo.


Apuntes hagiográficos

José Polo Benito nació en Salamanca, en la portería del palacio de Almarza, a las dos de la tarde del 27 de enero de 1879. Era hijo de Juan Antonio Polo González, oficial de la fábrica de jabón, natural de los Villares de la Reina (Salamanca), y de Ventura Benito Ruano, nacida en Santa Olalla, de Salamanca.

Estudia en el seminario de Salamanca los cuatro años de latín y 1º de filosofía. Continúa en Ciudad Rodrigo 2º, 3º y 1º de filosofía y teología. Vuelve a Salamanca el año 1897 para seguir la teología y los cánones. Termina el doctorado en teología y en cánones. Recibió la ordenación sacerdotal en la segunda semana de la Cuaresma de 1904, en Salamanca.

Su actividad pastoral comienza como coadjutor de Sancti Spiritus, de Salamanca, en 1904; y en 1905, ejerce como catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, y es capellán de las religiosas franciscanas de la ciudad; en 1907 es secretario de cámara del obispado; en 1908, canónigo y examinador sinodal. Marcha a Plasencia como maestrescuela de aquella catedral, en 1911; y fue secretario del Gobierno Eclesiástico, sede vacante, y administrador de fondos diocesanos, en 1912; deán de la catedral, en 1918; gobernador eclesiástico, sede vacante, en 1913; finalmente, Deán de la catedral de Toledo el 25 de enero de 1923.



Don José Polo Benito trabajó apostólicamente en Plasencia a favor de las Hurdes con innumerables obras sociales. En la posguerra europea, en su propio domicilio de la calle Santa Ana, establece las cocinas de caridad para socorrer a las familias necesitadas.

Interviene en varios congresos y asambleas, siendo notable su intervención en el Congreso Eucarístico Internacional de Viena.

Ya Deán de Toledo, en plena madurez, se aplicó a reanimar la vida religiosa de la catedral, y predica dentro y fuera de Toledo, y escribe en periódicos y publica obras, etc. Ingresó en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, el 5 de abril de 1925.

Siendo todavía estudiante, y como tanto se habían ya destacado sus condiciones de escritor y polemista, fue encargado, por el obispo salmantino padre Cámara (monseñor Tomás Jenaro de Cámara y Castro), de la dirección de “La Semana Católica”, de aquella capital, y en cuyas columnas hizo notabilísimas campañas, entre ellas, la relacionada con la actitud de los católicos españoles en la política nacional, asunto que tanto apasionó los ánimos, interesándose en su discusión la prensa de todos los matices.

Otro obispo insigne, el de Plasencia, monseñor Francisco Jarrín y Moro, llamado el “Apóstol de las Hurdes”, le asoció a su apostólica empresa para la colonización de aquella inculta comarca extremeña, y en la que Don José mostró una notable actividad. Por espacio de cinco años dirigió la revista “Las Hurdes”. Organizó el “Congreso Nacional Hurdanófilo”, celebrado con gran éxito en Plasencia. Fundó y dirigió el periódico placentino “Regional”, que fue uno de los más admirablemente hechos en esa región. En este periódico apareció bien pronto el hombre social, el que poseía visión completa de esta cuestión con todas la realidades dolorosas y con todas sus dificultades innumerables y el que sentía arder dentro de sí la llama del celo, para compadecerse de aquellas y agitarse el espíritu del apóstol para no arredrarse por ninguna de estas.

Con estas labores de prensa y propaganda simultaneaba la ardua del gobierno de la diócesis, que compartió durante varios años como secretario de Cámara del obispo de Plasencia, cargo en el cual manifestó toda la diligencia y prudencia que tan delicadas funciones requieren.

Su laboriosidad e inteligencia se han destacado también en varios Congresos y Asambleas, siendo notable su intervención en el Congreso Eucarístico Internacional de Viena, en el Congreso Social de las Asociaciones del Norte, celebrado en Plasencia; en la Asamblea de la Buena Prensa, en Zaragoza, y después en el Congreso de Previsión Social, de Barcelona, en el que resaltó la autoridad de su doctrina y de su experiencia, con admiración y aplauso de todos los congresistas.

Ya en la ciudad de los Concilios alcanzó, si cabe, mayor riqueza de matices y aún intensidad mayor la vida del Deán. Algo hemos apuntado con relación a la catedral, pero no era Polo Benito de los que se limitasen a la unilateralidad, así trascendió pronto su esfera de acción de los muros catedralicios, y se extendió a la Real Academia de Bellas Artes y ciencias Históricas; al Instituto Nacional de Previsión, donde fue elegido vicepresidente del Consejo del Patronato de Previsión; a la Comisión Provincial de Monumentos, de la que era presidente, y todavía pudo ocupar las presidencias de la esclavitud de Nuestra Señora del Sagrario y la dirección de peregrinaciones a Roma y Oriente, cargo en el que se distinguió de forma que mereció recompensas de la Santa Sede, y la Cruz de Oro del Santo Sepulcro de Jerusalén.

A la izquierda, el beato José Polo en la coronación de la Virgen de Guadalupe junto al cardenal Segura. El primero por la derecha es el Deán.

También actuó como asiduo colaborador de periódicos, entre ellos “El Castellano”, “ABC” y “Mundo católico”, así como de la “Prensa Asociada”, y dirigió la revista “Tierra Santa y Roma”. Su pluma fue requerida para honrar las páginas de “La Razón”, de Buenos Aires, y otros periódicos y revistas extranjeros.

Fruto de sus vigilias y desvelos fueron sus libros, entre los que recordamos: “Feminismo social”, “La emigración en Béjar”, “Del periodismo católico”, “El Hogar Jurdano” (laureado con el premio Roel), “Crónica del Congreso Nacional a favor de las Hurdes”, “Plasencia por Jesús Sacramentado”, “El libro del Congreso Internacional Eucarístico” (Crónica del XIII Congreso Internacional Eucarístico) “Las crónicas de un año de acción”, “El problema social del campo de Extremadura”, “Jesucristo vuelve” (páginas de Acción Católica), etc. Además tradujo del alemán dos novelas: “El falso Rembrandt” y “Guerra y Amor”.

Los testigos señalan al siervo de Dios como a un hombre “de fe y piadoso”; gran predicador, daba testimonio de su fe “en la predicación y la celebración de la santa misa, así como en su devoción a la Virgen”, “cabían en él todos los valores humanos y sobrenaturales”.

Los libros de actas del Cabildo catedralicio están llenos de recuerdos, que revelan el cuidado y el afán del Sr. Polo Benito por cumplir los menesteres de su cargo: desde la renovación del baldosado y la construcción del rosario monumental a Nuestra Señora del Sagrario, hasta la restauración de altares y solemnidad del culto, así como (quedó dicho en la primera parte) la fundación de la Cofradía Esclavitud de la Patrona Toledana, nada escapó a la diligencia del famoso deán.

Los asesinos al condenar a muerte a José Polo Benito estaban movidos por el odio a la fe. En efecto, el Señor Deán era muy estimado en Toledo por su cultura, por su personalidad, por su reconocida bondad. Nadie pudo achacarle algún delito y/o mal comportamiento que pudiera dar pie a un encarcelamiento, a la pena de muerte.
 
Dónde venerar sus reliquias

El beato José Polo Benito fue asesinado el 23 de agosto de 1936 con otras ochenta personas. Los cadáveres fueron trasladados al cementerio de Nuestra Señora del Sagrario de Toledo, apareciendo el de don José en el tramo 42, número 15, cadáver 6. Fue trasladado al Cementerio de Canónigos, a la entrada a la Basílica de Santa Leocadia, el 1 de febrero de 1941, y colocado en el nicho número 66 de la pared izquierda.

La emoción y sorpresa se conciliaba en todos los que el 21 de septiembre de 2007 participaron de la exhumación de Polo Benito. Presididos por el cardenal primado de Toledo, Monseñor Antonio Cañizares Llovera, se abrió el nicho que durante decenios guardó el cuerpo del mártir.

Junto a los operarios de la Catedral, los médicos forenses se disponían a reconocer los restos, presumiblemente los huesos, que quedasen después de los 71 años transcurridos desde su asesinato. Al abrir el nicho y extraer la caja, se encontraron con la primera sorpresa: el excelente estado de conservación del ataúd. Dentro del féretro  apareció la bandera de España junto a una estola morada. ¡El cuerpo apareció incorrupto! La sorpresa fue mayor, sabiendo como se sabía que el beato José había permanecido por más de 4 años en una fosa común. Para el que no tiene ni idea sobre el tema, el cuerpo tiene aspecto momificado. El término técnico es corificado. Pero en realidad los médicos forenses hablan de incorrupto (¡lengua, cerebro y órgano interiores!).



¡Y su rostro! El rostro del mártir Polo Benito muestra con crudeza el “rigor doloroso”. Al enfrentarse con los milicianos, tras ser ametrallado, se acercaban uno por uno dándoles el tiro de gracia. No fue así con don José. Su cráneo no mostraba ningún agujero de bala. Su rostro fue repetida y salvajemente golpeado… su rostro refleja el martirio.

Su cuerpo revestido con las vestiduras sacerdotales (alba, cíngulo, estola y casulla) fue colocado en el mismo ataúd, y conducido con toda solemnidad al Ochavo de la Catedral de Toledo, donde otrora los fieles se juntaban para escuchar al Deán Polo Benito, santo y mártir.
 
Tras ser beatificado el Cabildo Catedralicio decidió dedicar la Capilla del Sagrado Corazón como Capilla de Mártires. Allí pueden venerarse el cuerpo incorrupto del beato José Polo Benito.
 
En agosto de 2013 publiqué una serie que completa el tema:
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=30572&mes=8&ano=2013
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