Sábado, 07 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

Blog

Señor ¿Cuánto tardarás en venir a socorrer mi torpeza?

Señor ¿Cuánto tardarás en venir a socorrer mi torpeza?

por La divina proporción

Como la cananea, muchas veces nos parece que Dios se ha olvidado de nosotros. Muchas veces miramos al cielo esperando que nuestra voluntad sea la que prevalezca y que nuestros deseos más sinceros se realicen. Pero la Voluntad de Dios es a veces complicada de entender, ya que nos exige que aprendamos a negarnos a nosotros mismos y dar la vida para salvarla. 

A veces, Señor, te siento pasar, pero no te detienes para mí, pasas de largo, y yo te grito como la Cananea. ¿Me atreveré todavía a acercarme a ti? Seguro que sí, los perritos echados fuera de la casa de su amo siempre vuelven a ella, y cuidando guardar la casa, reciben cada día su ración de pan. Echado, aquí estoy todavía; frente a la puerta, te llamo; maltrecho, suplico. Así como los perritos no pueden vivir lejos de los hombres, ¡de la misma manera mi alma no puede vivir lejos de mi Dios! 

Ábreme, Señor. Haz que llegue hasta ti para ser inundado por tu luz. Tú, que habitas en los cielos, te has escondido en las tinieblas, en la oscura nube. Como lo dice el profeta: «Te has arropado en una nube para que no pasara la oración» (Lm 3,44). Me corrompo en la tierra, el corazón como en un lodazal... 

Tus estrellas no brillan para mí, el sol se ha oscurecido, la luna ya no emite su luz. Oigo cantar tus hazañas en lo salmos, los himnos y los cánticos espirituales; en el Evangelio, tus palabras y tus gestos resplandecen como la luz; los ejemplos de tus siervos, las amenazas y las promesas de tus Escrituras de verdad se imponen a mis ojos y vienen a golpear la sordera de mis orejas. Pero mi espíritu se ha endurecido; he aprendido a dormir de cara al resplandor del sol; me he acostumbrado a no ver ya lo que se me pone delante así... 

¿Hasta cuándo, Señor, cuánto tardarás en romper tus cielos, en descender para venir a socorrer mi torpeza? (sl 12,1; Is 64,1). Que yo no se ya más lo que soy..., que me convierta y que, por lo menos, venga al atardecer como un perrito hambriento. Recorro tu ciudad; en parte aún peregrina sobre la tierra, aunque la mayoría de sus habitantes han encontrado ya su gozo en el cielo. ¿Encontraré también yo allí mi morada? (Guillermo de San Teodorico Oraciones meditativas, nº 2) 

Ayer comentaba en una entrada de este blog: Cuando la herramienta se subleva ante el artista, la triste evidencia de que nuestras realidades personales no siempre coinciden con los planes de Dios. Ante aquello que nos puede parecer injusto, sólo podemos actuar con humildad y paciencia. Cuando la unidad está en juego, todas nuestras razones deberían quedar en segundo plano y aceptar, con humildad, que Dios quiere que nuestros talentos fructifiquen de otra forma. La herramienta sufre cuando el artista decide utilizarla de otra forma y no se revela ante la mano que la guarda. 

En los momentos de abatimiento y dolor, la cananea es el mejor ejemplo a seguir. Humildemente ruega al Señor para que atienda sus necesidades. No le exige sus derechos, ni acusa a quienes le han hecho mal. Simplemente se deja en manos de la Voluntad de Dios y espera su misericordia. 

Hoy en día desdeñamos la misericordia de Dios porque vivimos en una sociedad en donde los derechos se exigen gritando y se acusa públicamente a quien nos parece que los vulnera. Todo lo que tenemos proviene de la misericordia de Dios. Nuestros talentos y carismas, son un préstamo del que Dios espera devolución con ganancia. Nada de lo que tenemos lo merecemos por nosotros mismos, ya que todo es don de Dios. 

Rechazamos la misericordia porque parece que no es justa, lo que es un sinsentido. La verdadera misericordia es plenamente justa, de igual forma que la verdadera justicia es plenamente misericordiosa. Esperamos lo que creemos merecer sin reconocer que todo lo que recibimos es don inmerecido de Dios. 

Por eso el lamento que está contenido en el texto del monje Guillermo de San Teodorico es realmente maravilloso: “¿Señor, cuánto tardarás en romper tus cielos, en descender para venir a socorrer mi torpeza?Mi torpeza es merecedora de la misericordia de Dios únicamente cuando la reconozco y la acepto. Ante mi realidad personal, debo aceptar la Verdad que nos une y reúne en torno a Cristo: “las promesas de tus Escrituras de verdad se imponen a mis ojos y vienen a golpear la sordera de mis orejas”. Mi sordera y mi ceguera, es la realidad personal que defiendo ante los demás. Pero la Verdad, que es Cristo, conlleva negarnos a nosotros mismos y cargar con la cruz que el Señor nos ha asignado a cada uno.

5€ Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
10€ Gracias a tu donativo habrá personas que podrán conocer a Dios
50€ Con tu ayuda podremos llevar esperanza a las periferias digitales
Otra cantidad Tu donativo es vital para mantener Religión en Libertad
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit. Ex facilis officia sapiente recusandae neque, asperiores labore numquam dolorum ut, illo provident voluptatibus.
Si prefieres, contacta con nosotros en el 91 594 09 22 de lunes a viernes de 9:00h a 15:30h
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter

¡No te pierdas las mejores historias de hoy!

Suscríbete GRATIS a nuestra newsletter diaria

Si tu nos ayudas, podremos continuar evangelizando con noticias como ésta

DONA AHORA