Sábado, 16 de octubre de 2021

Religión en Libertad

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Testimonio de un católico con tendencias homosexuales

por Estamos en Sus Manos

Os comparto un testimonio de un católico con tendencias homosexuales que se ha puesto en contacto conmigo por las redes sociales. Prefiere permanecer en el anonimato, pero su carta no tiene precio. Gracias por tu valentía.

 

En primer lugar, perdón por el tuteo, padre Jesús, pero es lo que tienen las redes y la Fe, que hacen cercano al lejano. 

En segundo lugar, gracias por la defensa que has hecho en las redes sociales de la doctrina católica sobre la homosexualidad. Te lo dice un joven con tendencias homosexuales. Gracias por hablar, mientras muchos sacerdotes callan, cuando otros intentan aguar y subvertir la Fe y la Moral (que juraron defender) con la excusa de “la acogida”, “el amor”, “el espíritu evangélico”, “la inclusión”... No es cierto que la Doctrina Católica excluye. No es cierto que la Iglesia Oficial me odia, juzga o discrimina por mi orientación sexual. No es cierto que “ciertos sectores de la Iglesia” no me aman y me rechazan. No, no es cierto. 

Lo cierto es que conocer la enseñanza de la Iglesia me ha dado más paz interior y paz conmigo mismo que toda la propaganda “gay-friendly” del mundo. Lo cierto es que siempre que he abierto mi corazón a un sacerdote católico ortodoxo me he sentido acogido, amado y reconocido. 

Lo cierto es que la homosexualidad no es natural (“intrínsecamente desordenada” dice el Catecismo). ¿Cómo va a ser natural una tendencia dirigida a un fin contrario al diseño biológico de la sexualidad humana? Dicen que es algo natural apoyándose en la obviedad de que es algo involuntario e “inherente” al individuo. Y además se apoyan en la ciencia, la cual no ha dado una respuesta única, cerrada y concluyente sobre el origen de la tendencia homosexual. El tan buscado “gen gay” fue descartado por el mayor estudio realizado hasta la fecha, publicado en la revista “Science”, que reconoce que la genética influye, pero no determina (conclusión ya evidente a la vista de la existencia de gemelos genéticamente idénticos donde uno es homosexual y otro heterosexual). Otros estudios señalan que existen ciertas diferencias cerebrales a causa factores neuroendocrinos, durante el embarazo... 

En lo que parece haber consenso es en el origen multifactorial de la homosexualidad, pero, a la vez, se pretende soslayar la relevancia cualquier factor psicológico o conductual, cuando lo cierto, mal que pese, es que la orientación sexual no es algo estático o inamovible. Cualquiera que conozca el recorrido vital de personas “homosexuales” o “bisexuales” verá que algunos reconocen etapas o momentos de confusión, o incluso de cambio en la orientación sexual. Lo cierto es que las llamadas “terapias reparativas” (distintas a las “terapias de aversión”, que sí son dañinas) consiguen funcionar en un número nada despreciable de casos (quién sabe si se podría elevar más si se avanzara en esta línea de investigación) y, además, reportan grandes beneficios psicológicos y vitales a la inmensa mayoría de los que las cursan. Y lo sé porque estoy recibiendo ese acompañamiento psicológico y puedo decir que es de las mejores decisiones que he tomado en la vida. Estoy creciendo en autoestima, autoconocimiento, superando complejos, venciendo mis actitudes victimistas, sanando heridas afectivas... 

El hecho de que la homosexualidad en algunos o muchos casos pueda tener un origen biológico total o parcial o irreversible no la hace natural, y mucho menos hace natural los actos homosexuales. Propongo una analogía (espero que nadie se ofenda). ¿Concluimos que el trastorno genético “síndrome de Down” es “natural” porque tenga una causa genética e irreversible? No. Y desde luego eso no convierte a las personas Down en “personas antinaturales”, menos dignas o algo parecido. Con la homosexualidad pasa algo similar, con la enorme salvedad de que esa circunstancia no se agota en sí misma, sino que (me) motiva a realizar actos concretos y libres que, como ya he dicho, son contrarios al diseño biológico de la sexualidad humana, que se basa en el dimorfismo sexual y tiene como razón de ser la perpetuación de la especie. Actos libres, voluntarios. Si es una decisión libre, es una decisión moral. 

Pobre consuelo y pobre justificación aquella que dice: “bueno, si eres así, no lo puedes evitar, vive conforme a eso, mejor eso que nada”. ¿No es más heroico y motivo de más orgullo decir: “voy a vivir de forma coherente con mi naturaleza sexuada, aunque me suponga un sacrificio”? ¿No es mejor seguir aquel consejo evangélico de “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”? ¿O hace falta tener sexo por narices para ser feliz? Si la respuesta es afirmativa, pobre felicidad. 

 Me imagino que muchos que me lean dirán: “Este chico es un infeliz, está reprimiéndose”, “tiene la homofobia interiorizada”, “se odia a sí mismo”... Pues no. Porque, si bien no quiero o abrazo mi tendencia homosexual, no baso mi identidad en ella. No me puedo odiar por algo que no soy. Tampoco odio o lamento mi circunstancia sexual, aunque me gustaría que fuese distinta. Lo vivo con paz y serenidad. Sé que, aunque esté en mí, no es mi ser. La ideología LGTBI funda su efectividad en una premisa muy sencilla: “Eres lo que sientes (y si no están de acuerdo con tu forma distinta de amar te están rechazando)”. Y no, no somos lo que sentimos. Yo no soy “una persona homosexual”, yo soy un hombre. Mi tendencia homosexual sólo es un elemento más de mi personalidad. Y me quiero y debo querer con todo y con eso, naturalmente que sí. 

Los sacerdotes, religiosos y laicos católicos “gay-friendly” caen en este error, el engaño identitario, según el cual, si a una “persona homosexual” se le enseña que los actos homosexuales son pecado y que su orientación es desordenada, se la está rechazando y obligándole a sentirse como una persona “antinatural”, “pervertida” o “enferma”. Nada más lejos. Pareciera que o te etiquetas de esa manera negativa, o te etiquetas metiéndote en el batiburrillo de siglas LGTBI+. ¿Y si prescindimos de etiquetitas? ¿Y si existe un tercer camino?

 Yo me pregunto: ¿estos obispos, sacerdotes y religiosos “gay-friendly” se preocuparían por mí, tan preocupados que están por las “personas LGTBI”? ¿Los católicos y personas como yo dónde quedamos? Somos más de lo que parece. ¿Nosotros no sufrimos? Sabed que a mí en la Iglesia quienes me hacen sufrir sois vosotros, “los gay-friendly”, no los que predican íntegramente el Magisterio de la Iglesia y la Palabra de Dios. ¿Por qué no entrevistáis a “homosexuales” que abracen la Fe Católica en esta materia? ¿Por qué no promocionáis el apostolado “Courage” para católicos con tendencias homosexuales? ¿Sólo os “importa” un tipo de “homosexuales”? 

Dios no me creó para “amar” a otros hombres. Mentís si ese es el sentido de vuestras palabras cuando decís “Dios te ha creado así”. No, Dios permite el mal natural, que es distinto. ¿Por qué no nos ayudáis a cargar esta cruz? Porque, ya os aviso, por mucho que el engaño o el autoengaño no os haga verlo, transformar esa cruz en “otra forma de amar” no va a conducirnos a una felicidad plena. Lo sé. No hemos sido creados para eso. Merecemos que nos enseñen un camino más alto y pleno, aunque sea más difícil. Para ningún católico la vida cristiana es fácil. Jesús ya nos dijo que para seguirle había que cargar la cruz y que el camino es angosto, y la puerta estrecha. Pero vale la pena. 

 Sé perfectamente que Dios me ama infinitamente, con mi tendencia y sin ella. Y pienso que los sacerdotes que nos aman de verdad son aquellos que nos dicen la Verdad. Caminando de la mano de sacerdotes “homófobos” como el padre Jesús Silva es como he encontrado el camino de la plenitud. Tengo una tendencia homosexual y no la abrazo, y soy feliz. Y así muchos, aunque no lo publicitemos. ¿Lo veis un imposible? ¿No es suficiente la gracia de Dios? Me sorprende que no lo entendáis vosotros, sacerdotes y consagrados, que habéis abrazado el celibato por el Reino de los Cielos. 

 A los que, como yo, sentís atracción por personas del mismo sexo, os digo, si no lo sabéis ya, que hay otro camino. Es duro, es difícil y, si ya habéis “salido del armario”, probablemente os traerá persecución, porque los “tolerantes” no tolerarán que vayáis a contracorriente, que cambiéis de vida. Pero os aseguro que esa nueva vida os va a dar una paz que no encontraréis en la cama de otro hermano o hermana. Sed sinceros con vosotros mismos. Buscad la ayuda de gente buena, sabia y competente si no sabéis o podéis hacer este camino solos. Daros la oportunidad de considerar el camino que propone la Iglesia. Probad y veréis. Al principio el camino puede parecer muy gris, solitario y desolador, pero os aseguro que acabará tornándose en muchos más colores que ese “arcoíris” que nos ofrecen como si fuese nuestra única salvación. 

Termino dándote las gracias de nuevo, padre Jesús, gracias que hago extensivas a todos los sacerdotes y religiosos que os mantenéis fieles ayudándonos a vivir la Vida. Y gracias por llevar por nosotros la cruz del desprecio que este mundo os carga por ser fieles a la Verdad. Eso sí que es amor verdadero. 

 

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