Miércoles, 16 de octubre de 2019

Religión en Libertad

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Teresa de Lisieux. Una sorpresa.

Teresa de Lisieux. Una sorpresa.

por Duc in altum!

Cuando iba en bachillerato, un Misionero del Espíritu Santo, me recomendó leer la “Historia un alma” de Teresa de Lisieux. En el momento, no hice caso; sin embargo, tendrá poco más de un año que la “petite Thérèse”, volvió a entrar en escena, justamente mientras preparaba un artículo sobre la fe. Así las cosas, ¿qué me ha dejado la santa de Lisieux? Tres lecciones muy concretas.

Ver más allá del conflicto:

Para nadie es un secreto que varias de las monjas con las que convivió Teresa en el Carmelo de Lisieux, le hicieron la vida difícil. Desde la superiora, la M. Gonzaga, con su carácter tan poco amable, hasta alguna novicia. Y, ¿qué hizo Teresa? Practicó lo que hoy llamamos “inteligencia emocional”. ¿Quién no ha tenido algún conflicto? Basta pensar en el ámbito laboral. Justo ahí, ella me enseñó a no engancharme si alguien quiere complicar o de plano ponerse de obstáculo para el desempeño del negocio. Se trata de conocer a las personas, poner de nuestra parte, pero sin absolutizarlas al punto de que nuestro humor se vea eclipsado y terminemos por dejarnos afectar, iniciando una guerra sin ton ni son. Me atrevo a decir que su ejemplo tiene toda una lección para los que, de una u otra forma, tenemos que ver con asuntos administrativos.

Una fe sin excentricidades:

A veces, hacemos de la fe un discurso largo y rebuscadamente piadoso, lleno de apariencias; sin embargo, la santa de Lisieux vio que no era en esa dirección y habló de un camino práctico, accesible y con la mirada puesta en lo esencial. Pequeños pasos que dan lugar a un gran paso. Por ejemplo, en el trabajo con los jóvenes, no vale tenerlos con los ojos cerrados media hora, mientras nosotros -monitores- hablamos sin fin. En vez de eso, ayudarles a meditar a partir del día a día, de lo sencillo, como Teresa. Ella no era programática, preocupada por lo excéntrico, sino valiéndose de las cosas en su estado natural.

El dinero no fue obstáculo:

Algo triste e injusto es escuchar, incluso entre creyentes, que un joven con dinero y futuro es superficial. Esa mentalidad, muy ligada a ciertos sectores de la Teología de la liberación, ha desanimado a más de uno en su camino vocacional, provocando que crezcan sintiéndose excluidos; sin embargo, Teresa venía de una familia con diferentes inversiones en empresas exitosas, una mujer que pudo rodearse de lujos, con buena presencia y carisma. Pues bien, nada de esto le impidió ser profunda. Me enseña que la fe no es cosa de jóvenes pobres o ricos, sino de aquellos que saben confiar en Dios y caminar con él. Además, algo que la caracterizó fue su interés en ayudar a las personas en estado de necesidad. De modo que la lección está en nunca etiquetar, pues quizá detrás de ese joven con mucho dinero, se esconde alguien que cambiará las cosas con sus recursos o desde otra trinchera.

Conclusión:

Santa Teresa de Lisieux, es un buen punto de partida para vivir la fe desde lo práctico; es decir, el día a día. Su ejemplo puede aplicarse a prácticamente todas nuestras actividades. Desde la vida en familia hasta el campo laboral. Una santa realista.

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