Jueves, 23 de enero de 2020

Religión en Libertad

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¿Quién era ese Nicodemo que da sepultura a Jesús?

por En cuerpo y alma


   
Nicodemo ayuda a sepultar a Jesús.
Piedad de Miguel Angel.
              Después de dedicar nuestra entrada hace unos días a Barrabás (pinche aquí si desea conocer algo mejor al personaje), y ayer a José de Arimatea (pinche aquí para hacer lo propio), vamos a establecer contacto hoy con un nuevo personaje evangélico muy propio de estas fechas, aunque muy desconocido: Nicodemo.

            Nicodemo aparece mencionado cinco veces en todo el Evangelio, bien que sólo lo haga en el Evangelio de Juan. Quiérese decir que los sinópticos ignoran su figura, lo que viene a indicar que es una fuente conocida de Juan y sólo de él.

            Cinco citas que se refieren a tres episodios. El primero de ellos es una entrevista un tanto extraña que lleva a cabo con Jesús, recogida al principio de su evangelio, en el capítulo 3, la cual empieza así:
 
            “Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste a Jesús de noche y le dijo […] (Jn. 3, 1-2)
 
            El tono y circunstancias de la entrevista impresiona tanto a Juan que en los otros dos episodios en los que Juan cita a Nicodemo lo presenta siempre en base a esa entrevista: el que había ido anteriormente a Jesús” (Jn. 7, 50); y “aquel que anteriormente había ido a verle de noche” (Jn. 19, 39).
 
            Nicodemo es, por lo tanto, un criptoseguidor de Jesús. De él sabemos, porque nos lo cuenta Juan, que era fariseo, que era magistrado, vale decir miembro del Sanedrín (pinche aquí para conocer sobre el tribunal que juzgó a Jesús), y que es tan respetado entre los judíos que el propio Jesús le dice: “tú eres maestro en Israel” (Jn. 3, 10). Forma parte por lo tanto de esa serie de personas con las que Jesús se relaciona en Juan con un nivel social muy superior a aquéllos con los que se relaciona en los Sinópticos, y en los que incluiríamos también a Lázaro, Zaqueo, y varios más.
 
            En otra ocasión, Nicodemo, a pesar de esa sensación de criptoseguidor o seguidor expectante que en todo momento exhala, da la cara abiertamente por Jesús. Ocurre cuando los fariseos y sumos sacerdotes mandan una guardia a buscar al profeta galileo, y ésta, impresionada por sus palabras, no se atreve  prenderle y al volver recibe de los fariseos estos reproches:
 
            “‘¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en  él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos’”
 
            Ocurre entonces esto:
 
            “Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente a Jesús: ‘¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace’ Ellos le respondieron: ‘¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta’” (Jn. 7, 47-52)
 
            La tercera y última aparición de Nicodemo tiene lugar cuando Jesús ya ha muerto en la cruz. La redacción de Juan da a entender que acompaña a José de Arimatea cuando éste se acerca a pedir el cuerpo de Jesús a Pilatos. Si sí como si no, es el que aporta las unciones con las que el cuerpo de Jesús es embalsamado, unciones que no eran ciertamente baratas en la época:
 
            Fue también Nicodemo -aquel que anteriormente había ido a verle de noche- con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras” (Jn. 19, 39).
 
            Participando a continuación, siempre según el Evangelio de Juan, en todas las acciones relacionadas con la sepultura de Jesús.
 
            En el interesantísimo opúsculo “La asamblea que condenó a Jesús” de Augustin y Joseph Lémann, judíos conversos y verdaderos expertos en literatura judía, escrito en 1881 y editado en español en su día por Criterio, se recoge esta cita del Talmud, concretamente el Tratado Gittin o de los divorcios cap. V fol. 56, a la persona de Nicodemo (suponiendo que el Nicodemo aquí aludido sea el mismo al que alude Juan):
 
            “Había tres hombres célebres en Jerusalén: Nicodemo ben Gorion, Ben Tsitsit Haccassat y Ben Calba Schebua, cada uno de ellos habría podido mantener y abastecer la ciudad durante diez años”.
 
            Un importantísimo apócrifo, probablemente el más importante de los pertenecientes al género de los de la pasión, viene “firmado” por Nicodemo, el llamado “Evangelio de Nicodemo”, compuesto de la yuxtaposición de dos textos muy diferentes y de distinta antigüedad: las “Actas de Pilatos” y el “Descenso de Cristo a los infiernos”. La unión de ambas con el título de “Evangelio de Nicodemo” podría datar del s. X.
 
 
            ©L.A.
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