Jueves, 21 de octubre de 2021

Religión en Libertad

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Siguen aumentando los mártires beatificados en el Valle de los Caídos

Los 69 beatos de la Basílica del Valle de los Caídos

por Victor in vínculis

Tras las pasadas beatificaciones en Córdoba, el pasado 16 de octubre, y tras alcanzar la cifra de 2.046 Santos y Beatos de la persecución religiosa, hemos sumado tres mártires más cuyos cuerpos yacen en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (sobre estas líneas la capilla de Ntra. Sra. del Pilar en el Valle, donde yace sepultado el popular padre Gafo o las religiosas de la Visitación que fueron beatificados en 2007, durante el pontificado de Benedicto XVI).

De los primeros 59 ya hemos dado cuenta en entradas anteriores:

El Valle de los Caídos: la Basílica de los Mártires.1 - ReL (religionenlibertad.com)

El Valle de los Caídos: la Basílica de los Mártires.2 - ReL (religionenlibertad.com)

El Valle de los Caídos: la Basílica de los Mártires.3 - ReL (religionenlibertad.com)

El Valle de los Caídos: la Basílica de los Mártires.4 - ReL (religionenlibertad.com)

 

TRES MÁRTIRES MÁS DE CÓRDOBA Y LLEGAMOS A 62 BEATIFICADOS

BEATO JOSÉ LÓPEZ CÁCERES nació en Torrecampo (Córdoba) 22 abril 1904. Fue bautizado en la Parroquia de San Sebastián de su pueblo a los dos días de nacer. Sus padres eran Francisco López Campos, un humilde propietario, y Manuela Cáceres Fernández, camarera perpetua de la Virgen de las Veredas, Patrona de su pueblo. Era una familia numerosa, con otros diez hermanos (él era el mayor), y una de las más piadosas y ejemplares de su localidad.

En 1917 pide entrar en el Seminario de San Pelagio. Por su aplicación y capacidad intelectual consiguió las más altas calificaciones en sus estudios eclesiásticos. Un compañero de curso lo recuerda como una persona trabajadora, de carácter recio y alentador con ejemplo y buena conducta ante sus condiscípulos. Recibió el presbiterado con 23 años, el 11 de junio de 1927. Una semana más tarde toma posesión de una coadjutoría de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Purificación de Puente Genil, y es capellán de las Religiosas de la Compañía de María. Informa su párroco que, en su ministerio, “se atiene a todos los preceptos y cánones en el cumplimiento de sus deberes”.

Es destinado a la Parroquia de San Bartolomé de Espejo y el 1 de julio de 1932 pasa a ella, que será su último destino. Con tan sólo 28 años es nombrado cura ecónomo, prueba de la alta estima y aprecio de su Obispo, contando con la ayuda de un coadjutor. Además en dicho pueblo quedó probado su trato afable y humano, y su gran generosidad y cariño hacia los pobres.

Espejo vive una religiosidad tradicional, con las carencias propias de la época, sobre todo una catequesis raquítica y escasa asistencia a Misa. El asociacionismo católico es escaso, contrastando vivamente con los movimientos políticos que agitan profundamente a la localidad, de marcado signo antirreligioso. La revolución, proclamada en Espejo el 22 de julio de 1936, tiene un carácter comunista.

Cuenta don Rabel María Espinosa, párroco de Espejo tras la toma del pueblo por los nacionales, que don José, “el párroco, después de estallada la revolución, marchó al comité y solicitó permiso para ir a la parroquia, a la que efectivamente se encaminó entre dos fusileros a recoger el Santísimo. Desde este momento quedó en su casa, hasta que un día, el 31 de Julio, fueron por él diez fusileros que lo condujeron hasta el Comité, y, desde este, pasó en calidad de prisionero al castillo de esta villa hasta la noche del cuatro de agosto (…). En la noche del cuatro de agosto le sacaron con otros presos en un camión y le condujeron al cementerio en donde fue fusilado sin dejar antes de dar pruebas de serenidad y entereza, sacando, al bajar del camión el rosario, a la vez, que exhortaba a sus compañeros a prepararse para la muerte, oyéndosele decir con frecuencia: ‘Dios mío perdónalos y perdónanos’, sus restos, inhumados primero en el cementerio de Espejo, fueron trasladados en 1973 a la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (M. Nieto Cumplido y L. E. Sánchez, o. c., pág. 522).

Sus restos fueron primeramente sepultados en el Cementerio de Espejo el 6 de noviembre de 1936, y el 28 de mayo de 1973 se trasladaron a la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, en el columbario nº. 10.985, piso 1º, Cripta de la Virgen del Carmen, nº 33.483 del libro de inhumaciones.

BEATO ANTONIO GAITÁN PERABAD nació en El Carpio (Córdoba), 27 agosto 1920. Hijo de Manuel Gaitán Solís, propietario de un comercio de comestibles, y Araceli Perabad Alpuentes, que se ocupaba de las tareas del hogar. Le bautizaron en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de El Carpio el 4 de octubre de 1920. No consta que fuera confirmado. Vivían en la Plaza de Wilson, número 10, piso bajo, formando un matrimonio sencillo y normal. Tuvieron siete hijos pero sólo vivieron cuatro, tres niños y una niña, Araceli (miembro de la Institución Teresiana), siendo don Antonio el segundo. Recibieron una buena educación moral y cristiana, enseñándoles a rezar y estudiando en el Colegio de las Hijas del Patrocinio de María. Ayudaba a su padre en la tienda, y le gustaba pintar y montar a caballo.

Tras sus estudios primarios, don Antonio los continuó en la Escuela Pública, con buen provecho: era estudioso, inteligente y buen compañero. No perteneció a ningún partido político, pero muchos de sus amigos eran de derechas. Tuvo amistades femeninas, pero fueron simples relaciones de amistad. Fue miembro de una cofradía de Semana Santa. Pudo ampliar estudios de Bachiller en Córdoba, pero eligió quedarse en el pueblo y ayudar a su padre en el comercio.

El Carpio se sumó a la sublevación de las fuerzas nacionales a los pocos días de la misma, por la acción de la Guardia Civil y las personas de derechas del pueblo. La localidad fue retomada por las fuerzas republicanas mediante unas acciones armadas desde el día 21 de julio, que culminaron con su conquista completa el día 24. Desde entonces, las detenciones fueron frecuentes entre las personas que se creían afectas a las derechas. Entre ellos fueron detenidos don Antonio, su padre y dos primos, y les condujeron a prisión.

Después de veinte días preso, durante los cuales sufrió vejaciones y privaciones, don Antonio fue asesinado junto a su padre mediante varios disparos en la cabeza en la noche del 21 de agosto. Murió a las puertas del Cementerio de su localidad natal, siendo posteriormente arrojado a una fosa común allí mismo, junto con otros de los asesinados.

Antonio, con sus 15 años cumplidos y restándole seis días para los 16, es el segundo más joven del grupo de los 127 mártires de la Persecución Religiosa en la Diócesis de Córdoba. 

Sus restos fueron primeramente sepultados en el Cementerio de El Carpio el 5 de marzo de 1937, y el 24 de marzo de 1959 se trasladaron a la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, en el columbario nº. 314, piso 1º, cripta derecha, nº. 726 del libro de inhumaciones.

BEATO ANDRÉS RUEDA ROJAS nació en Pedro Abad (Córdoba) 8 julio 1895. Era hijo de Andrés Rueda Castilla y Juana Rojas Gómez, que le bautizaron en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Pedro Abad el día 14 de julio de 1895. Se desconoce si fue confirmado.

Contrajo matrimonio canónico con doña María del Carmen Román García, natural de Córdoba, en la citada Parroquia, el día 26 de abril de 1926. Tuvieron ocho hijos (la más pequeña, Carmen de los Dolores, nacida poco antes del asesinato de su padre y muerta durante la segunda estancia de éste en la cárcel). Se trataba de un matrimonio con profundas raíces católicas, que educaron en esta misma fe a sus hijos (uno de ellos se ordenaría como sacerdote en la Diócesis de Córdoba: don Francisco Rueda Román).

Don Andrés era el Presidente de la Acción Católica de Pedro Abad, en la Rama de Hombres, y dirigía la cocina económica que la Acción Católica creó, en unión de la parroquia, para ayudar a los pobres de la localidad. También era el Secretario de Acción Popular. Asistía frecuentemente a Misa, acompañado de su familia. Todas estas circunstancias de vida y religiosidad de don Andrés eran notorias y bien conocidas.

Don Andrés fue detenido en su propia casa el 20 de julio de 1936, siendo encarcelado en la “Casa Olaya” junto con dos hermanos suyos, el párroco de Ntra. Sra. de la Asunción de Pedro Abad, don Alfonso Canales Rojas (coadjutor de la misma, también mártir) y otros vecinos. El párroco confesó a todos y les dio la absolución. El día 22 de julio los milicianos advirtieron la próxima llegada a Pedro Abad de las tropas franquistas, y decidieron disparar por las ventanas de la cárcel sobre los detenidos; murieron varios hombres, otros quedaron ilesos (como le sucedió al párroco), y otros fueron heridos, entre ellos don Andrés.

Tras realizarles unas curas de urgencia, el médico don Eduardo Tello envió a todos los heridos al Hospital de Córdoba. Pero don Andrés, en contra de los consejos médicos, decidió quedarse en el pueblo ante la inminencia del parto de su esposa y también para cuidar a sus otros hijos. Pocos días después, el pueblo fue reconquistado por las tropas de la II República y los milicianos. Inmediatamente detuvieron por segunda vez a don Andrés, además de a otros hombres.

A las cuatro de la tarde del día 10 de agosto, en un descampado en la afueras del pueblo, en la carretera hacia el vecino pueblo de El Carpio (el llamado “Cruce de Bujalance”), fue fusilado en compañía de otros cinco compañeros. Se sabe que don Andrés murió perdonando a sus asesinos, pidiendo que sus hijos fuesen educados en la clemencia y el perdón, y al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, porque así lo contaron los asesinos a su esposa e hijos.

Al día siguiente fueron recogidos los cadáveres e inhumados en una fosa común del Cementerio de Pedro Abad y cubiertos con cal viva. Cinco meses más tarde las respectivas familias los extrajeron e identificaron; don Andrés lo fue por las iniciales bordadas en su camisa. El 24 de marzo de 1959, por expreso deseo de sus familiares, sus restos fueron trasladados a uno de los columbarios de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, donde reposan en la actualidad.

Cuando se comuniquen las fechas de las próximas beatificaciones, lógicamente ya en 2022, sumaremos cuatro mártires del grupo de sacerdotes de la Archidiócesis de Granada y tres redentoristas de Madrid, todos ellos sepultados en la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos... llegando a 69 mártires de la persecución religiosa.

DE LA ARCHIDIÓCESIS DE GRANADA:

FRANCISCO MORALES VALENZUELA. Nació en Alhama de Granada el 22 de noviembre de 1877. Fue ordenado presbítero el 6 de junio de 1900. Fue párroco de Beas de Granada, coadjutor de Alhama de Granada, párroco de Quéntar y, finalmente, sacerdote adjunto a la parroquia de su pueblo, sirviendo algún tiempo a Santa Cruz del Comercio. Celebraba habitualmente en la Iglesia del Carmen. Fue detenido el 27 de julio y encarcelado con los demás sacerdotes del pueblo, pero no salió con ellos el día 30 para ser asesinado. Murió el 1 de agosto. El Siervo de Dios, nacido en Alhama dio su vida en la misma ciudad, entre los suyos, por defender su fe y su sacerdocio.

Estas fueron las circunstancias de su martirio. Unos aviones atacaron a una columna que salía de Alhama hacia Granada, como represalia algunos se dirigieron a la cárcel con la intención de fusilar a los presos que quedaban. Pero antes el carcelero abrió las puertas y los presos huyeron e intentaron buscar un refugio, pero poco a poco fueron descubiertos y muertos. Fueron unos quince. El sacerdote junto con otros tres busca amparo en la sacristía de la Iglesia Mayor. Allí le buscan. Abre el Siervo de Dios la puerta y se encuentra cara a los que los buscan. Todos fueron muertos allí. El Siervo de Dios, al parecer, quedó con alguna vida sufriendo vejaciones por parte de los transeúntes durante unas horas. Finalmente, su cadáver fue arrojado por el pretil existente cerca de la puerta de la sacristía. Estuvo sepultado en el cementerio de Alhama y posteriormente fueron trasladados sus restos al Valle de los Caídos.

JOSÉ FRÍAS RUIZ. Nació en Comares (Málaga) el 20 de abril de 1902. Inició sus estudios en el Seminario de Málaga y después del primer año de filosofía, por motivos de salud estuvo un año fuera del Seminario y después pidió por la misma causa entrar en el Seminario de San Cecilio de Granada y “ser clérigo de esa diócesis”. En Granada recibió el presbiterado el 25 de mayo de 1929. Fue coadjutor de Alhama de Granada donde mostró grandes virtudes sacerdotales. Era fervoroso, buen catequista y confesor, con una ejemplar dedicación a la administración del sacramento de la penitencia y la dirección espiritual. De buen trato y amena conversación, alegre y comunicativo, era un hombre de mucho carácter y entereza de ánimo. Un testigo dice de él: Era muy bueno, se trataba con todo el mundo y era magnífico… yo era su monaguillo y me confesaba con él. Atendía espiritualmente a la comunidad contemplativa de monjas clarisas del convento de San Diego.

El Siervo de Dios fue detenido el 27 de julio. Su martirio en la carretera de Loja a Alhama tuvo notas especiales. Ya en el traslado hacia la muerte en camión, recibió una cuchillada en el cuello y, después, no cayó muerto en la descarga que recibió junto a los otros que le acompañaban, entre ellos su propio padre, un anciano de venerable figura. Sangrando caminó hacia el pueblo y, sorprendido en su intento, recibió nuevos disparos que le causaron la muerte en la entrada al pueblo por San Diego. Era el 30 de julio y el Siervo de Dios tenía 34 años. Sus restos están en el Valle de los Caídos.

Un benemérito y recordado sacerdote alhameño ya fallecido testificó en la Causa que, a pesar de tener entonces sólo cinco años, la muerte del Siervo de Dios: marcó mi posterior vocación sacerdotal pues durante mis estudios siempre relacioné el dar la vida por Cristo, que se nos inculcaba, con este hecho de la muerte de Don José.

RAMÓN CERVILLA LUIS. Nació el 29 de marzo de 1865 en Almuñécar y realizó sus estudios en el Seminario de San Cecilio, residiendo en el Colegio de San Fernando. Ordenado sacerdote el 1 de marzo de 1890, fue coadjutor de Almuñécar, de Jete y Zujaira. Pasó a Argentina donde sirvió las parroquias de San Justo y Coronada en Santa Fe. Cuando vuelve a España, ya mayor, atiende a las Religiosas Mercedarias que sirven un pequeño hospital en Almuñécar: gran madrugador, celebraba a horas tempranas cada día la santa misa en el convento, atendía espiritualmente a las religiosas y a los enfermos del hospital. Este servicio lo realizaba sin remuneración alguna. Peregrinó a Roma y a Lourdes, y construyó en casa con sus propias manos una pequeña gruta en honor de la Señora con esta inscripción tomada de un himno latino: Protégeme tú del enemigo. Varias veces fue sorprendido rezando el rosario en su dormitorio de rodillas y con los brazos en cruz.

Fue detenido en su casa y llevado a prisión junto con otras personas a las que en el cautiverio alentaba, confortaba y atendía sacramentalmente. Todos ellos fueron posteriormente liberados, menos el sacerdote al que, según sus perseguidores “había que dejarlo para carne de las fieras”. El 17 de agosto fue trasladado en automóvil al cementerio de Salobreña donde fue maltratado e insultado, quisieron obligarle a cantar la Internacional y a que cavara su propia tumba. Fue allí humillado despojándolo de su ropa. Finalmente fue fusilado. Sus últimas palabras fueron: Os perdono y pido a Dios y a vosotros que mi sangre sea la última que derraméis. Tenía cerca de setenta y dos años. Sus restos están en el Valle de los Caídos.

JOSÉ MUÑOZ CALVO. Nació el 16 de abril de 1913 en Alhama de Granada, hijo de una familia profundamente cristiana. En 1936 era un joven jovial y alegre, titulado en bachillerato. Al concluir el servicio militar se inscribió en la Acción Católica. Se sentía orgulloso de llevar la insignia prendida en la solapa de su chaqueta. El joven piadoso se convirtió en apóstol: daba catequesis a los pequeños y sesiones de formación a los jóvenes. Fue nombrado presidente de los Jóvenes de Acción Católica.

Ayudó la Santa Misa a su párroco, Pedro Ruiz de Valdivia, en la festividad de Santiago Apóstol y se sintió fortalecido espiritualmente frente a la situación antirreligiosa que se respiraba en el pueblo. El 27 lo buscaron en su casa y cuando preguntó qué querían de él, le contestaron: ¿no eres tú el presidente de Acción Católica?; sí, lo soy –respondió él- si es por eso, vámonos. Permaneció en la cárcel hasta el día 30, día en que murió en la carretera de Alhama a Loja, junto con los compañeros a los que animó con estas palabras: Muramos tranquilos, somos católicos y nuestro único delito es serlo. Vamos a ser mártires de Cristo. Viva Cristo Rey. Tenía 23 años.

Tenemos un mártir en el cielo, es la noticia que la madre del Siervo de Dios recibe de sus hijas. Así presentan a la madre la más terrible noticia con palabras iluminadas por la fe y la esperanza cristianas. Y esta es la reacción de la madre: Que la sangre de mi hijo, tan inocente, sirva para la conversión de los que le han matado. También hay en esta familia una admirable muestra de amor cristiano. María y Virginia, hermanas del Siervo de Dios, habían llevado la comida a su hermano durante los días que estuvo en la cárcel. Seis meses después cambió la situación en Alhama. Una mujer que estuvo de acuerdo con la muerte de los mártires está ahora en la misma prisión. Se entera la madre del Siervo de Dios y envía a su hija María a la cárcel con comida para ella. Cuando la reclusa ve quién es la que la socorre exclama: Ahora sí creo que existe Dios.

Los restos del Siervo de Dios fueron trasladados al Valle de los Caídos.

 

DE ESTOS REDENTORISTAS DE MADRID, TRES REPOSAN EN EL VALLE:

PADRE ANTONIO GIRÓN GONZÁLEZ nació en Ponferrada (León) el 11 de diciembre de 1871. Tras su profesión, el 15 de agosto de 1889, recibió el sacerdocio el 19 de mayo de 1894. Vivió en diversas comunidades, dedicándose a la docencia, la formación y como consultor provincial. Religioso ejemplar, con notables dotes intelectuales y una profunda vida interior, fue testigo de su devoción a la Virgen hasta el final con el constante rezo del rosario. Al comienzo de la persecución era, desde junio, miembro de la comunidad del Perpetuo Socorro. Se refugió primero en una casa particular, luego en un convento de religiosos y, finalmente, en un hospicio, fue descubierto y apresado por los milicianos que lo asesinaron el 30 de agosto de 1936.

HERMANO ANICETO LIZASOAIN LIZASO nació el 17 de abril de 1877 en Irañeta (Navarra). Convertido en Redentorista profeso el 15 de octubre de 1896, vivió en diversas comunidades, desempeñando, además de diversas tareas domésticas, los oficios de sacristán, portero y tesorero. Aunque deseaba ser sacerdote, para no dejar la Congregación prefirió permanecer como hermano coadjutor. Con el inicio de la persecución, abandonó la casa del Perpetuo Socorro en Madrid para buscar hospitalidad con amigos. Finalmente recibido en una pensión, a raíz de una denuncia, el 18 de agosto de 1936 fue capturado y asesinado. 

HERMANO RAFAEL (Máximo) PEREA PINEDO nació en Villalba de Losa (Burgos) el 24 de octubre de 1903. Tras su profesión religiosa, el 27 de febrero de 1926, residió en las comunidades de Astorga, Santander y, por último, en Madrid desde el 28 Junio ​​de 1933 De carácter bueno y alegre, con generoso espíritu de servicio, desempeña las funciones de portero, sacristán, ecónomo y cocinero. Al salir de la casa religiosa el 20 de julio de 1936, encontró refugio primero con familiares y amigos y luego en una pensión, donde, el 2 de noviembre, fue capturado y asesinado.

Finalmente, hay por lo menos 37 siervos de Dios contabilizados en otros procesos de canonización martirial. Con lo que sobrepasarían el centenar de beatos. Dios lo quiera.

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