Miércoles, 23 de septiembre de 2020

Religión en Libertad

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Compuestos en 1911 por el beato Saturnino Ortega, mártir

En el portal. Cantares de Nochebuena

por Victor in vínculis

 

Ven, musa de mis amores,

ven, ángel de mi cariño,

a verter todas tus flores

sobre la cuna de un niño.

 

Mírale desabrigado

en el rincón de un portal

como un mísero mortal

sobre un pesebre acostado.

 

Haciéndole compañía

hay una mula y un buey,

y ese niño es, alma mía,

tu Esposo, tu Dios, tu Rey.

 

Adórale con fervor

pues dejó los altos cielos

para fundir nuestros hielos

en el fuego de su amor.

 

No tiene apenas camisa

el que engalana las flores,

mas buscando su sonrisa

vienen reyes y pastores.

 

Los ángeles han cantado

su gloria desde la altura

y una estrella le ha anunciado

de sin igual hermosura.

 

Anda y cántale también,

musa mía, tus canciones

a ese Niño de Belén

que roba los corazones.

 

Es blanco como el armiño

y rubio como un lucero,

¿cuándo se ha visto otro niño

más guapo y más retrechero?

 

Entre sus labios florece

el rosal de Alejandría

y a todas horas del día

por sus ojos amanece.

 

Sin mancilla y sin dolor

le ha parido una doncella,

criatura la más bella

que formara el Hacedor.

 

María, la esposa buena

del  carpintero José

a quien llamó en Nazaret

un ángel de gracia llena.

 

Virgen casta que escuchando

la embajada celestial

solo asiente asegurando

su pureza virginal.

Humilde como la tierra

que al brotar de ella las flores

bajo sus hojas se encierra

ocultando sus primores.

 

Da a luz al Dios de Israel

y de sí misma se olvida

para ser toda de aquel

que trajo al mundo la vida.

 

Ella le arregla las pajas

que forman su humilde lecho

con amor le da su pecho

y le envuelve en pobres fajas.

 

Si acaso llora, le mece

San José con dulce canto,

y Jesús oyendo al Santo,

en sus brazo se adormece.

 

¡Oh, Patriarca dichoso!

¡Oh, felice Carpintero!

déjame a ese Niño hermoso

porque también yo lo quiero.

 

Le quiero, sí, aunque insensato

muchas veces le he ofendido

pero aunque haya sido ingrato

impío jamás he sido

 

Déjamele que le admire

y bese su hermosa frente.

que le adore reverente,

que por su Cielo suspire.

 

Si llora, yo que me sé

la causa de su lamento,

para que calle al momento

mis pecados lloraré.

 

¿Verdad que sí, Niño Santo?

Tú no odias al pecador;

como te llame en su llanto

pronto le vuelves tu amor.

 

Ven a mí, Niño inmortal,

de tu amor mi pecho llena

y en eterna Nochebuena

coloca en él tu Portal.

 

Beato Saturnino Ortega Montealegre (publicado en El Castellano el 26 de diciembre de 1911, hace ciento ocho años), arcipreste de Talavera de la Reina que sufrió el martirio por odio a la fe en la madrugada del 6 de agosto de 1936, en la localidad de Calera (Toledo).

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