Martes, 25 de junio de 2019

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Carta de un judío a sus hermanos cristianos por Eduard Yitzhak. GEES

Carta de un judío a sus hermanos cristianos por Eduard Yitzhak. GEES

por Wiederholen

Carta de un judío a sus hermanos cristianos por Eduard Yitzhak. GEES

Digo “hermanos” cristianos, porque son los mismos Papas de la Iglesia lo que nos califican de “hermanos mayores” a los judíos.

Juan Pablo II nos calificó a los judíos como los “hermanos mayores” de los cristianos en su visita a la sinagoga de Roma el 13 de abril de 1986, lo que sirvió al Papa Wojtyla para deplorar el antisemitismo dirigido contra los hebreos “en todo tiempo y por quien quiera que sea”.  [1] El Papa Francisco en su rezo del Angelus del domingo 10 de noviembre de 2013 dirigiéndose a los fieles en la Plaza San Pedro evocó “las violencias de la noche del 9-10 de noviembre de 1938 contra los judíos, sus sinagogas, sus casas, sus comercios, que supusieron un triste paso hacia la tragedia del Holocausto. Reconocemos nuestra proximidad y solidaridad con el pueblo judío y oremos a Dios para que la memoria del pasado nos ayude a ser siempre vigilantes contra todas las formas de odio y la intolerancia. Los judíos son nuestros hermanos mayores, los más grandes”. [2] Benedicto XVI afirmaba el 12 de marzo de 2009 en su viaje a Eretz Israel, la tierra de Israel, que “la Iglesia reconoce que los comienzos de su fe se fundan en la histórica intervención divina en la vida del pueblo judío y aquí se funda nuestra relación única. El pueblo judío, que fue escogido como el pueblo elegido, comunica a la entera familia humana el conocimiento y la fidelidad al Dios uno, único y verdadero. Los cristianos reconocemos de buen grado que nuestras propias raíces se encuentran en la misma auto revelación de Dios, de la que se nutre la experiencia religiosa de los judíos. Tenemos, pues, una sólida base para construir una convivencia respetuosa y pacífica de modo estable”. [3] 

Me dirijo como judío a mis “hermanos” cristianos, hermanos no sólo por ser tener todos nosotros en común como humanos los mismos padres, tal como leemos en Génesis, sino también en cuanto nos hermana la fe en el Dios de Abraham, Isaac y Yaacov, la creencia que Dios existe y es el Creador de todo, y creer en la revelación del Eterno, la Biblia, y por creer que las palabras de los Profetas de Israel son ciertas, que Dios conoce los actos y pensamientos de los seres humanos. Y en ésta común creencia podemos calificarnos de “hermanos”, los judíos en la sangre de nuestros Patriarcas, por ser sus descendientes, y los cristianos en la fe y creencia en el Eterno.

Es bien sabido que muchos dirigentes de naciones quieren la destrucción de Israel, otros la partición no sólo de la tierra de Israel sino también la de Jerusalén, es por lo que yo como judío me permito recordar a mis “hermanos” cristianos las palabras de los Profetas de Israel, que proceden del Eterno y que son eternas. La Biblia, palabra de Dios para los que creen en ella, afirma categóricamente y sin lugar a dudas que Jerusalén es la capital del pueblo judío y es herencia única y exclusiva para el pueblo judío.

Es lógico y coherente que el verdadero creyente profese lo que pone en la Biblia, desee y anhele el cumplimiento de las profecías que los Profetas de Israel anunciaron tal como está escrito en las Sagradas Escrituras.

El proceso de recuperación de la Tierra de Israel bíblica y del hebreo, únicos en la historia de la humanidad y que contradice la ley de la historia natural de las naciones -la ley de la asimilación y desaparición de los pueblos- estaba profetizado miles de años antes.

Hace 2.700 años profetizaba Isaías 49:13-17 que a pesar que el pueblo judío quedaría -en un futuro cercano- exiliado de su tierra, la Tierra de Israel, el Eterno nunca se olvidaría de él (el pueblo judío) y le haría retornar a su tierra. Hace 3.400 años está profetizado en Levítico 26:32-33 que la tierra de Israel sería devastada, el pueblo judío sería esparcido entre las naciones y la espada nos perseguiría a los judíos, como se ha cumplido a lo largo de la historia, la Tierra de Israel asolada y sus ciudades en ruinas, pero también en Levítico 26:44, -hace 3.400 años-, se profetiza que el Eterno nunca permitirá que el pueblo judío sea completamente destruido ni aniquilado. Hace más de 2.600 años Jeremías 31:1-24 y 32:36-37 advirtió que el pueblo judío sería exiliado por los babilonios y que el Eterno recogería de todas las tierras al pueblo judío adonde lo echó, que posteriormente lo haría volver a su hogar, la Tierra de Israel, donde vivirá en seguridad. Ezequiel 34:13 hace 2.600 años profetizó que el Eterno reunirá a los exiliados judíos de las diversas naciones a las que habían sido esparcidos y que iba a restaurarlos a “su propia tierra”, la Tierra de Israel bíblica.

Son innumerables las profecías en la Biblia que aseguran que el pueblo judío será perseguido en los países a los que seríamos desterrados los judíos durante nuestro exilio, y que la tierra de Israel quedaría en ruinas, nuestros santuarios una desolación, y que los enemigos de Israel residirían en la tierra de Israel durante y después de la época del exilio (Levítico 26:31-32). Nehemías hace 2.500 años profetizó que los judíos que regresarían en el futuro a la Tierra de Israel y serán recibidos con hostilidad por parte de los extranjeros residentes en Jerusalén y sus alrededores (¿no suena esto muy actual, y causa del conflicto israelí-palestino?). Continúa profetizando Nehemías que estos extranjeros se burlan de los judíos por procurar reconstruir Jerusalén y Nehemías se enfrenta a estos diciéndoles: “El D-s del cielo nos hará salir adelante. Por tanto nosotros Sus siervos nos levantaremos y construiremos. Pero vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni recuerdo en Jerusalén” [Nehemías 2:20]. 

En Levítico 26:32: “Y vuestros enemigos que habitarán la tierra (de Israel) estarán desolados en ella”. Hasta la fecha, los enemigos del pueblo judío que habitan nuestra tierra, la Tierra de Israel, están desolados, no son parte de ella. 

El capítulo 60 del libro del profeta Isaías describe el retorno del pueblo judío a Eretz, desde la lejanía y de todos los confines del planeta, por tierra, por barcos y también volando.

Tan pronto como se proclamó la refundación del Estado de Israel en una porción de su tierra en 1948, los judíos comenzaron a llegar desde los cuatro puntos cardinales de la tierra: norte, sur, este y oeste. Tal como dijo el profeta en Isaías 43:5-6: “No temas, porque Yo (Dios) estoy contigo; del oriente traeré tu descendencia, y del occidente te recogeré. Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos Mis hijos, y Mis hijas de los confines de la tierra”. Hay multitud de pasajes en la Biblia que anticipan el retorno de el pueblo judío (Am Israel como decimos en hebreo) a la Tierra de Israel (Eretz Israel, como decimos en hebreo).

Jeremías 16:14-15: He aquí pues que vendrán días, dice el Eterno, en que no se dirá más: “Vive el Eterno, que trajo a los hijos de Israel de la tierra de Egipto”, sino: “Vive el Eterno, que trajo a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todos los países adonde Él los llevó”, y los traeré de vuelta a la tierra que les di a sus padres.

Eretz, la tierra de Israel, ha sido conquistada por muchas naciones, pero ninguna de ellas llegó a dividir la tierra, hasta que los británicos hace un siglo la dividieron.

Hace unos 2.700 años profetizó Yoel 4:1-2: Por cuanto he aquí que en aquellos días y en aquel tiempo, cuando hiciere retornar a los cautivos de Yehudá y Yerushalayim (Jerusalén, en hebreo), reuniré a todas las naciones y las traeré al valle de Yehoshafat, y las he de juzgar allí, por Mi pueblo y por Mi herencia Israel, a quien esparcieron entre las naciones, y dividieron Mi tierra.

Todas las diversas potencias imperiales y coloniales que ocuparon la Tierra de Israel les interesó por motivos geoestratégicos mantenerla intacta, siempre integra. Esta división de Israel –que profetiza Yoel- no ocurrió ni bajo la ocupación árabe ni la otomana, pero se ha dado solamente en nuestros días. El Reino Unido había sido puesto a cargo de “Palestina” por las fuerzas aliadas que habían sido victoriosas en la Primera Guerra Mundial y que le dieron el Mandato por intermedio de la Liga de las Naciones para que esta tierra quedase como refugio para los judíos, quienes habían sido dispersados por todo el mundo, pero el Reino Unido la dividió, contraviniendo toda lógica y tradición.

Hace 2.500 años Zejariá -Zacarías- 12:2-3 profetizó: He aquí que haré que Yerushalayim sea una copa de vértigo para todos los pueblos de alrededor, y sobre Yehudá también estará la batalla, en el sitio contra Yerushalayim. Y acontecerá en aquel día que haré de Yerushalayim una piedra de carga para todos los pueblos, todos los que la levanten de hecho quedarán lacerados. Y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella.”

El profeta Zejariá hace distinción de dos grupos: “todos los pueblos de alrededor contra Judá” y “todas las naciones de la tierra”. Estos grupos son identificados por dos profecías diferentes. Para el primer grupo Jerusalén será “una copa de vértigo, que hará temblar” y para el segundo grupo Jerusalén será “una piedra pesada”. El primer grupo son las naciones vecinas de Eretz, la Tierra de Israel, el segundo grupo es identificado como todas las naciones de la tierra que “se juntarán contra ella”.

Para que todas las naciones estén unidas en contra de Israel, tendría que existir una organización de “todas las naciones”. Las Naciones Unidas empezaron a existir oficialmente el 24 de octubre de 1945, después de que la Carta fuera ratificada por China, Francia, la Unión Soviética, el Reino Unido, los Estados Unidos y la mayoría de los demás signatarios, justo a tiempo para ser el conducto del cumplimiento de esta profecía dicha hace 25 siglos. Y se ha confirmado históricamente con creces que todos los países que han querido inmiscuirse han tenido serios problemas por ello y no han resuelto nada, cumpliéndose: Todos los que estén cargados con ella quedarán heridos.

Todas las naciones vecinas Israel están unidas por una ideología y deseo común, la voluntad de destruir a Israel. Esta ideología no existía en el tiempo que fueron pronunciadas estas profecías. El antisemitismo, la judeofobia, no tiene una base lógica ni obedece a intereses ulteriores. La implacable animadversión gratuita contra Am Israel que ha persistido, y persiste, durante miles de años, es mantenida por el odio insensato y absurdo y la demente obsesión de exterminar a los judíos y aniquilar el judaísmo.

Ninguna otra nación u otra nacionalidad ha sido blanco por tanto tiempo de tal odio. En el libro La Guerra Secreta en contra de los judíos, Mark Aarons y John Loftus escriben:

“Por más de veinte siglos los judíos han sido perseguidos, desplazados y aniquilados.

Es cierto que otros grupos han sufrido enormemente en las manos de tiranos, pero existe una diferencia crucial. […] En cada uno de estos casos, el genocidio fue con la intención de servir un propósito más profundo, como la conquista de un territorio, la adquisición de fortunas, el engrandecimiento de poder político… en contraste, el genocidio de la gente judía fue hecho no necesariamente para alcanzar otro propósito fundamental. ¡Ese era el propósito fundamental! [la aniquilación del pueblo judío] Esto es lo que hace el Holocausto Nazi tan singular, tan distinto, tan único.”

 

Queridos “hermanos” cristianos, Todas las profecías se están cumpliendo.

En los corazones de los judíos palpitan almas judías que dirigen con esperanza sus miradas hacia Sion, una esperanza bimilenaria de ser un pueblo libre en nuestra tierra, en tierra de Sion y Yerushalayim, como profetizó Zacarías 12:6-10: “Y Jerusalén será habitada otra vez en su propio lugar, en Jerusalén … En aquel día el Eterno defenderá a los moradores de Jerusalén, […] Y sucederá en aquel día que trataré de destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén. Y volcaré sobre la casa de David y los moradores de Yerushalayim el espíritu de la gracia y de la imploración. Y Me mirarán a Mí.”

“Me llamarán por Mi Nombre, y les contestaré. Diré: “Es Mi pueblo”, y ellos dirán: “¡El Eterno es mi D-s”! [Zacarías 13:9].

Los creyentes, aquellos que creen en la Biblia como Palabra del Eterno, podrán recordar que aquellos que quieran dividir la tierra, una parte para los judíos y otra para “árabe-palestinos” o el grupo que sea, serán juzgados por el Eterno; ya lo profetizó hace unos 2.700 años Yoel 4:1-2: Por cuanto he aquí que en aquellos días y en aquel tiempo, cuando hiciere retornar a los cautivos de Yehudá y Jerusalén, reuniré a todas las naciones y las traeré al valle de Yehoshafat, y las he de juzgar allí, por Mi pueblo y por Mi herencia Israel, a quien esparcieron entre las naciones, y dividieron Mi tierra.

Es por ello que si alguien se opone a la Palabra del Eterno, y quiere la división de Israel y/o de Jerusalén le será una piedra pesada como profetizaba años Zacarías 12:2-3: “He aquí que haré que Jerusalén sea una copa de vértigo para todos los pueblos de alrededor, y sobre Yehudá también estará la batalla, en el sitio contra Yerushalayim. Y acontecerá en aquel día que haré de Jerusalén una piedra de carga para todos los pueblos, todos los que la levanten de hecho quedarán lacerados. Y todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella.”

“Todos los pueblos que se levanten contra Jerusalén” serán lacerados por Dios, por lo que un creyente en la Biblia lo primero que tiene que hacer es reconocer a Jerusalén como capital eterna e indivisible de Israel y pedir a todos sus fieles que apoyen a Israel para evitar la destrucción de las naciones que vinieren contra Yerushalayim.

 

¿Estas profecías son de eterno cumplimiento?

Alguien inocentemente, y otros ya con malevolencia y animadversión al pueblo judío, podrían pensar que estas profecías tienen fecha de caducidad, que han sido superadas o abrogadas. 

La misma Biblia repite hasta la saciedad que esto es eterno y para siempre.

Ya profetizó Ezequiel 28:5-8: Así dice Dios el Eterno: Cuando haya recogido a la Casa de Israel de entre los pueblos donde están dispersos, y los haya santificado a la vista de las naciones, morarán en su propia tierra que el di a Mi siervo Yaacov. Y allí vivirán seguros, y construirán casas, y plantarán viñedos; sí, vivirán allí en seguridad cuando Yo ejecute Mis designios sobre todos los que los desprecian en derredor, y sabrán que Yo soy el Eterno su Dios. Y también Amós 9:14-15: Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y reconstruirán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues Yo los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que Yo les di, dice el Eterno su Dios.

 

Pacto eterno con el Pueblo Judío

 

La Tierra de Israel es heredad perpetua para el Pueblo Judío: “para que en la tierra que te da por heredad el Eterno tu Dios” [Deuteronomio 19:10] 

Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Si Él lo ha dicho, ¿acaso no cumplirá? Si Él ha hablado, ¿no quedará establecido? El que bendijo me dio orden de bendecir: impedido estoy en desoírlo. No ha visto pecado en Yaacov. En Israel no ha visto maldad. D-s el Eterno es con él y el clamor de un rey está entre ellos. [Números 23:19-21]

 Salmos 105:8: Se acordó de Su pacto para siempre, la palabra que ordenó para mil generaciones; el pacto que hizo con Abraham y el juramento a Isaac; y estableció a Yaacov por estatuto, a Israel por pacto eterno; diciendo: “A ti te daré la tierra de Canaán, lo que te ha tocado por herencia”. 

Levítico 26:9: Os miraré con buenos ojos, os haré crecer en número y mantendré con vosotros Mi Pacto.

Éxodo 6:4: E hice además un Pacto con ellos para darles la tierra de Canaán, la tierra donde habitaron.

Éxodo 19:5: Escuchad ahora mi voz y guardad mi Pacto. Seréis para mí propiedad preciada entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. 

Génesis 17:19: Y Dios le contestó: Lo que Yo he dicho es que tu esposa Sara te dará un hijo, y tú le pondrás por nombre Isaac. Con él confirmaré Mi Pacto, el cual mantendré para siempre con sus descendientes.

Levítico 26:42: Entonces Yo me acordaré del Pacto que hice con Yaacov, con Isaac y con Abraham, y también me acordaré de la tierra,

Levítico 26:44: A pesar de esto, y aunque vosotros estéis en un país enemigo, no os despreciaré ni os rechazaré; no os destruiré ni faltaré al Pacto que hice con vuestros antepasados, porque Yo soy el Eterno vuestro Dios.

Números 18:19: Todas las contribuciones que los israelitas aparten para mí, te las doy a ti, y a tus hijos e hijas que aún vivan contigo. Esta es una ley permanente. Es un Pacto invariable, eterno, que Yo hago contigo y con tus descendientes.

Deuteronomio 4:31: El Eterno, que es bondadoso, no os abandonará ni os destruirá, ni se olvidará del Pacto que hizo con vuestros antepasados y que juró cumplir.

Deuteronomio 30:20: pues Él es tu vida, oh Israel, y la extensión de tus días, para que puedas vivir en paz en la tierra que el Eterno juró a tus padres, Abraham, Yitzhak (Isaac) y Yaacov, que les daría.

El enviado del Eterno subió de Gilgal a Bojim, y dijo: -Yo os saqué de Egipto y os introduje en la tierra acerca de la cual había jurado a vuestros padres diciendo: “No invalidaré jamás mi pacto con vosotros.[Jueces 2:1] 

Salmos 121: Alzaré mis ojos a las montañas. ¿De dónde provendrá mi auxilio? Mi ayuda viene del Eterno, que hizo cielo y tierra. Él no tolerará que tu pie sea movido. Nunca dormita El que te guarda. He aquí que El que guarda a Israel no dormita ni se duerme. El Eterno es tu cuidador. El Eterno es tu sombra sobre tu diestra. No te herirá el sol de día, ni la luna de noche. El Eterno te guardará de todo mal. Él cuidará tu alma. El Eterno vigilará tus salidas y entradas, desde ahora para siempre.

Es completamente absurdo afirmar que se cree en la Biblia, en el Dios de Israel, en el Creador y Todopoderoso, y decir que acepta a la Biblia como la Palabra de Dios dada al ser humano, a la humanidad” y pedir que Israel y Jerusalén debe ser compartida.

 

¿Por qué se cuestiona a Israel y Jerusalén?

 

Por el mero hecho de atacar la palabra de Dios, del Eterno, rechazar la validez de la Biblia, y combatir, luchar contra lo que está profetizado para poder demostrar que es falso, que las profecías, que la Biblia es un cuento y no tiene nada de veraz, nada de cierto.

Ese es en realidad es objetivo de querer destruir Israel, de querer que otra colectividad tenga derecho a ella, para poder negar la veracidad, la autenticidad de la Biblia, de sus profecías.

Esto es comprensible en aquellas personas que niegan a Dios, al Dios de la Biblia, y niegan su existencia, por lo que rechazan la Biblia como palabra del Eterno, “necesitan” atacar a Israel para legitimar su odio y rechazo a la ética y valores emanados de la Torá.

¿PERO? aquellos que dicen que creen que la Biblia es la Palabra del Todopoderoso, del Eterno, de Dios, pero en sus declaraciones exigen la partición de Jerusalén, y no la reconocen como la capital de Israel, niegan la validez de la misma Biblia, rechazan o repudian que el pueblo judío es el legítimo y único pueblo heredero y poseedor de la Tierra de Israel, dicen que creen, sólo lo dicen, pero en realidad no creen en la Biblia ni aceptan las profecías de los profetas de Israel.

“Comprensible” entre los que rechazan a Dios, pero incongruente, incoherente, en aquellos que dicen, únicamente sólo dicen, que creen en la Biblia, incompatible con la fe y la creencia en el Dios de la Biblia, aunque de palabra digan que creen en ella, a estos “creyentes”, unos “despistados”, otros por ignorancia y otros por decir que son creyentes pero en realidad no lo son, les conviene recordar lo que profetizó Yoel 4:1-2: Por cuanto he aquí que en aquellos días y en aquel tiempo, cuando hiciere retornar a los cautivos de Yehudá y Yerushalayim (Jerusalén), reuniré a todas las naciones y las traeré al valle de Yehoshafat, y las he de juzgar allí, por Mi pueblo y por Mi herencia Israel, a quien esparcieron entre las naciones, y dividieron Mi tierra.

Querido “hermano” creyente cristiano, no yo como “hermano mayor”, sino de igual a igual, que si quieres que tu nación pueda contarse entre las que está profetizado como una de la muchas naciones que se unirán en corazón, mente y en verdad al Eterno exige a tu gobierno que reconozca a Jerusalén como Capital Eterna de Israel y que rechace la partición que pregonan aquellos que no reconocen la Palabra de Dios.

Zacarías 2:11-13: En aquel día se unirán al Eterno muchas naciones, y serán mi pueblo. Y habitaré en medio de ti. Entonces conoceréis que Dios de los Ejércitos me ha enviado a ti. El Eterno poseerá a Yehudá como su heredad en la Tierra Santa, y de nuevo escogerá a Jerusalén.  ¡Calle todo mortal delante del Eterno, porque él se ha despertado en su santa morada! 

Recordemos que las profecías sobre la desolación, destrucción, exilio del pueblo judío se han cumplido, también se están cumpliendo la promesas del retorno del pueblo judío a la Tierra de Israel. Ten seguro “hermano” cristiano, tan cierto como el Eterno existe, que también se cumplirá lo que está profetizado por Yoel, que juzgará a aquellos que esparcieron al pueblo judío entre las naciones y dividieron la Tierra de Israel y negaron la herencia del pueblo judío, la Tierra de Israel.

Es de justicia dar a cada uno lo que es suyo, Jerusalén y la Tierra de Israel son herencia única, legítima, y exclusiva para el pueblo judío. Recordando al salmista: “Porque el Eterno es justo y ama la justicia. Los rectos contemplarán su rostro”. [Salmos 11:7]

 

NOTAS

 

[1]   https://elpais.com/diario/1986/04/14/sociedad/513813602_850215.html

[2]   https://www.lanacion.com.ar/1637017-papa-francisco-los-judios-son-nuestros-hermanos-mayores

[3]   https://opusdei.org/es-es/article/benedicto-xvi-visita-la-tierra-de-nuestros-hermanos-mayores-en-la-fe/

 

El pueblo judío es el único, el legítimo y único heredero de Eretz Israel (la Tierra de Israel), el resto de las naciones, de los pueblos tienen toda la tierra. La superficie de la tierra de Israel es 20.700 km², menor que el de la comunidad de Valencia, es dos veces y media la superficie de la comunidad de Madrid. Toda la tierra, excepto Eretz Israel de diminuta superficie, pertenece al resto de naciones.

Los que aman a Dios y a Su Palabra, comprenden lo que está escrito en que Deuteronomio 30:7: “Entonces el Eterno tu Dios volverá aquellas maldiciones contra tus enemigos y contra los que te aborrecen y contra los que te persiguieron”

La Tierra de Israel es nuestra heredad, la del pueblo judío, única y exclusivamente del pueblo judío, la herencia que el Eterno ha dado a perpetuidad del Pueblo Judío.

Todos se atreven a hacer análisis de historia y geoestrategia sobre Israel ¿Cuánta gente que ignora la política interna de su propio país, la de los vecinos, desconoce el nombre de los ministros de su propio gobierno, del de los vecinos, se atreve a decir que rechaza la política interna de Israel?

Súbitamente todos estos se vuelen analistas de primera y excelsos expertos en historia de Israel, sin la menor idea de la historia de Am Israel y la más absoluta ignorancia. Cuestionan la existencia de Israel, su integridad territorial, y en ningún momento se han cuestionado la integridad de un Irán persa que ocupa Sistán y Baluchistán, de más de 180.000 km2.

O una Turquía ocupante del kurdestán, también ocupante de la europea y griega isla de Chipre, o de la provincia siria de Hatay y Alexandreta, y de parte del territorio del Kurdistán (230 000 km²).

Kurdistán ocupado no sólo por Turquía, también por Irán (28 817 km²), Siria (40.000 kms), Irak (más de 40.000 kms).

O de los mismos Estados Unidos que conquistaron tierras conquistadas anteriormente por los españoles, como Texas, California, Nevada, Florida, Nuevo México, Arizona, Oregón, Alabama, Colorado, Utah. 

Ni la integridad de los estados europeos. Nadie cuestiona nada, pero sí a Israel. La razón es deslegitimar Israel, poder destruir Israel para “mostrar” que la Biblia es falsa.

Pero el Eterno es el Guardián de Israel (Salmo 120). 

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