Sábado, 20 de julio de 2024

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Tu Matrimonio como Dios lo pensó.

Confesión brutal. Comentario para Matrimonios: Juan 20, 24-29

por ProyectoAmorConyugal.es

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EVANGELIO

¡Señor mío y Dios mío!
Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».

Palabra del Señor.

Confesión brutal.

Celebramos hoy la fiesta de Tomás apóstol. La primera parte de su intervención en el relato de este pasaje, es cosa de Tomás, pero en cambio, el final es cosa de Espíritu Santo. Así tenemos la oportunidad de comparar en este Evangelio la acción de los hombres y la acción del Espíritu. En la primera parte aparecen las dudas, no solo de fe, sino las dudas con respecto a la comunidad de los apóstoles a la que pertenecía Tomás. Suponemos que no sentaría muy bien entre ellos sus dudas sobre el testimonio del que le hacían partícipe. En cambio, en la segunda parte, aparece una confesión de fe brutal: “Señor mío y Dios mío”. Una confesión que destaca sobre todo porque es la primera vez que alguien se dirige a Jesús como “Dios”. Y esto sólo puede ser por obra del Espíritu.

Aterrizado a la vida matrimonial:

Andrés dejó de creer en el matrimonio después de haber vivido una experiencia decepcionante con sus padres separados. Pensaba que era mejor no casarse. Almudena, su novia, en cambio, sí quería casarse. Para ella era el único camino válido para su relación. Andrés fue conociendo a Cristo de la mano de Almudena. Le sobrecogió una entrega como la Suya, especialmente en la Pasión. Y ¿qué es lo que convenció a Andrés para casarse con Almudena? Descubrió que el matrimonio es un sacramento que surgió del Dios que resucitó a Cristo. Si aquella fuerza superó un límite tan infranqueable como el de la muerte ¿Qué no iba a poder superar un sacramento como el del matrimonio salido del mismo costado del Señor? Andrés no conocía a nadie que hubiera vivido un matrimonio de verdad, pero aun así creyó en la sobrenaturalidad del sacramento del matrimonio y por eso ahora, casado ya con Almudena, Andrés es feliz, por haber creído sin ver.

Madre,

Que no seamos incrédulos con las cosas de Cristo, porque Él ha pagado un precio muy alto para transmitirnos la verdad y la vida. Creamos en aquellos que le testimonian con su vida de esposos. Señor mío y Dios mío.

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