Martes, 21 de mayo de 2019

Religión en Libertad

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Hoy el reto del amor es dar gracias por sor Matilde

por El Reto Del Amor

Año del Señor 2019
30 de abril 
 
Hola, buenos días. Hoy son las Bodas de Oro de sor Matilde; sí, 50 años que hizo su Profesión Religiosa. Por ello, le he preguntado que si querría compartirnos cómo fue su testimonio, para que demos gracias al Señor por su vida. 
 
JESUCRISTO ES EL MISMO AYER, HOY Y SIEMPRE 
 
Me piden que cuente un poco cómo fue mi vocación y el camino que hice en el seguimiento de Jesús, para toda la vida. Pues, aquí va:
 
Ya sabemos que, cuando Jesús nos llama a seguirle, lo ha preparado todo desde la eternidad y cada paso está marcado por su Providencia.
 
Así, fue Providencia que yo padeciera una enfermedad mortal a la edad de nueve años: fue una meningitis muy grave, con la que luché un año entero, entre la vida y la muerte. Padecía frecuentes ataques de pérdida de conciencia; a momentos, no veía; y los dolores de cabeza continuos eran insoportables… 
 
Mi madre, viendo que de la tierra no podían darle auxilio, recurrió al Cielo, y pidió a la Virgen María de Fátima que me curara… Así me lo explicó ella, y me preguntó: “¿Crees que si bebes agua de Fátima, te vas a curar, por la intervención de la Virgen?”... Y yo le dije que sí lo creía… Y con esto, me fui curando, milagrosamente, cuando los médicos me daban por muerta… ¡Y no me quedó ninguna secuela de la enfermedad!
 
Este episodio se grabó como un sello en mi alma de niña, pero con los años, lo sepulté en el olvido y no me acordé de más…
 
Aproximadamente a los veinte años, comenzó otro calvario, que se me grabó más, porque fue el momento en que se me desveló la llamada de Dios, para que estuviera siempre con Él…
 
Con mucha ignorancia y desenfado, así como sin discernimiento, me embarqué en un noviazgo que duró tres años: mucho sufrimiento, muchos celos, muchas agresiones verbales... y yo, por compasión mal entendida, no sabía ni cortar ni acabar con esta situación…
 
En ese tiempo, yo oraba mucho: “¡Dios mío, ayúdame!”.  Era mi plegaria continua… Y Dios, vino en mi auxilio y me arrancó de todo esto, sin haber yo intervenido para nada: todo fueron persuasiones que le dieron a él porque yo “no le convenía”…
 
Sí, todo acabó, pero yo me sentí herida de una tristeza y fracaso muy grande… Y para colmo, mi madre, todavía joven, padeció un cáncer fulminante y el Señor se la llevó al Cielo. Y digo esto porque, en el funeral, el sacerdote afirmó: “En el séptimo piso, ha muerto una mujer santa”…
 
Con estos dos duros golpes, casi seguidos, me amparé en un escepticismo e indiferencia, porque ya no podía sufrir más… Pero en este momento, ¡el Señor me esperaba!… 
 
Me hizo conocer a un dominico joven, que me acogió como estaba y me hablaba del amor de Jesús, como nunca yo había oído… No, yo no tenía ese amor, pero lo deseaba: Un amor que nunca falla, que quería acogerme como estaba…
 
Este dominico, me llevó con él, quince días, a éste, mi convento de Lerma... Todo el tiempo estaba sola estudiando y él atendía a las monjas… Y aquí, en esta soledad, pensaba: “Si yo tuviera lo que tienen estas mujeres, me iría con ellas”… ¡Pero no lo tenía y lo deseaba!…
 
Así, el último día de mi estancia aquí, decidí confesarme con este cura… ¡pero no pude!… ¡Sucedió algo extraordinario!
 
Desde el Sagrario, una voz que yo oía con claridad, me decía con fuerza y repetidamente: “¡¡¡Ven, ven, ven...!!!”. Entonces, ¡reconocí que era Jesús el que me llamaba!... Y rompí a llorar sin consuelo, diciéndole: “¡Ya voy, Señor, ya, si quieres ahora mismo! ¡Ya voy, ya voy...!”.
 
Este diálogo, no sé lo que duró, pero fue inefable y cambió completamente mi corazón y mi vida… ¡Había nacido de nuevo, para otra realidad, yo no me conocía!
 
Me acerqué al dominico y le dije: “¡¡Ya está, ya está...!!”. Él no sabía de qué hablaba y me respondió: “¿Ya está qué?”. Le dije: “Quiero ser monja, ya, ahora mismo, el Señor me llama para Sí”…
 
Volví a Madrid, y mis ojos y lo que contemplaba, no era lo que yo dejé… Todo me hablaba de Dios: los niños, los viejos, la gente, el autobús, el metro… ¡Todo, todo!... ¡Fue una borrachera de Dios, en donde ni yo misma me reconocía!… ¡Esto sí que era felicidad, de la que no se acaba, porque su fuente es Dios mismo!…
 
Y, a partir de aquí, puedo dar testimonio de que el Amor de Dios, dura siempre… ¡Es eterno!
 
¡Doy infinitas gracias a Dios, porque me miró y me sigue mirando con tanta ternura y caridad!...
 
 
* * *
 
Hoy el reto del amor es dar gracias por sor Matilde. Ora por ella, dando gracias al Señor por su vida, por su entrega incansable y por su deseo de llevar a todos a Jesús. Después de 50 años, ¡aquí está, llevándonos al Señor con el reto, compartiendo meditaciones de la Palabra en nuestra web... y atendiendo con cariño a tantas personas! Demos gracias a Cristo por este testimonio vivo de que “el amor del Señor se renueva cada mañana”. ¡Feliz día!
 
 
 
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¡Feliz día!
 
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