Sábado, 20 de julio de 2019

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¿Fue un español el descubridor de Australia?

por En cuerpo y alma

  
Pedro Fernández de Quirós.
Monumento en Canberra (Australia).
           Hoy si me lo permiten, quiero hablarles a Vds. de un gran español que no lo fue de cuna, sino de adopción, de elección y de vocación. Me refiero a Pedro Fernández de Quirós, Pedro Fernandes de Queiros en portugués, el cual nace en Evora, en Portugal, a pocos kilómetros de la frontera con España, en el año 1565. En 1596, con treinta años de edad, nos lo encontramos ya como piloto en la expedición de Alvaro de Mendaña de Neira en su expedición a las islas Solomon, que llega a Filipinas en 1596.
 
            En 1598, Quirós regresa a España y solicita a Felipe II un nuevo viaje por el Pacífico. También busca apoyo a su expedición en la mismísima Roma, donde impresiona muy favorablemente tanto al Papa Clemente VIII como al embajador español, el Duque de Sisa. Estando en la Ciudad Eterna escribe su “Tratado de la navegación”, en forma de epístola al Rey Prudente.
 
            Sólo tres años después se halla de nuevo en el Perú al mando de la expedición que había de zarpar a la búsqueda de la Terra Australis, la tierra del sur, que consta de tres barcos, el “San Pedro y San Pablo”, el “San Pedro” (se diría que todos los demás nombres para bautizar barcos estaban ya cogidos) y el “Los tres Reyes”, que zarpan de El Callao el 21 de diciembre, es decir, tal día como hoy pero del año 1605, hace pues cuatrocientos siete años. Tras descubrir las islas Henderson y Ducie en mayo de 1606 la expedición arribaba en las islas que Quirós llamó Australia del Espíritu Santo; que pasarán a llamarse, desde que las ocupara el inglés James Cook en 1774, Nuevas Hébridas, en referencia a las islas escocesas; y después aún, al lograr la independencia en 1980, en el nuevo país de Vanuatu.

Mapa de las rutas de Mendaña, Quirós y Vaz de Torres
 
            Animado por un fuerte espíritu religioso, Quirós funda en las islas una colonia que llama Nueva Jerusalén y una orden para defenderla, la Orden del Espíritu Santo. Aunque la colonización efectiva de las islas la realizarán desde finales del s. XVIII ingleses y franceses, se producirá un hecho altamente singular, cual es la posibilidad que siempre mantendrán los indígenas de recabar justicia de una corte nativa cuyo presidente nombra el Rey de España.
 
            Después de seis meses, la expedición se hace de nuevo a la mar, pero la mala mar lleva a nuestro marino a separarse de los otros dos barcos de la expedición y a retornar a Acapulco. Su segundo, Luis Váez de Torres, consigue alcanzar Filipinas costeando por Nueva Guinea en la ruta que hoy día lleva su nombre.
 
            Quirós se halla de vuelta en Madrid en 1607, donde pasará siete años narrando y escribiendo sobre su fabuloso viaje. La obra de Quirós acabará llegando a manos del Almirante de la Armada británica Alexander Dalrymple, el cual se la facilita a Joseph Banks el cual a su vez la pone a disposición de James Cook, el que pasa a la historia como descubridor de Australia. Ahora bien, durante el s. XIX, en círculos católicos australianos se difundirá que el verdadero descubridor de Australia no había sido James Cook y con él Willem Janszoon y Abel Tasman, sino el propio Quirós, algo que el Arzobispo de Sidney, Patrick Francis Moran, dio por hecho demostrado y se enseñó en las escuelas católicas del país durante mucho tiempo. De hecho, según la versión en cuestión, la colonia de Nueva Jerusalén fundada por Quirós habría estado emplazada en realidad cerca de la ciudad de Gladstone, en Queensland.
 
            Llegara o no llegara a poner los ojos sobre ella, lo cierto es que la expedición de Quirós allanó el camino al descubrimiento de Australia, no ya sólo por la magnífica información que brindó y que acabó en las manos de Cook, sino porque que después de haber navegado casi diez mil millas marinas desde el Callao en la dirección hacia el que se da en llamar el Quinto Continente, Quirós apenas se quedó a poco más de mil millas de avistar sus tierras.
 
            De vuelta hacia Perú con cartas reales para acometer nuevas expediciones, Quirós morirá a bordo del barco, en Panamá en el año 1614, con apenas 49 años de edad.
 
            Amén de lo que él mismo escribió sobre sus aventuras, existen otras crónicas de sus expediciones como la “Relación sumaria de Prado”, escrita en 1608, o el “Memorial de Juan Luis Arias de Loyola” redactado en 1630, basado en las discusiones habidas entre Arias y el propio Quirós. La figura de Quirós ha conocido mucho auge en los ámbitos australianos. El poeta australiano del s. XX, James McAuley, le dedica todo un poema en el que lo llama “mártir del cristianismo”, y el novelista John Toohey publica en 2002 una novela titulada “Quirós”.
 
 
            ©L.A.
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