Martes, 23 de julio de 2019

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Los 7 mártires de la Editorial Bruño (1)

por Victor in vínculis

Editorial Bruño
La historia de hoy comienza con un nombre ficticio tomado de un nombre real. El ficticio es el de Gabriel María Bruño que aparece como autor de muchos de los libros que se utilizaban en los colegios de La Salle. Magníficos tratados, donde no faltaba ni sobraba nada, además de estar escritos con claridad y editados con magnífica calidad.
El nombre real era el del decimocuarto sucesor de San Juan Bautista de la Salle: Frère Gabriel Marie Brunhes (18341916), que fue el Superior General de los Hermanos de la Salle de 1897 a 1913.
De aquí, procede el origen del nombre de la Editorial Bruño, que fue fundada en 1895 en Francia, siendo propiedad del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle. Los Hermanos que estaban en España dentro de la misma costumbre, establecieron una editorial, aunque  optaron por castellanizar el apellido Brunhes por Bruño. Finalmente, se decidió que todos los hermanos que trabajan escribiendo manuales no pondrían su propio nombre sino el común de G.M.BRUÑO.
Así pues, la Editorial Bruño sirvió a lo largo de un siglo, de manera extraordinaria a la docencia, tanto en España como en Hispanoamérica. Algunos de sus libros fueron los más vendidos en España, y sus autores eran mayoritariamente los Hermanos de La Salle que estaban en contacto con la educación. En los primeros años del siglo XXI, la Editorial Bruño pasó a ser propiedad de una multinacional.
 
Un mártir y un académico de la lengua en Ecuador
Entre los muchos "lasalianos" españoles que escribieron manuales ponemos de ejemplo al Hermano Anselmo Pablo Solas del Val, que D.m. será beatificado el 27 de octubre de 2013 en Tarragona. En el próximo artículo hablaremos de él. Algunas de sus obras, hechas en todo o en parte por él mismo son “Lecciones de dibujo”, “Ciencias Físicas y Naturales”, diversos libros de lectura, etc. Aparte de esto, cuidó la edición de obras famosas, como “Aritmética demostrada” y “Curso Superior de Geometría”.
En América sucedió lo mismo, y es muy conocido en la textología escolar san Miguel Febres, autor de la Colección G.M. Bruño, considerado como uno de los autores de textos de más trascendencia en Hispanoamérica. Este escritor ecuatoriano fue conocido en las aulas escolares por sus textos de Aritmética, Geometría, Álgebra, Lenguaje, Español, Literatura y Religión y otros. Un centenar de textos escolares  se estudiaron en todos los países de Hispanoamérica, en España, Francia y en otros lugares del mundo.
 
San Miguel Febres Cordero
Permitidme la digresión porque el santo lo merece
Miguel fue minusválido desde su nacimiento, apenas podía caminar por tener los pies deformes. Poco a poco logrará ir venciendo su enfermedad. Decidió entregar su vida a Dios y se hizo religioso en los Hermanos de las Escuelas Cristianas, de La Salle. Y estando su corazón firme en el Señor comenzó una carrera fecunda de maestro, catequista y escritor. Su intensa actividad -en 30 años editaría un centenar de textos escolares- no le impidió la asiduidad en la oración. Llegará a ser miembro de la Academia de la Lengua en el Ecuador, su país natal. Pero su campo de acción preferido fue la catequesis: durante 26 años tuvo a su cargo la preparación a la Primera Comunión…
¿Quién no ha cantado en alguna ocasión el “Oh Buen Jesús”?, cuya letra compuso el Hno. Miguel. Actos para la comunión es su título original y va entrelazando en cada estrofa un acto de fe, de humildad, de contrición, de esperanza, de amor y de deseo en la presencia de Jesús Sacramentado.
 
¡Oh Buen Jesús! yo creo firmemente
 que por mi bien estás en el altar,
que das tu cuerpo y sangre juntamente,
al alma fiel en celestial manjar.
 
Indigno soy, confieso avergonzado,
de recibir la santa comunión;
Jesús, que ves mi nada y mi pecado,
prepara tú mi pobre corazón.
 
 Pequé, Señor; ingrato te he vendido;
infiel te fui, confieso mi maldad.
Contrito ya, perdón, Señor, te pido;
eres mi Dios, apelo a tu bondad.
 
Espero en ti, piadoso Jesús mío;
oigo tu voz, que dice: «Ven a mí».
Porque eres fiel, por eso en ti confío;
todo, Señor, espérolo de ti.
 
 ¡Oh buen Jesús, Pastor fino y amante!
Mi corazón se abrasa en santo ardor;
si te olvidé, hoy juro que, constante,
he de vivir tan sólo de tu amor.
 
Dulce maná de celestial comida,
gozo y salud del que te come bien,
ven sin tardar, mi Dios, mi Luz, mi Vida;
 desciende a mí, hasta mi pecho ven.
  

San Miguel Febres llevando a los niños a la Primera Comunión


[esta anotación se incluye el 29/04/2016
http://www.lasalle.es/images/stories/Documentos/Boletin%20ARLEP/272/Creacion%20lasaliana.%20Creo%20firmemente.pdf ]

30 de julio de 1936
La Procuraduría era la Casa que editaba los libros de texto Bruño, empleados en las escuelas de los Hermanos en España, se encontraba en la madrileña calle de Velázquez. Los libros de texto alcanzaron tanta reputación que no pocas escuelas del estado los utilizaban también para la enseñanza de sus alumnos.
Antes de comenzar la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, por las manos de los partidos y organizaciones de izquierdas circulaban numerosas “listas negras”, elaboradas calle por calle y casa por casa, cuyos nombres quedaban marcados para asesinarlos a su debido tiempo. Cuando comenzó la guerra, se desató la persecución de manera virulenta. El 30 de julio un grupo de milicianos comunistas se presentaron en la casa, cuyos moradores, los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle, ocupaban un puesto de honor en aquellas “listas negras”.
Reunidos todos en el recibidor, los sometieron a un interrogatorio, preguntando por las armas, el dinero, las actividades, las personas... El Hno. Director del Asilo Sagrado Corazón, otra casa de Madrid, estaba accidentalmente en la Procuraduría, esperando una visita. Cuando vio la situación optó por retirarse discretamente.
Pero otros dos Hermanos de la Escuela de Santa Susana, dirigida también por Hermanos en el barrio de Las Ventas, y que habían ido a la Procuraduría, no pudieron separarse de los Hermanos de la Casa.
Después del interrogatorio, los milicianos ataron a cada uno, les hicieron subir a un autobús y los llevaron a la madrileña Casa de Campo, que en aquellas fechas quedaba bastante a las afueras de la ciudad. Allí fueron fusilados.
Los demás Hermanos no tuvieron noticias de ellos hasta el 15 de septiembre, en que el Hno. Visitador, con el Director General, acudieron a la “Seguridad”, o prefectura de Policía para preguntar por aquellas personas desaparecidas.
Entre los millares de fotos que les mostraron de personas asesinadas en Madrid, reconocieron a los Hermanos Agustín María, Anselmo Pablo, Norberto José, Oseas, Crisólogo y Esteban Vicente. Entre las fotos no vieron al Hno. Braulio José, tal vez porque en muchas ocasiones los cadáveres quedaban totalmente deformados.
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