Jueves, 22 de agosto de 2019

Religión en Libertad

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Lluis Companys, el nefasto (2)

por Victor in vínculis

Todas las iglesias han sido destruidas
 
Gonzalo Redondo en su “Historia de la Iglesia de España, 19311939: La Guerra Civil, 19361939” (Madrid 1993) cita la edición inglesa escrita en 1938 por George Orwell, “Homenaje a Cataluña. Un testimonio sobre la revolución española” (Barcelona, 1970).
 
En la nota 11 de la página 21 Redondo reseña:
 
“George Orwell (Homenaje... p.41) pudo escribir en diciembre de 1936, a su llegada a Barcelona: …casi todas las iglesias habían sido saqueadas y las imágenes quemadas, y algunas de ellas estaban siendo sistemáticamente demolidas por cuadrillas de obreros”. En Barcelona “se han quemado, se han destruido, 177 iglesias” (Antonio Pérez de Olaguer, El terror rojo en Cataluña, Burgos, 1937, p.14). “Más de 220 iglesias y grandes capillas públicas fueron incendiadas y saqueadas solo en Barcelona” (Luis Carrera, Grandeza cristiana de España. Notas sobre la persecución religiosa, Toulouse 1938, p.45). Este mismo autor, colaborador estrecho del cardenal de Tarragona durante los años de la II República, recoge las palabras del presidente de la Generalitat en una entrevista que se le hizo en agosto de 1936: “Abordado en ella (en la entrevista) el problema religioso, no sin cierto temor por lo delicado -dice la periodista- Companys (…) al preguntarle sobre la posibilidad de la reapertura del culto católico, contestó vivamente: “¡Oh! Este problema no se plantea siquiera, porque todas las iglesias han sido destruidas” (p. 46). Efectivamente. Cuando en 1938 Manuel de Irujo consiguió la autorización del gobierno de Negrín para abrir alguna iglesia se encontró con el problema de que, salvo las dos capillas privadas por la delegación vasca en Barcelona, no había ninguna iglesia en la Ciudad Condal en condiciones para que en ella se tuviera culto público”. (La foto que acompaña estas líneas es la Iglesia del Carmen de Manresa).
 
 
Companys, un genocida pasivo
 
La República negó siempre la existencia de checas, claro está. Pero el consejo de guerra a Laurencic tras la guerra (el ejército franquista le fusiló en el Camp de la Bota) acopió testimonios. Y recientemente han ido apareciendo otros. César Alcalá se ocupó de recogerlos y publicarlos en “Checas de Barcelona” (Belacqua, 2005), que nos pinta el siniestro cuadro del terror infligido a tantos barceloneses durante la Guerra Civil… Sabemos que las checas fueron una “franquicia” soviética que el estalinismo local aplicó y sofisticó. Su primer responsable, el húngaro Erno Gero, huyó de España, se convirtió en mano derecha de Tito y participó en la invasión de Hungría, donde murió en 1980 plácidamente: la historia es benévola con ciertos asesinos…
César Alcalá, al que La Vanguardia entrevistó, el 19 de julio de 2005, responde al periodista Víctor Amela.
 
-¿Cuántas checas hubo en Barcelona?
-Una veintena. En pisos de las calles Muntaner, Sant Elies, Vallmajor, Portal de l´Ángel, Pau Claris, un par en la plaza Catalunya… La de más terrible fama fue la de Sant Elies; se sabía que quien iba allí… jamás volvía.
 
-¿Por qué?
– Era el apeadero del matadero; desde allí se les llevaba a la Arrabassada o a los cementerios de Les Corts o Montcada i Reixac para tirotearles. También hubo en esa checa un horno crematorio de cadáveres. Anticipándose a los nazis, algunos milicianos arrancaron dientes de oro a los asesinados…
 
-¿Cuánta gente pasó por las checas?
-¡Miles de catalanes! Algunos pasaban semanas encerrados, a otros los torturaban… y enloquecían. A la mayoría los tenían en espera de ir sacándolos para matarlos de un tiro.
 
-¿Quién gestionaba esas checas?
-De julio de 1936 a mayo de 1937, los anarquistas de la CNT-FAI y las patrullas de control (comandadas por Erao Gero, un enviado de Stalin), que recorrían Barcelona quemando iglesias y deteniendo a religiosos, católicos, carlistas, patronos, comerciantes…
 
-¿Acusándolos de qué?
-De ser gente de misa, gente de orden…
 
-¿Qué hacia el gobierno de la Generalitat?
-Lo presidía Lluís Companys, que no supo frenar aquellos crímenes, por lo que alguna responsabilidad de éstos podemos atribuirle. La pregunta es: ¿en qué grado?
 
-¿Qué respondería usted a esa pregunta?
-Que Companys era el presidente de todos los catalanes…, y 8.352 de ellos fueron asesinados en Catalunya de 1936a 1939, muchos previo paso por checas. ¡Fue el 0,28% de la población catalana! ¿No debería haber hecho algo Companys para protegerlos?
 
-¿Qué debería haber hecho?
-No sé, obligar a las patrullas a llevar a los detenidos a la cárcel Modelo, y tutelarlos allí todo el tiempo necesario, evitándoles torturas y preservando de ese modo sus vidas.
 
 
La Vanguardia, 29 de diciembre de 1936
 
La siguiente pista nos la ofrece Josep Maria Martí i Bonet en su obra “El martiri dels temples a la diòcesi de Barcelona (1936−1939)” (Barcelona, 2008). En la página 65 cita un “sorprendente” discurso del presidente Companys delante de un numeroso público reunido en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona. Se publicó el día 29 de diciembre de 1936, con el siguiente título: “Concentración de fuerzas republicanas de izquierda” con motivo de la celebración del tercer aniversario de la muerte del Presidente Macià...
El discurso del Presidente Companys pretende tratar la situación política y social dentro de “la actualidad (guerra civil) que estamos viviendo…”. Dice:
 
El 19 de julio, la que se subleva es esta España caduca, carcomida por el tiempo, cancerosa por sus pecados, que encuentra el apoyo y sirve de instrumento al fascismo internacional, obedeciendo a una táctica de estas fuerzas retardatarias que vienen a significar una continuación de la barbarie primitiva…”.




Mn. Martí Bonet es un sacerdote e historiador catalán (Tarrasa, 1937). Se doctoró en historia eclesiástica por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y se diplomó en paleografía, diplomática y archivística, estudió Filosofía y Humanidades en el Seminario de Barcelona (19491957), y se licenció en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1962) . Ha sido profesor en la Facultad de Teología de Cataluña y en 1972 fue nombrado director de la Biblioteca Pública Episcopal y del Archivo Diocesano de Barcelona, en los que ha realizado una importante labor de modernización y de fomento de la investigación. Fue el organizador y comisario de la exposición Mil·lenium, por ello en 1990 recibió la Cruz de San Jorge. Entre sus libros destacan: “Catàleg Monumental de l´Arquebisbat de Barcelona” (1978 y 1981), “Sant Vicenç de Sarrià: 1.000 anys d´història” (1987), “La Catedral de Barcelona” (1997), “Gregorio Modrego Casaus: bisbe del XXXV Congrés Eucarístic Internacional de Barcelona: documents i notes històriques” (2002) o “El bisbat d´Egara: breu historia” (2007).
 
Aunque Martí Bonet no da la cita completa, yo prefiero hacerlo y además en la hemeroteca de La Vanguardia es fácil encontrar la noticia y todo el discurso:
 
No se han sublevado tampoco los hombres de sentimiento religioso; los que se han sublevado son los traficantes de la religión de Cristo. Nosotros no vamos contra el sentimiento religioso, que mientras exista el dolor y la muerte, la mente humana buscará siempre el reducto o el refugio de una doctrina o de una filosofía o de un sentimiento, en el misterio impenetrable del más allá. No vamos contra ningún sentimiento, que mientras exista el dolor y la muerte, la mente humana buscará siempre el reducto o el refugio de una doctrina o de una filosofía o de un sentimiento, en el misterio impenetrable del más allá. No vamos contra ningún sentimiento religioso. Pero es que aquí los que se han sublevado son los dignatarios y los eficientes de un sindicato de intereses que comerciaba con la religión de Cristo y que el pueblo no conocía más que por las misas, por los funerales y por las dispensas. Estos son los que se han sublevado. El predominio clerical en nuestro país era como el predominio militarista: un predominio de castas y de privilegios, con una intervención continua en los negocios terrenales en la política, propagadores y sembradores de la pasión, de la violencia y de la discordia civil. En las elecciones del 16 de febrero, el Nuncio propagaba y exaltaba las candidaturas de derechas: con Acción Popular, iba Acción Católica, y el obispo de Barcelona fue el promotor de la coalición reaccionaria con carlistas y lerrouxistas, levantando aquí una ola desbordante de guerra civil… Y en los últimos tiempos, en vísperas del 19 de julio, algunas iglesias y conventos fueron convertidos en fortalezas. Por el obispado fueron repartidas armas y fueron los últimos reductos tomados por las fuerzas populares, los conventos e iglesias en los que se defendían hasta última hora las fuerzas del fascismo y de los militares rebeldes. Son beligerantes y han sido tratados como beligerantes… ¡Ah! ¡Cuántos dolores acarrea el estallido de la multitud! Pero en el fondo alienta siempre una justicia instintiva.
 
“Estas últimas frases -afirma Martí Bonet- nunca deberían haber sido pronunciadas, en este contexto tan apasionado, por el presidente Companys… Si hubiese sido verdad que había habido resistencia en un par de iglesias de Barcelona, en la ciudad había por lo menos quinientos templos (parroquias, conventos, oratorio…) y, en la mayoría de ellos, los sacerdotes fueron sistemáticamente perseguidos, y no ofrecieron ninguna resistencia. Esta es la objetiva realidad... Tampoco se puede probar que el Obispo de Barcelona, Dr. Irurita fuera “el promotor de la coalición reaccionaria… levantando aquí una ola desbordante de guerra civil… y que desde el obispado fueron repartidas armas”. Son acusaciones que el presidente Companys, pienso, debía haberse ahorrado, o al menos, en caso de ser ciertas, eran tan graves que debían haber sido presentadas a su tiempo en los tribunales para ser verificadas”.
 
“Pero para muchos de nosotros -termina Martí Bonet-, eclesiásticos o seglares católicos, todavía es más inadmisible la frase “en el fondo alienta siempre una justicia instintiva”. ¿De qué justicia habla el Presidente? ¿Se refiere a la justificación de la persecución, inmolación y a la enorme tragedia de tantas víctimas y al destrozo de los templos? De todas maneras es inadmisible en un Presidente unas declaraciones tan graves, sea cual sea el sentido de las mismas”.
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