Jueves, 22 de agosto de 2019

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Los monjes mártires de Montserrat (6)

por Victor in vínculis

Bernat Vivancos i Farràs (Barcelona, 1973) inició sus estudios musicales con su padre, y posteriormente, en la Escolanía de Montserrat bajo la dirección del P. Ireneu Segarra. En 2007 fue nombrado director de la Escolanía de Montserrat, cargo que compagina con su actividad docente y su trabajo en el campo de la composición.
El 13 de enero de 2012 con ocasión de la clausura de la exposición “Gaudí: la Sagrada Familia de Barcelona. Arte, ciencia y espiritualidad” que tuvo lugar en Roma, uno de los acto principales fue la actuación de la Escolanía de Montserrat, en la Basílica de Santa Maria in Trastevere. Bernat Vivancos, eligió cinco poemas de Verdaguer musicalizados por el P. Rodamilans, uno de los principales renovadores de la Escolanía a principios del siglo XX. Los cinco poemas de Verdaguer son “Rosa Vera”, “El Girasol”, “Amor. Cançó de Maig”, “El nom de Maria” y “Moreneta en sou”.
Parte de aquella actuación fue grabada hace unos meses para editar un nuevo disco. Como declaró Vivancos hace unos meses para el periódico digital www.reusdirecte.cat “la Escolanía de Montserrat intenta grabar un disco cada dos o tres años con el objetivo de mostrar al mundo cómo es la Escolanía actual y que se convierta en un recuerdo para los escolanos”. De hecho, el propio Vivancos recuerda que hace 25 años, cuando él era escolano, también grabó un disco del P. Ángel Rodamilans. “Para mí fue un gran descubrimiento e incluso ahora puedo decir que grabé aquel disco. A partir de ahora también podré decir que he tenido el placer y el honor de dirigir éste”.
Bernat Vivancos explicó que los alumnos de la Escolanía hicieron un trabajo previo con ocho textos de Jacinto Verdaguer y han analizado su significado. Según el director musical, “es importante que sepan, entiendan y vivan todo aquello que cantan”. En este caso, los alumnos han intentado averiguar cuál es la unión y la relación musical que se establece entre las obras de Jacinto Verdaguer y la música de P. Ángel Rodamilans.
Vicancos, en 1997, escribió la biografía “Ángel Rodamilans, 18741936: Evocació i recerca” editada en Publicacions de L´Abadia de Montserrat (148 páginas). Se trata de un libro homenaje a la figura del P. Rodamilans, destacado continuador de la rica y centenaria tradición musical montserratina que nos dejó un legado muy  valiosos de obras corales. Este libro es un primer paso para dar a conocer una música que, en palabras del P. Abat Cassià Just, “nunca te dejará indiferente”.
 
De su trabajo, escrito en catalán, “Angel Rodamilans (18741936). Recorregut biogràfic” tomamos la penúltima parte “La Guerra Civil. Una mort absurda (1936)”:
A él le parecía que todo sería un nubarrón, que pasaría enseguida”, comenta el P. Agustín Figueras, que fue uno de los monjes que pasó los últimos días junto al P. Ángel en Montserrat. No se pasaba por la imaginación al inocente compositor que su vida iba a acabar de una manera tan trágica…
Efectivamente, en una guerra cruel y absurda como aquella los hechos se sucedieron de manera muy rápida y descontrolada. Mn. Narcís Xifra i Riera, nos cuenta día a día, y de manera detallada, el desconcierto vivido en los últimos días en el Monasterio. El maremágnum que gobernaba en esa situación, con los nacionales por un lado y los rojos por otro, no hizo más que aportar a la insostenible tesitura un absurdo suicidio colectivo, con tantas muertes inocentes, estúpidas.
En Montserrat se vivían momentos de mucho amargor, ya que se temía, de un momento a otro, la llegada de grupos incontrolados que incendiasen el Monasterio. Ante el peligro de poder ser atacados por los pueblos vecinos, se decidió recurrir a la Generalitat de Catalunya. Entonces el conseller de Cultura, Ventura Gassol, proporcionó ayuda y protección a los monjes y al Monasterio para abandonarlo con ciertas garantías.
Teniendo en cuenta este panorama, el P. Ireneu Segarra temió por la suerte que correrían las obras del P. Ángel, ya que fácilmente podría perderse todo. Decidido, recogió las obras más importantes y las escondió en la montaña, concretamente en una de las cuevas de San Antoni, cavidades de los roquedales que garantizaban una mínima seguridad. Allí estuvieron bastante tiempo, hasta que un día unos excursionistas de Terrassa, se las llevaron a su casa). Una vez acabada la Guerra Civil, las devolvieron al Monasterio, donde se conservan.
Como consecuencia de haber permanecido a la intemperie, algunos originales del P. Rodamilans quedaron estropeados por las humedades y las lluvias. Hoy en día, se puede decir, que se conservan la totalidad de las obras del compositor, salvo que se haya podido extraviar alguna.
Realmente, anécdotas como esta, nos hacen darnos cuenta de la tensión que se vivía en aquel momento en Montserrat, y de la valentía de algunos monjes para salvaguardar la riqueza patrimonial de la Abadía.
El P. Agustí nos comenta, reviviendo su propia historia, las últimas horas en Montserrat:
“Con el P. Jordi Riera (muy amigo del P. Ángel), el P. Gassó, y yo, nos fuimos a refugiar en una celda de Sant Alfons, como si fuésemos peregrinos de Montserrat. El P. Ángel no salía de la habitación porque no tenía humor. Fue un tiempo de espera, de mucha intranquilidad porque no sabíamos cómo salir. -Mientras tanto escribiré música. Escribiré todo lo que pasa, dijo el P. Rodamilans”.
Según el libro “Beatificationis seu declarationis martyrii...”el P. Ángel pasó allí un par de días. El 24 de julio pisaría por última vez la montaña santa.
Aunque su preocupación era llegar a Sabadell o a Terrassa, fue primero enviado a Barcelona en un camión. Iba acompañado de un joven estudiante de Montserrat que, viendo que en el piso donde se tenían que esconder en Barcelona había sido registrado, le llevó a una pensión, en el nº 10 de la calle Bonsuccés, en el barrio barcelonés del Raval, donde residieron hasta el día 27. Otras fuentes indican que el piso del carrer Bonsuccés era del hermano del joven estudiante que le acompañaba. También se cree que el P. Ángel se quiso refugiar en casa de un sobrino suyo, cosa que no pudo ser pues se encontró con la desagradable sorpresa de ver como pocos instantes antes había sido detenido. Hasta intentaron escuchar misa en la Catedral, que estaba cerrada. Una muestra más de su ingenuidad y de su fe ardiente.
El P. Ireneu Segarra fue, como ya dijimos, una de las últimas personas que estuvo con el P. Rodamilans hasta pocas horas antes de su muerte. Le quiso convencer para que no se fuese a Sabadell. El P. Ángel, pensando que era una molestia, aún se empeñó más. El P. Ireneu le acompañó hasta la Rambla, esquina Bonsuccés. Allí el P. Ángel se dirigió hacia la Plaza de Catalunya para tomar los Ferrocarriles en dirección a Sabadell, donde vivía su familia. Peligroso viaje.
Como era lógico, al salir del monasterio los monjes tuvieron que “disfrazarse” para pasar desapercibidos de las milicias armadas (…) no se podía disimular mucho la condición de sacerdotal.
El P. Ángel llegó a Sabadell alrededor de las 11. Hay una cierta confusión sobre los hechos exactos de aquella nefasta mañana. Algunas fuentes indican que primeramente se dirigió a casa de unos amigos suyos, en la calle Raval de Dins. La versión más exacta nos la ofrece el libro “Beatificationis seu declarationis Marttirii...”. Fue reconocido como sacerdote en la calle del Pare Sellarès, esquina Ntra. Sra. de Gracia, donde fue detenido por los milicianos que estaban de guardia delante de la sede de la F.A.I. No ofreció resistencia. Le registraron, y le encontraron varios rosarios. Prueba demasiado evidente.
Inmediatamente fue conducido hacia la “Riereta”. Fue asesinado pasado el puente de hierro de la “Riereta” llegando al primer camino que se encuentra a mano derecha, subiendo por el camino de la “Serra d’en Camaró”, a unos 200 pasos de la “Riereta”, que actualmente es la Ronda Ponent.
Antes de morir pidió que le dejasen rezar por los que quedaban. No tuvo tiempo. Fue fusilado de dos tiros. Algunos testimonios indican que antes le apuñalaron, abofetearon e insultaron.
Por la tarde, su cuerpo fue recogido por miembros de la Cruz Roja, y, se le practicó la autopsia de manos del Dr. Tortajada.
Fue enterrado en el Cementerio de Sabadell, en la fosa judicial nº 120. De la misma fue exhumado el día 27 de septiembre de 1939. Identificado por dos monjes del Monasterio, su cuerpo fue trasladado a Montserrat el día 18 del mismo mes. El 19 de septiembre, después de una misa pontifical, los restos del P. Ángel fueron trasladados a un lugar preferente del jardín del monasterio.
El 21 de mayo del año 1941, el Ayuntamiento de Sabadell, presidido por el alcalde Josep Maria Marcet i Coll, acordó, por unanimidad, perpetuar la memoria del P. Ángel poniendo su nombre a una de las calles de la ciudad, concretamente la que va desde la calle de Sant Feu hasta la Rambla d’Ibèria, en el barrio terrassenc de Ca n’Anglada. Igualmente, se levantó un monolito de piedra en el mismo lugar en el que fue inmolado, en el actual cruce de las calles Felip de Malla i Passeig Ferran Alzina. Aunque hoy en día este monolito esta en el patio de la parroquia de la Purísima Concepción de Sabadell, debido a que en ese lugar se construyeron unos edificios.

En el monolito se puede leer la siguiente inscripción:
HIC PROPTER DOMINUM
MARTYIRIUM SUBIIT
DOM
ANGELUS RODAMILANS
OSB
MONACHUS
MONTSERRATENSIS
XXVII-VII-XXXVI
 
El 31 de agosto de 1951 los restos se trasladaron a la Cripta del Monasterio, juntamente con otros 10 (los cuerpos recuperados) del total de los 23 monjes sacrificados.
Personalmente creo que el P. Ángel Rodamilans es un verdadero mártir de la Iglesia. Un hombre santo. Un día, en una conferencia espiritual, el conferenciante dijo que todos somos santos, pero se preguntaba si también somos buenos... El P. Ángel era santo. Y bueno.
No hay duda de la tristeza personal y humana que representó la muerte del P. Ángel, pero creo que es necesario hacer constar aquí, por lo menos en lo que a mí me toca, la pérdida (por su asesinato) en el sentido cultural de un país y de una tradición tan rica como la música montserratina. Más todavía teniendo en cuenta, como ya he dicho, que su muerte se produjo en un momento muy productivo y creador de su vida, con obras de gran envergadura, y de una riqueza enorme. Nada más hace falta echar un vistazo al catalogo que he realizado. En los últimos años de su vida tiene una serie de obras de gran magnitud, en plena madurez creativa, y con tiempo suficiente para poder realizarlas.
Esto demuestra las estupideces de las guerras, la absurdez del poder y del deseo de tener, en detrimento de las personas más indefensas o inocentes. La muerte del P. Ángel nos demuestra, una vez más, la inoperancia de estos conflictos que todavía hoy en día, por desgracia, continúan presentes.
Hasta aquí el relato de Vivancos.
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