Miércoles, 11 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

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¿Siempre se hizo la primera comunión hacia los siete años?

por En cuerpo y alma

 
            Veíamos hace unos días que los criterios a seguir en lo relativo a la edad para la celebración de la primera comunión quedaban establecidos en la encíclica “Quam Singulari” de 8 de agosto de 1910 que recogía el Decreto de San Pío X sobre la edad para la primera comunión. La pregunta hoy es, ¿pero fue siempre así en la vida de la Iglesia?
 
            La respuesta no es difícil de obtener, pues un detallado repaso al tema se contiene en la misma encíclica aludida.
 
            “La Iglesia católica, ya desde sus principios, tuvo cuidado de acercar los pequeñuelos a Cristo por medio de la Comunicación eucarística, que solía administrarles aun siendo niños de pecho. Esto, según aparece mandado en casi todos los rituales anteriores al siglo XIII, se hacía en el acto del bautismo, costumbre que en algunos sitios perseveró hasta tiempos posteriores; aun subsiste entre los griegos y los orientales. Y, para alejar el peligro de que, concretamente, los niños de pecho arrojasen el Pan consagrado, desde el principio se hizo común la costumbre de administrarles la Sagrada Eucaristía bajo la especie de vino.”
 
            Como tantas cosas cíclicas como en la vida existen, después de tan expeditiva y tempranera manera de hacer acceder a los niños al cuarto de los sacramentos, posteriormente se adoptó la costumbre de hacerlo mucho más tarde. S. Pío X nos dice también cómo tuvo lugar el cambio:
 
            “Esta costumbre desapareció más tarde en la Iglesia latina y los niños no eran admitidos a la Sagrada Mesa hasta que el uso de la razón estuviera de algún modo despierto en ellos y pudieran tener alguna idea del Augusto Sacramento. Esta nueva disciplina, admitida ya por varios sínodos particulares, fue solemnemente sancionada por el Concilio general cuarto de Letrán, en el año 1215, promulgando su célebre canon número 21, por el cual se prescribe la confesión sacramental y la Sagrada Comunión a los fieles que hubiesen llegado al uso de la razón”.
 
            Como bien afirma el Santo Pontífice “el Concilio de Trento, sin reprobar la antigua disciplina de administrar la Sagrada Eucaristía a los niños antes del uso de la razón, confirmó el decreto de Letrán”.
 
            Pero no siempre “primera confesión” y “primera comunión” fueron de la mano:
 
            “Hubo quienes sostuvieron que la edad de la discreción era distinta, según se tratase de recibir la Penitencia o la Comunión. Para la Penitencia juzgaron ser aquella en que se pudiera distinguir lo bueno de lo malo, y en que, por lo mismo, se podía pecar; pero para la Comunión exigían más edad, en la que se pudiese tener más completo conocimiento de las cosas de la fe y una preparación mayor. Y así, según las diferentes costumbres locales y según las diversas opiniones, se fijaba la edad de la primera Comunión en unos sitios a los diez años o doce, y en otros a los catorce o aún más”.
 
            Algo que constituye un error:
 
            “El Concilio de Letrán exige sólo una misma edad para uno y otro sacramento, al imponer conjuntamente el precepto de confesar y comulgar. Y si para la confesión se juzga que la edad de la discreción es aquella en que se puede distinguir lo bueno de lo malo, es decir, en la que se tiene algún uso de razón, para la Comunión será aquella en que se pueda distinguir el Pan Eucarístico del pan ordinario: es la misma edad en que el niño llega al uso de su razón”.
 
            De que tal continúa siendo la costumbre al ocaso de la Edad Media y en los inicios del Renacimiento da buena cuenta la opinión de los mejores pensadores cristianos, por cierto, muchos de ellos españoles:
 
            “Tenemos, además, como testigo de suma autoridad, a Santo Tomás de Aquino, que dice: ‘Cuando los niños empiezan ya a tener algún uso de razón, de modo que puedan concebir devoción a este sacramento (de la Eucaristía), entonces pueden ya recibirle’. Lo cual explana así Ledesma: ‘Digo, fundado en unánime consentimiento, que se ha de dar la Eucaristía a todos los que tienen uso de razón, aunque lleguen muy pronto a este uso de razón, y a pesar de que el niño no conozca aún con perfecta claridad lo que hace’. El mismo lugar explica Vásquez con estas palabras: ‘Desde el momento en que el niño llega al uso de razón queda obligado, por derecho divino, de tal manera que no puede la Iglesia desligarle de un modo absoluto’. Lo mismo enseña San Antonino: ‘Cuando el niño es capaz de malicia y puede, por lo mismo, pecar mortalmente, queda por esto obligado a la confesión y, por consiguiente, a la Comunión’”.
 
            Si bien hacia el s. XIX la edad de la primera comunión vuelve a retrasarse, algo contra lo que lucha la Magistratura:
 
            “Y así el Papa Pío IX, de f. m., en la carta del Cardenal Antonelli a los Obispos de Francia, fechada el 12 de marzo del año 1866, reprobó severamente la costumbre que se introducía en algunas diócesis de retardar la primera Comunión hasta una edad más madura y predeterminada. La Sagrada Congregación del Concilio, el día 15 de marzo de 1851, corrigió un capítulo del Concilio Provincial de Ruán, que prohibía a los niños recibir la Comunión antes de cumplir los doce años. Con igual criterio se condujo esta Sagrada Congregación de Sacramentos en la causa de Estrasburgo, el día 25 de marzo de 1910, en la cual se preguntaba si se podían admitir a la Sagrada Comunión los niños de catorce o de doce años, y resolvió: “Que los niños y las niñas fuesen recibidos a la Sagrada Mesa tan pronto como llegasen a los años de la discreción o al uso de la razón”.
 
            Para finalmente, a la altura del 1910 y como tuvimos ocasión de ver ya, marcar S. Pío X con toda claridad la doctrina que se ha de tener hoy día por cierta en lo relativo a la primera comunión de los niños:
 
            “La edad de la discreción, tanto para la confesión como para la Sagrada Comunión, es aquella en la cual el niño empieza a raciocinar; esto es, los siete años, sobre poco más o menos”.
 
 
            ©L.A.
            encuerpoyalma@movistar.es
 
 
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