Jueves, 22 de agosto de 2019

Religión en Libertad

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Las influencias masónicas

por Victor in vínculis

Continúa Josep Gassiot Magret en su obra “Apuntes para el estudio de la persecución religiosa en España” con un capítulo que titula “La unidad española y el Anticristianismo” que desarrolla con esta idea inicial:
A mi entender, España, con sus variedades regionales, ofrece la nota de unidad por su espiritualidad religiosa, manifestada no tan sólo en los sublimes escritos de sus místicos, sino también en portentosos monumentos, en las más inspiradas obras de sus notables artistas y en todas sus grandiosas empresas.
Pero, pasemos al tercer capítulo que titula “Las influencias masónicas”.
… Hay quien dice, refiriéndose a nuestra última guerra civil, que es una exageración atribuir a la masonería la causa de todos los males; pero en la prensa de Barcelona de 15 de octubre de 1936, 7 y 19 de febrero de 1937 y 6 de julio de 1938, se publicaron manifestaciones de la Gran Logia del Nordeste de España, domiciliada en la calle Avinyo, 27, por las que para atraerse simpatías se ponderaba la adhesión prestada a la “causa del pueblo” y cómo habían combatido a los que, a pesar de decirse discípulos de aquel Cristo que muestran como símbolo de los pobres y de los humildes, quieren mantener por la fuerza su dominio sobre las conciencias y acaparar todas las riquezas…
 
La masonería se adhiere al Gobierno del Frente Popular presidido por el socialista Negrín (en la foto)

Barcelona, 6 de julio de 1938

Excelentísimo señor don Juan Negrín, presidente del Consejo de Ministros.

Señor Presidente:
Desde el comienzo de la rebelión asoladora de nuestra España, que hace derramar la sangre de la juventud, que destruye los hogares, las ciudades, las obras maestras de arquitectura, el acervo de nuestra riqueza histórica, nuestros niños, nuestras mujeres; mucho antes de que fuera plena demostración ante el mundo el salvaje y criminal modo de hacer la guerra el llamado hoy totalitario, que practican los facciosos, antes de que la guerra que sufrimos fuera reconocida como guerra de independencia, esta augusta institución a que pertenecemos, la masonería española, formuló declaraciones públicas, precisas y concluyentes de adhesión al Gobierno de la República, al Frente Popular y a la causa que Gobierno, Frente Popular y pueblo español defienden en común.

No hiciera falta tal declaración si todo el mundo supiera que los fundamentos de la Orden Francmasónica y su razón de ser son: la Fraternidad, la Justicia, la Libertad, la tolerancia, la Igualdad de derechos, la abolición de todo privilegio, la Paz entre todos los hombres y todos los pueblos; si todo el mundo conociera que los medios que propugnamos para defensa de nuestros principios son: lealtad y obediencia al poder del individuo, enemigos de toda violencia; enemigos de la explotación del hombre por el hombre; propaganda por la palabra, por la conducta y por la ejemplaridad que nos esforzamos en llevar cada día a mayor depuración; dignificación por el trabajo y la cultura; armonía con los progresos sociales y políticos más avanzados que tienen como meta la que siempre se estableció la Masonería que es: fraternidad y colaboración entre todos los hombres de buena voluntad. Ni hiciera falta formular nuestra expresa adhesión si todo el mundo supiera que los francmasones, aunque no pretenden ser hombres perfectos, porque adolecen de las debilidades comunes a todos, tienen como norte de su vida el perfeccionarse constantemente. Con esa base de doctrina y de conducta, que no es improvisada hoy sino que está grabada en nuestros Estatutos y es obligada y permanentemente practicada, se deduce inmediatamente que habíamos de estar unidos íntimamente a la causa que defiende nuestro pueblo y nuestro Gobierno. Pero en aquel excepcional momento y en práctica desusada, porque la Francmasonería hace su labor sin buscar popularidad, publicidad ni renombre, hicimos la declaración aludida para enterar a quienes no estuvieran enterados o lo fueren torcida-mente por los enemigos sempiternos de la Libertad y la tolerancia.
Muchos sucesos han ofrecido posteriormente oportunidad para que toda suerte de Organizaciones enviara adhesiones al Gobierno de la República. Nosotros no tuvimos necesidad de nuevas adhesiones. La nuestra era definitiva y sus fundamentos inmutables, como lo es la línea de nuestra doctrina, fija e invariable, que conduce a la fraternidad entre todos los hombres a través de los vaivenes y veleidades de la política o las religiones. Por tanto, seguíamos, seguimos y seguiremos en adhesión íntima al Gobierno de la República y a los principios que defiende y por los que se sacrifica lo mejor de nuestro pueblo. Nuestros afiliados cumplen ejemplarmente en sus puestos de lucha, o de mando, o de técnica, en proporción tal que no se pueden contar excepciones, si no es la inutilidad física total. Nuestros cuadros han dado víctimas en proporción que ninguna otra organización puede superar.
Si excepcionalmente hoy reiteramos nuestras anteriores manifestaciones de adhesión, justificase ello por la importancia que contienen los llamados trece puntos que dio V. E. a la publicidad universal, porque estimamos es propósito firme su realización, y porque los principios que los informan están refrendados en el discurso que V. E. pronunció días pasados desde el Madrid heroico, sagrado y ejemplar, unidos a expresión práctica del resurgimiento de nuestro país, pleno de dignidad, mereciendo el respeto de todos los pueblos libres y desenvolviendo sus inagotables fuentes de riqueza. En nombre de innumerables hombres de buena voluntad que están en nuestras filas, suyos afectísimos servidores.
El supremo Consejo del Grado 33 para España.

(La Vanguardia, Barcelona, 6 de julio de 1938.)
NB: Hubiera deseado poner el enlace de la Hemeroteca de “La Vanguardia” pero casualmente (¡¿?!) no se puede, no está subido dicho ejemplar para consultarlo on-line
 
Sigue exponiendo Gassiot:
Para comprobar la influencia que ha tenido en España la masonería conviene recordar algunos hechos históricos. El duque inglés Felipe Warton, el 15 de febrero de 1728, inauguró en Madrid una organización masónica bajo los auspicios de la Gran Logia de Inglaterra; pero Felipe V y Fernando VI reprobaron la masonería, y esto no obstante, en el reinado de Carlo III adquirió desarrollo y gran influencia, por la que consiguió el 3 de abril de 1767 la expulsión de los jesuitas y otras disposiciones que revelaban una insubordinación a la suprema autoridad de la Iglesia. Y el ministro Rada, que era masón, el 17 de diciembre de 1767, escribía a Choiseu, ministro de Luis XV, refiriéndose a la Compañía de Jesús: “Hemos matado al hijo; ya no nos queda más que hacer otro tanto con la madre, la Iglesia Romana”.
Consiguió también, a la muerte del papa Pío VI, el Decreto de 5 de septiembre de 1799, por el que se intentaba provocar un cisma y que causó la indignación del clero y la protesta de la Nunciatura.
Sabido es que las logias masónicas facilitaron la entrada en España de los ejércitos de Napoleón, contra los cuales reacciono el pueblo mostrando la grandeza de su espiritualidad religiosa.
Existieron entonces dos masonerías, bajo las influencias respectivas de Inglaterra y de Francia; pero ambas coincidían en actuar contra la Iglesia y la tradición española. Bajo el influjo francés, se dictó la Constitución de Bayona el 6 de julio de 1808, la supresión de los conventos el 18 de agosto de 1809 y otras disposiciones contra el clero secular. Y bajo la influencia inglesa, las Cortes de Cádiz votaron la Constitución de 12 de marzo de 1812, que luego anuló Fernando VII; pero, restablecida en 1820, seguidamente se decretó de nuevo, a 14 de agosto del mismo año, la supresión de la Compañía de Jesús y a 11 de octubre la desamortización de los bienes de la Iglesia; siguieron otras disposiciones sectarias, que tuvieron lugar el 23 de enero de 1823 la ruptura de relaciones con el Vaticano.


           Todo ello fue acompañado de actos de persecución como el asesinato del Obispo de Vich el 16 de abril de 1823 o el de varios jesuitas el 17 de julio de 1834 y otros varios.
Es de notar que un mismo día, 25 de julio de 1835, se decretó la supresión de los monasterios y en Barcelona se quemaron los conventos; a éstos siguieron otros actos revolucionarios realizados con la intervención de elementos extranjeros.
Y se continuó, en otras poblaciones, la ejecución de los acuerdos de las logias o de un plan preconcebido para la matanza de frailes y destrucción de edificios religiosos; siempre, con toda mala fe, imputando la culpa a las masas populares.
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