Martes, 18 de junio de 2019

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Hoy el reto del amor es escuchar con mucha atención y compasión

por El Reto Del Amor

Año del Señor 2018
29 de agosto 
 
Hola, buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              
 
“¡POBRECITA, POBRECITA!”
 
La vida estrecha en comunidad trae a veces gratas sorpresas. Pienso que de estas debe de haber muchas, aunque el Señor Jesús solo nos hace conscientes de algunas para que sean en nosotros motivo de darle gracias y alabarle por lo grande que es…
 
Me refiero a algo que me sucede muy bello:
 
Hay una hermana en comunidad que fue en su tiempo la enfermera. Cuando yo me acercaba a ella para compartirle, por ejemplo, que me había caído mal la comida o que estaba apenada por algo, o, simplemente, que no había dormido bien, siempre me decía con sentimiento:  “¡Pobrecita… pobrecita!”
 
Al principio, al escucharle esta expresión, no me gustaba, porque me parecía peyorativo, pero tampoco se lo dije…
 
Pasado el tiempo, y al escuchárselo muchas veces, me di cuenta de que producía en mí gran consuelo interior, porque notaba que entraba, de verdad, en comunión con mis sentimientos, y el oírselo me aliviaba en lo que estaba necesitando de comprensión o consuelo interior…
 
Pero en ella, esta expresión tiene su historia:
 
Cuando era niña, su madre le mandaba a comprar el pan u otra cosa. Por la calle, en su barrio, había entonces muchos pobres y, al ver a estos necesitados, se conmovía y les repartía las vueltas de sus compras.
 
Cuando su madre le decía: “¿Dónde están las vueltas?”, siempre respondía lo mismo: “Se las he dado a los pobres que me pedían por la calle”. 
 
Su madre entonces se enfadaba y decía: “¡Esta niña es tonta!”… Pero ella seguía haciendo lo mismo siempre.
 
Su tía le decía: “Esos que piden son unos ‘pobrecitos’.” Y esta hermana se enfurecía y le contestaba: “¡No, son como tú y como yo, no los llames ‘pobrecitos’!”
 
Con los años, se fue dando cuenta de que “pobrecitos” eran como Jesús, como tú o como yo… De aquí que ahora le sale con un contenido profundamente evangélico y cargado de ternura y amor. 
 
Al oírle esta expresión, me sale recordar tantos pasajes del Evangelio en los que Jesús se conmovía en sus entrañas, y decía por ejemplo: “¡No llores!”, o “¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?”, o “Sintió gran lástima...”. Estas palabras tan cargadas de amor y compasión, eran como bálsamo curativo sobre todas las dolencias y sufrimientos humanos. Para esto ha venido Jesús y se ha encarnado: para sanar todas nuestras enfermedades y atraernos al amor del Padre y a toda su ternura.
 
Hoy el reto del amor es escuchar con mucha atención y compasión a alguien que te manifieste una pena. Y, si Jesús pone en tus labios una palabra de consuelo, anímate a decírsela… por ejemplo:  “¡No llores!”, o “¡Pobrecito, pobrecita!”, o “¡Te comprendo!”…
 
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¡Feliz día!
 
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