Lunes, 19 de abril de 2021

Religión en Libertad

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Ana Mato, primer suspenso directo del nuevo gobierno

por Alejandro Campoy

Hay momentos en los que se siente el cansancio de la larga lucha por el simple sentido común. Y quiero subrayar esta expresión: "por el simple sentido común". En efecto, no se trata ya de ideologías, ni de luchas partidistas, ni de nada de todo ésto. Y en el ámbito de gestión de la nueva y flamante Ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad hay unos indicadores que nos dan la temperatura de cual son los problemas de salud y en general, de malestar social que afectan a la sociedad española.

Los tenemos bien a la vista en una simple nota de prensa del Instituto Nacional de Estadistica, en concreto sobre los datos de causa de defunción del año 2008 (para años posteriores los datos aún se encuentran en elaboración). Y pido perdón de antemano a los nobles defensores de la causa de la vida, pero voy a referirme exclusivamente a todo aquello que afecta a los que ya hemos nacido. Aquí, la nota.

Por supuesto, los datos de muertes por "violencia de género" ni siquiera aparecen en la nota del INE. Hay que ir a buscarlos a sitios más detallados, y a veces ni eso. Lo que la nueva Ministra ha definido como "la prioridad de las prioridades" es un fenómeno que no parece existir para la fría estadística. Y tiene su explicación. La violencia de género es un problema magnificado de forma artificial por aquellos que tratan de liquidar como sea lo que ellos llaman el "modelo patriarcal de familia". Por lo tanto, se trata de una estrategia ideológica.

Doña Ana Mato, que dice que hay que estar unidos frente a este problema al margen de ideologías, parece desconocer que este no es sino un problema ideológico. Quizás no ha leído el Manifiesto Comunista. Mire, Doña Ana, es muy cortito:

"¡Pero es que vosotros, los comunistas, nos grita a coro la burguesía entera, pretendéis colectivizar a las mujeres!

El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer.

No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.

Nada más ridículo, por otra parte, que esos alardes de indignación, henchida de alta moral de nuestros burgueses, al hablar de la tan cacareada colectivización de las mujeres por el comunismo.  No; los comunistas no tienen que molestarse en implantar lo que ha existido siempre o casi siempre en la sociedad.

Nuestros burgueses, no bastándoles, por lo visto, con tener a su disposición a las mujeres y a los hijos de sus proletarios -¡y no hablemos de la prostitución oficial!-, sienten una grandísima fruición en seducirse unos a otros sus mujeres.

En realidad, el matrimonio burgués es ya la comunidad de las esposas.  A lo sumo, podría reprocharse a los comunistas el pretender sustituir este hipócrita y recatado régimen colectivo de hoy por una colectivización oficial, franca y abierta, de la mujer.  Por lo demás, fácil es comprender que, al abolirse el régimen actual de producción, desaparecerá con él el sistema de comunidad de la mujer que engendra, y que se refugia en la prostitución, en la oficial y en la encubierta."

Luego vendría Engels refinando y sofisticando el argumento en "El origen de la propiedad, la familia y el Estado". Y luego todos los desarrollos de la ideología de género del siglo XX. ¿Cómo pretende Doña Ana que esté libre de ideología un problema "prefabricado" por una ideología con la finalidad de modificar la sociedad de acuerdo a los principios de la misma? ¿Se suben al carro una vez más porque se hacen pis ante la simple posibilidad de que les llamen "fachas"? ¿Ha triunfado el gallardonismo acomplejado, blandengue y carente de la menor seña de identidad propia en el nuevo Gobierno? Muy mal empezamos, Doña Ana, muy mal. 

La cuestión es tan simple que sólo es de sentido común, como reclamábamos al inicio: la familia patriarcal, burguesa, totalitaria y explotadora a la que se alude en el Manifiesto Comunista NO EXISTE. Sólo es un constructo, parte de un discurso previo cuyas finalidades son bien conocidas. Porque lo que existe es la familia NATURAL, esa en la que el hombre es un hombre y la mujer una mujer. ¿Variaciones culturales y epocales? Por supuesto, todas las que ustedes quieran, pero se da la "pequeña circunstancia" de que en todos los modelos de familias posibles estudiados por los antropólogos los hombres son hombres y las mujeres son mujeres ¡vaya puñeta!

Luego sucede que la naturaleza es muy cabrona, pues resulta que si los hombres son hombres, y las mujeres mujeres, ocurre que NO SOMOS IGUALES. Entiendo que las feministas se quieran estirpar el útero, claro, porque resulta que todo en la mujer, TODO (su biología, fisiología, psicología, etc, y más etc) está diseñado por la naturaleza en función de LA MATERNIDAD. Otra cosa es que ciertas civilizaciones se vuelvan locas ocasionalmente y se inventen pajas mentales variadas para extirparse esa misma naturaleza.

Y los problemas entre un hombre y una mujer que viven juntos han existido siempre, y de igual forma hay padres que matan a sus hijos, hermanos que matan a sus hermanos, hijos que matan a sus padres y por supuesto, aquello que denuncian los nobles defensores de la causa de la vida, madres que matan a su hijos. Y ninguna de todas esas realidades son "prioridad de prioridades" para usted y para Bibiana Aído, porque verá, Doña Ana, tengo un problema, y es que no distingo bien entre usted y Doña Bibiana, de la misma forma que tampoco distingo bien entre PP y PSOE ¿De verdad son ustedes tan cagones y tan vacíos que tienen que pedir prestada su identidad al vecino?

Verá, Doña Ana, le voy a dedicar otra entrada a continuación de ésta y tiene que ver con uno de los datos que aparece en la nota del INE que le enlazaba al principio, el dato de las muertes por suicidio. No deje de leerla, creo que será de su agrado.

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