Martes, 23 de julio de 2019

Religión en Libertad

Blog

Tarde del 28 de septiembre, en Sant Feliu de Codines

por Jorge López Teulón

La persecución religiosa española, ya lo hemos dicho, entró en el recinto de los establecimientos benéfico-hospitalarios de la Orden de San Juan de Dios e hizo víctimas a los religiosos, a los que llamamos mártires hospitalarios.
A la hora de iniciar sus procesos la Orden tuvo en cuenta las circunstancias de la muerte de 95 hermanos. Luego los reunió en cuatro grupos diocesanos (Barcelona 19481951; Madrid 19521956; Valencia 19951996 y Málaga 19951996), que a su vez en Roma quedaron reducidos en dos grupos: el ya beatificado de 71 religiosos (25 de octubre de 1992) y otro de 24, que sigue avanzando en la Sagrada Congregación.


Estos 95 religiosos formando parte de las comunidades siguientes: Calafell (Tarragona), 16 religiosos; Barcelona, 5: Sant Boi de Llobregat (Barcelona) fotografía superior, 1 religioso; Manresa (Barcelona), 2; Talavera de la Reina (Toledo), 4; Ciempozuelos (Madrid), 32; Carabanchel Alto (Madrid), 12; Curia Provincial de Madrid, 4; Valencia, 11; Málaga, 8.
La reseña biográfica y martirial de cada uno de los Hospitalarios martirizados, con sus nombres y apellidos, se encuentra individualmente identificado en este Diccionario:
 
Beato Francisco Javier Ponsa Casallarch
El 20 de agosto de 1916 en Moià (Barcelona) les nacía a Pedro y Rosa el primero de sus tres hijos varones. Fue bautizado una semana después de nacer, en la iglesia parroquial de Santa María recibiendo los nombres de Francisco, Valentín y Ramón. Sus padres, trabajadores y honrados, formaban un verdadero matrimonio cristiano. Pedro que era labrador también tenía el oficio de sacristán.
Desde muy pequeño asistió a las clases de los Padres Escolapios, en donde se educó al mismo tiempo en la piedad y en las letras, potenciando así la labor formativa del hogar es su favor; acompañaba a su padre a la iglesia, ayudaba al sacerdote como monaguillo y practicaba los sacramentos.


Hacia los 14 años entró como aprendiz en los talleres de una carpintería, consiguiendo en breve tiempo ser un experto oficial con notable rendimiento, ganándose la confianza de sus patronos, y logrando trabajos incluso fuera del pueblo. Era un joven alegre, de mucho temperamento, que supo mantenerse como buen cristiano incorporándose y participando muy activamente en la Acción católica y con la orientación y confianza que mantuvo con el sacerdote don Luis Daví, organista de la parroquia de Moià.
 
Profunda vocación de Hospitalario
Al conocer el carisma de los Hermanos de San Juan de Dios se sintió impulsado a dejar todo y seguir la vocación hospitalaria. Sus padres le daban largas sobre el asunto, le distraían y esperaban que cambiase de pensamiento. Pero él cada vez se convencía más de que era su camino. Para proceder con acierto, aconsejado por su director espiritual, en enero de 1935 hizo ejercicios espirituales, en la Casa Misión de Vic; los terminó más convencido.
Otra experiencia más directa la hizo, acompañado de su director, al visitar el Hospital San Juan de Dios de Barcelona.




El efecto de la visita la cuenta el mismo don Luis Daví: “Llegamos a una sección en que los niños, tendidos en sus camitas, mostraban al sol la carne viva de sus llagas”.
Le pregunta:
-¿No sientes repulsión delante de estas asquerosidades?
-No, señor.
-¿Te sientes con ánimo para cuidar, limpiar y curar a estos desgraciaditos niños?
-Sí, señor, estoy con vivas ansias que llegue el día en que pueda dedicarme a tan santa obra.
Se fueron a continuación a visitar otro centro de niños no enfermos. “No le satisfizo. Sólo aquellos niños cojos, ciegos, llagados, jorobados, atraían su atención”, termina relatando su director espiritual.
Al llegar a casa y manifestar a sus padres su propósito inquebrantable se produjo una escena violentísima, que se reprodujo durante varios días: quejas, amenazas, reconvenciones, increpaciones y palabra duras salidas de los labios de los padres amargaron durante varios días el alma sensible de Francisco. El joven buscaba refugio en casa de su director espiritual donde, entre sollozos, desahogaba toda la pena de su corazón.
Todavía, queriendo saber qué hacer, el 18 de febrero de 1935 marchó a vic para hablar con el Director de la Casa de Ejercicios; volvió al anochecer, y su padre, después de una escena violenta, le echó de su casa. Él no se amilanó; lo vivió como disposición de la divina providencia. Se sentía ya libre y, se fue a ver a su fiel director; de acuerdo con él, arregló su viaje y, pasando por Montserrat para pedir la protección de la Virgen, marchó a Sant Boi de Llobregat e ingresó en la Orden Hospitalaria el 20 de febrero de 1935.




La Iglesia del Sagrado Corazón, en el Sanatorio Frenopático de San Baudilio de Llobregat, el día de su inauguración, el 7 de abril de 1929.
La experiencia hospitalaria del postulantado fue muy rica para su espíritu; su juventud contrastaba con su decisión vocacional. El 2 de junio del mismo año tomó el hábito hospitalario en Calafell e hizo la entrada canónica al noviciado con el nombre de fray Francisco Javier.
Su fervor encontró en el Maestro de novicios, beato Braulio Mª Corres, el apoyo personal, religioso, espiritual y hospitalario preciso, en particular para su carácter fuerte, correspondiendo a la acción del Espíritu en él.
Durante el noviciado enfermó gravemente su madre y fue a verla antes de que muriera, acompañada del maestro de novicios, el Beato Corres. Su madre se alegró mucho de verle vestido de religioso y, llena de emoción, arrepentida de su terca oposición a la vocación de su hijo, declaró que moría contenta porque sabía que su hijo era feliz y lo dejaba seguro en la religión.
Al año, hizo su profesión el 3 de junio de 1936, rodeado de sus familiares y amigos, además de su director espiritual y dos sacerdotes más; todos en verdad muy contentos y admirados, conocedores de las dificultades que el joven fraile había superado hasta lograr ser religioso, como tanto deseaba.
Pasó después otra vez a Sant Boi, para continuar su formación como neoprofeso, Durante este tiempo, sus servicios como hospitalario los ejerció con los enfermos tuberculosos hasta que la comunidad fue detenida.
La Vanguardia con el titular “Fiesta eucarística en San Baudilio de Llobregat” publica el 20 de junio de 1936 la noticia de la procesión eucarística que con motivo de la infraoctava del Corpus celebró la Comunidad de Hermanos Hospitalarios del Sanatorio Psiquiátrico “procesión litúrgica que recorrió el frondoso parque y avenida central del Sanatorio... figuraban en ella una sección de enfermos, gran número de señoras pertenecientes a distintas asociaciones piadosas y una representación de HH. Hospitalarias y Josefinas de la villa… sostenían las varas del palio distinguidas personalidades de la población. Cerraba el devoto cortejo la banda de música…”



Todo radiantemente normal. En menos de un mes, los marxistas protagonizarían una bárbara y sangrienta persecución religiosa para arrancar por todos los medios el nombre de Dios y de su santa Iglesia…
 
Dadme unos minutos para rezar
Llegada la revolución el 26 de julio de 1936, los 52 hermanos de la comunidad de Sant Boi pasaron por momentos de gran tribulación, con ultrajes, amenazas; incluso conatos de fusilamiento. Al día siguiente, trasladados a la Jefatura de Policía de Barcelona, pasaron dos días a la intemperie antes de conseguir viajar a Francia. Algunos por cercanía familiar podían quedarse en Barcelona; entre ellos se quedó el Beato Francisco Javier Ponsa, quien después de una breve estancia con unos familiares, marchó a Moià a casa de sus padres.
Advertido por unos amigos del peligro que corría, expresó:
-Me doy perfecta cuenta de ello pero, ¿qué me pueden hacer? ¿Quitarme la vida? No me da miedo la muerte; estoy preparado por si viene el caso; si ésta es la voluntad de Dios, daré con gusto la vida. Suceda lo que Dios quiera.
Se retiró a una casa de campo de la familia. En ella vivió retirado sus últimos 20 días en unión con los colonos, rezando juntos el rosario cada día y llevando una vida ejemplar, suspirando con el convento y los enfermos. Se le veía frecuentemente de rodillas rezando en su habitación.
El 27 de septiembre, muy de madrugada, un grupo de milicianos le arrestaron entre insultos, blasfemias y amenazas; se lo llevaron y lo encerraron en el Convento de los Escolapios convertido en cárcel (en esta foto, el altar mayor de la iglesia de los Escolapios). Al día siguiente por la tarde el comité de Granollers en una camioneta se lo llevaron al Coll de Posas, en el km 24 de la carretera de Moià a Barcelona, en el término municipal de Sant Feliu de Codines.
Comprendiendo el Beato la intención que tenían, dijo a los milicianos:
-¿Me queréis matar? Dadme unos minutos para rezar.
-Reza cuanto quieras, le respondieron burlonamente los asesinos; pero ya te quedará tiempo de sobra para rezar.
Se arrodilló humildemente, y sin darle tiempo para nada, sonó una descarga de metralla que le abatió dejándole sin vida. El Beato Francisco Javier Ponsa al morir tenía 20 años de edad y hacía pocos meses que había hecho la profesión como Hermano de San Juan de Dios.
Poco después, la misma tarde fue recogido el cadáver y llevado al cementerio de Sant Feliu, siendo sepultado al día siguiente. El 18 de enero de 1940, desde Sant Feliu fueron trasladados sus restos al panteón de los Hermanos de San Juan de Dios en el cementerio de Sant Boi.
Finalmente los días 1114 de febrero de 1992, antes de la beatificación, se llevó a cabo el reconocimiento canónico de los restos del beato Francisco Javier Ponsa, un tratamiento de conservación y la colocación de los mismos en una urna, identificada con su nombre y fechas de nacimiento, martirio y beatificación. En una capilla de la misma iglesia del Sanatorio de Sant Boi de Llobregat son venerados los restos del joven de Moià junto con los de otros 16 mártires Hospitalarios.
Un apunte final. Poco después de empezada la guerra civil se efectuó una reforma de los topónimos españoles para eliminar referencias religiosas o monárquicas, de modo que el 28 de enero de 1937 Sant Boi fue convertido por decreto en Vilaboi, llegándose a emitir billetes con este nombre. Tras el final de la guerra, el nombre oficial de la ciudad volvió a ser San Baudilio o San Boi de Llobregat.
 
Las víctimas de los hospitales psiquiátricos
Escribe Joan Vendrell y Campmany en su blog que cuando estalló la guerra civil española el Dr. Belarmino Rodríguez Arias, el director médico del Hospital Psiquiátrico de San Baudilio de Llobregat regentado por los Hermanos Hospitalarios de la Orden de San Juan de Dios, lamentaba que la contienda fratricida “había supuesto la alteración de toda labor asistencial, puesto que la tragedia nos zarandeó “intramuros”. El conglomerado de sirvientes -psicópatas los más- se incautó por la fuerza de los establecimientos. Un “comité revolucionario”, en una entrevista que exigió de mi, notificó defender “sub conditione” la fe que les infundía mi suficiencia psiquiátrica y mi firmeza o estoicismo. El Dr. Emilio Mira y López, que era el director médico del Manicomio de Señoras de San Baudilio de Llobregat Mira y yo pudimos liberar del encierro perpetrado a ambas comunidades religiosas (Las dos comunidades religiosas eran, los Hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (Manicomio de Hombres) y la Congregación de Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús (Manicomio de Señoras). No asesinaron a nadie (el señor Rodríguez Arias desconocía la muerte martirial del Beato Francisco Javier Ponsa) . La Generalitat de Catalunya tomó de mano de sus servidores la pertenencia de los dos hospitales y confirmó los nombramientos de director. No rehuí el oficio. Pero el 30 de noviembre de 1936 abdiqué de mis funciones”.
Unos días después de que se fueran las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, lo hicieron los Hermanos de San Juan de Dios, que atendían a los varones en el vecino establecimiento psiquiátrico (como ya se decía anteriormente fue el 26 de julio de 1936), y una vez incautados ambos hospitales, se formó un “Comité de Control del Hospital Psiquiátrico de Vilaboi”, que redactó un proyecto de Reglamento, del que transcribimos algunos párrafos.
“El Comité de Control del Hospital Psiquiátrico de Vilaboi de Llobregat constituído sindicalmente por todos los trabajadores del establecimiento en Asamblea General celebrada el día 7 de diciembre de 1936, para dar carácter de derecho revolucionario al hecho de intervención consumado el día 26 de julio del mismo año, designó una ponencia que redactara un proyecto de reglamento interior para el mejor funcionamiento de los servicios de la casa.
…Precisamente porque estamos al frente del establecimiento psiquiátrico más importante de Cataluña, y uno de los más importantes de España, al iniciar obra de tal envergadura cual es la de estructurar el funcionamiento técnico y administrativo de una población manicomial, sabemos que en nosotros, en los trabajadores del Hospital de Vilaboi, están puestos los ojos de muchos grupos de compañeros que esperan conocer nuestra ruta social, para proseguirla; y es por eso que la Comisión Ejecutiva del Comité de Control ha creído conveniente hacer una declaración de principio substantivo, interpretando el sentido de los compañeros que le han concedido esta representación. Esta declaración es la siguiente:
El deber revolucionario tiene, para quienes vivimos el instante español, un sentido constructivo; un espíritu de dignificación humana, que acuse las potencias y reservas morales y mentales del individuo. Por encima de cualquier otra consideración, el cumplimiento estricto, pero no rutinario ni desganado, del deber, ha de ser un imperativo categórico de conciencia. Hoy, después del 19 de julio, no basta “coger” un jornal; es preciso merecerlo, y para ello el hombre ha de sentir en su espíritu el ansia de superación colectiva. Este es el sentido ácrata del pueblo español, y es, por tanto, el del personal del Hospital Psiquiátrico de Vilaboi de Llobregat”.
La Comisión Ejecutiva del Comité de Control
Carlos Alonso Álvarez,
Enrique Irazoqui Villalonga,
Carlos Vilarodona,
Joaquín Murga,
Antonio Pla
 
Sin embargo, estas "buenas intenciones" quedarían en la práctica, en nada. Camiones que los milicianos habían requisado a sus legítimos propietarios, llegaban a los establecimientos psiquiátricos procedentes de Barcelona, repletos, en sus cajas abiertas, de mujeres de los bajos fondos de aquella ciudad, y se apoderaban de objetos, utensilios, ropas y todo cuanto les apeteciera. El saqueo dejaría totalmente desmantelados los dos hospitales. La carencia de alimentos y vitaminas propiciaban un vertiginoso aumento de mortalidad entre los enfermos y enfermas de aquellos hospitales, siendo las causas más frecuentes, la desnutrición, las diarreas y la pelagra.
Carles Serret del Arxiu Històric Municipal de Sant Boi de Llobregat declara que “la mortandad en los psiquiátricos, durante la guerra civil, fue de una dureza inhumana: unas 2500 víctimas entre las cerca de 3000 que hubo en Sant Boi, en aquellos tres años de guerra. Las causas son imputables, de forma directa, a la desnutrición y a la falta de atenciones..."
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