Martes, 23 de julio de 2019

Religión en Libertad

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Mañana del 22 de septiembre, en la madrileña Puerta de Hierro

Mañana del 22 de septiembre, en la madrileña Puerta de Hierro

por Jorge López Teulón

La Familia Salesiana en 1936 era floreciente en nuestra nación. Se articulaba en tres “inspectorías” de salesianos y en una “inspectoría” de las Hijas de María Auxiliadora. En ellas el Señor acogió como mártires a 97 hijos de San Juan Bosco, que ofrecieron sus vidas como verdadero holocausto en la brutal persecución religiosa que asoló España en el decenio de los años treinta: 39 salesianos sacerdotes, 26 salesianos coadjutores, 22 salesianos clérigos, 5 salesianos cooperadores, 3 aspirantes salesianos y 2 Hijas de María Auxiliadora.
 
 
Los dos mártires de este día pertenecen a la Causa del Beato Enrique Saiz Aparicio (sobre estas líneas) y 62 compañeros. El grupo está formado por 22 sacerdotes, 18 coadjutores, 19 jóvenes salesianos seminaristas, 3 laicos, y un sacerdote diocesano, también cooperador salesiano. La edad media del grupo es de 37 años. El más joven, uno de los protagonistas de hoy, es el aspirante Federico Cobo que fue martirizado en la zona de Puerta de Hierro de Madrid a los 17 años. El de mayor edad es el sacerdote Félix Paco Escartín, de 69 años de edad y que murió en Málaga. En este grupo de mártires salesianos hay 17 con menos de 25 años; 14 entre los 26 y 35; otros 14 entre los 36 y 45; y 18 cuentan con más de 46 años. La mayor parte murieron en 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil, aunque dos de ellos murieron en 1937.
La historia del martirio de estos 63 miembros de la Familia Salesiana se escribe entre la muerte de Antonio Fernández Camacho, salesiano sacerdote, que fue martirizado el 20 de julio de 1936 en Sevilla, y la del también sacerdote Pío Conde, asesinado en Madrid el hacia el 15 de marzo de 1937.
Ninguno de ellos estaba implicado “en luchas partidistas, no tenían armas ni daban cobijo a desertores, jamás habían atentado contra la República legítimamente constituida ni eran reos de delitos comunes”, ha escrito el historiador salesiano Ramón Alberdi. Una vez más, puede afirmarse que si no hubieran sido religiosos, no habrían sido asesinados.
 
La comunidad salesiana de Carabanchel Alto
Fue la que más bajas sufrió durante la persecución religiosa que se desató en Madrid entre julio y diciembre de 1936. De sus 18 miembros fueron asesinados dos sacerdotes: Enrique Saiz Aparicio, nacido en la localidad burgalesa de Ubierna y el salmantino, de Ledesma, Félix González Tejedor; dos coadjutores: Juan Codera Marqués, de Barbastro (Huesca) y Pablo Gracia Sánchez, de Lérida, y un clérigo: Virgilio Edreira Mosquera, de La Coruña. A ellos hay que añadir dos estudiantes de teología: Carmelo Juan Pérez Rodríguez, de Vimianzo (La Coruña) y Teódulo González Fernández, de la localidad burgalesa de Castrillo de Murcia, y tres aspirantes a la vida salesiana: Federico Cobo Sanz, nacido en Rábano (Valladolid) y dos más, mayores de edad, que colaboraban en el funcionamiento de la casa: Tomás Gil de la Cal e Higinio de Mata Díez, de las localidades burgalesas de Guzmán y Ubierna, respectivamente.
Los restos mortales de don Enrique Saiz; los clérigos, don Virgilio Edreira y don Teódulo González; y el aspirante, Federico Cobo, reposan en el panteón salesiano del cementerio de Carabanchel Alto. De los demás mártires de la casa salesiana de Carabanchel Alto, que hacen un total de 10, no se han encontrado los restos. Presentamos una breve semblanza del Beato Federico Cobo.
 
Beato Federico Cobo Sanz
Nacido en Rábano (Valladolid), el 16 de noviembre de 1919. Siguiendo el camino señalado por su hermano mayor, Esteban, entró en el aspirantado salesiano de Carabanchel Alto a los 14 años.
Cuando estalla la guerra llevaba en Carabanchel Alto tres cursos. El 20 de julio de 1936 fue asalto el seminario salesiano. Federico, igual que todos sus compañeros, es conducido al cercano colegio militar Santa Bárbara. De allí, al día siguiente, se lo llevó su hermana doña Cristina Cobo que vivía en Madrid. En su casa estaba ya el hermano de ambos, don Esteban Cobo, salesiano.
Mientras los dos hermanos estuvieron refugiados en casa de su hermana doña Cristina, pudieron sin dificultad cuidar sus prácticas religiosas. Frecuentaban, además, la Biblioteca Nacional, para evitar los registros y pesquisas de los milicianos, al mismo tiempo que leían y estudiaban.
El 22 de septiembre de 1936, a las siete y media de la mañana, cuatro milicianos irrumpieron en el piso de doña Cristina Cobo y se llevaron detenidos a Federico y a su hermano Esteban. Dijeron que los llevaban a la Dirección General de Seguridad, pero no fue así. Sus cadáveres aparecieron expuestos el día siguiente en el Depósito Judicial de Santa Isabel. En las fichas del juzgado constaba que habían sido asesinados en Puerta de Hierro. Federico tenía 16 años y 8 meses. 
La Casa Salesiana del Paseo de Extremadura
Otra casa salesiana de Madrid con víctimas de la persecución religiosa fue la del Paseo de Extremadura. Situada en el número 11 de la calle del arquitecto Repullés y Vargas. Fue abierta en 1926, con internado y bachillerato, y diez años después tenía 175 alumnos bachilleres y 225 de enseñanza elemental, 400 en total, un tercio de los cuales eran internos. Se atendía también un oratorio festivo abierto a la barriada.
Para atender a las clases, al internado y al oratorio festivo, en el colegio San Miguel Arcángel del Paseo de Extremadura, había una comunidad de la que formaban parte 13 salesianos: 5 sacerdotes, 6 clérigos y 2 coadjutores, de los que fueron inmolados casi la mitad: dos sacerdotes, el asturiano de San Cristóbal de Priero, Germán Martín Martín, y el valenciano de Turís, José Villanova Tormo; un clérigo trienal: Francisco Edreira Mosquera, de La Coruña; dos estudiantes de teología: Esteban Cobo Sanz, de Rábano (Valladolid) y Manuel Martín Pérez, de Encinasola de Comendadores (Salamanca); y un coadjutor: Valentín Gil Arribas, de la localidad vallisoletana de Rábano, que se habían tenido que refugiar en pensiones madrileñas y en domicilios particulares de conocidos o de algún familiar, tras haberse marchado del colegio el 19 de julio.
 
Beato Esteban Cobo Sanz
Nació en Rábano, Valladolid, el 21 de noviembre de 1905. En 1919 entró como aspirante en la casa de El Campello y después hizo el noviciado en Carabanchel Alto, donde profesó como salesiano en 1925. Después de realizar allí mismo los estudios filosóficos, fue destinado, para hacer las prácticas pedagógicas, a la casa de la madrileña Ronda de Atocha, donde permaneció los cursos 1927-1931. A continuación estuvo cuatro años en Carabanchel Alto cursando la teología. Terminados los estudios teológicos, fue destinado al colegio de Paseo de Extremadura durante el curso 1935-1936.
Como decíamos antes, el 22 de septiembre, a las siete y media de la mañana, cuatro milicianos armados invadieron el piso donde estaba refugiado Esteban con su hermano Federico junto a su hermana, Cristina, en su domicilio del nº 20 de la calle García de Paredes. A los dos los detuvieron por ser religiosos y se los llevaron en un coche. Dijeron que los llevaban a la Dirección General de Seguridad, pero como quedó dicho los fusilaron en Puerta de Hierro.
A propósito de sus disposiciones interiores, mientras estuvo refugiado en casa de su hermana Cristina, don Esteban repetía con frecuencia que sería feliz si Dios lo elegía como mártir, y que si esos eran los designios de Dios, daría la vida con alegría por Él. Decía también que los enemigos de la Iglesia no sabían lo que hacían, y debía perdonarlos porque no habían recibido educación religiosa.
Los restos mortales de los hermanos Cobo se enterraron en el panteón salesiano del cementerio de Carabanchel Alto. Hace unos años, como se nos narra en este último apartado, los mártires fueron trasladados al madrileño Santuario de María Auxiliadora de Atocha.
 
Nueva Capilla de los Mártires
El 18 de enero de 2008 se inauguró la capilla de los mártires salesianos de la Inspectoría de Madrid en el Santuario de María Auxiliadora de Atocha (Madrid). La capilla está dedicada a los 42 Beatos Mártires salesianos de la Inspectoría Céltica, que en 1936, fecha del martirio, comprendía las actuales Inspectorías salesianas con sede en Madrid, Bilbao y León.
 
Así lo narraban los salesianos en la crónica de ese día:
"En la capilla se conservan las reliquias de once mártires, en otras tantas arcas de madera, de salesianos que sufrieron martirio en España en 1936. Los mártires pertenecen a la causa Enrique Saiz y 62 compañeros, que habían sido beatificados, meses antes, en Roma el 28 de octubre de 2007. En el altar de la capilla se ha colocado el arca con los restos del Beato Enrique Saiz, cabeza de lista del grupo de mártires salesianos".
"Uno de los concelebrantes fue el Padre Emilio Alonso, sacerdote salesiano y compañero de los mártires, que muchas veces ha dado testimonio del martirio de sus compañeros. Significativo fue, también, el momento del ofertorio. Junto al pan y el vino, se ofrecieron algunos objetos que pertenecieron a los mártires, como un rosario, un crucifijo que uno de ellos llevó hasta la muerte, y un cuaderno con los escritos de otro de los mártires".
“Al finalizar la eucaristía, en la que concelebraron unos 40 sacerdotes, el Inspector de Madrid se dirigió a la capilla de los Mártires para bendecirla y abrirla al culto de los fieles. En ese emotivo momento, y cuando en el interior de la capilla estaban todos los salesianos concelebrantes, Luis Manuel invitó a los salesianos a hacer un momento de silencio y, ante las urnas, renovar la consagración religiosa al servicio de los jóvenes. Consagración que, en el caso de los Mártires, ha alcanzado su plena realización”.
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