Sábado, 19 de octubre de 2019

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Rupturas de pareja y ego

                                                           Rupturas de pareja y ego 

 

 

      Cuando la palabra ego no era común en nuestros lares, ya era popular en América Latina.

      Recuerdo que en México, hace años, una persona me hablaba de alguien que “tenía mucho ego”, debí poner cara un poco extraña porque mi interlocutor enseguida me dijo: “Sí, sí, ego, soberbia.” Ahora es un término frecuente y tiene más “prestigio” que la palabra soberbia porque ésta parece más bruta, menos elegante. Sin embargo, a fin de cuentas, es lo mismo.

      Paradójicamente hay personas muy orgullosas de su ego y, cuando se les pregunta, afirman que no cambiarían nada de su vida pasada. Es una muestra de desconocimiento personal tan grande, que asusta y más cuando se trata de personas que tienen responsabilidades sociales o sobre otras personas o son padres.

      ¿Cómo una persona puede decir que no cambiaría nada, cuando el ser humano se equivoca todos los días varias veces? A medida que alimentan su ego, aumenta la desconfianza en ellos de las personas que les rodean.

      Disculparse por los errores es una de las características del liderazgo, pero a ellos les parece una debilidad y por eso son personas que nunca piden perdón. En la convivencia hay que ser humanos.

      Una persona “no humana” produce rechazo. Tiene una cierta incapacitación para educar. Es probable que sea muy inflexible ante los errores de los demás.

      Estos ególatras dan la sensación de que están haciendo un favor a los demás de forma habitual y esto les incapacita a largo plazo para mantener sus amores. La gente con mucho ego, desune mucho.

      A causa del desconocimiento que tienen de ellos mismos, hay que tener cuidado con ellos, porque en la convivencia, cualquier cosa les puede molestar. Se está tenso a su lado.

      Ya digo que es lo que toda la vida se ha llamado una persona soberbia.

       Una persona con la que es difícil de convivir y es incapaz de educar a causa del desconocimiento que tiene de si misma.

      A pesar de todo, tener ego está de moda y, en ocasiones, bien visto. Bien es verdad que del ego se puede salir: basta con adquirir cierta formación personal y aumentar el conocimiento propio.

      Simplemente, darse cuenta de que el ser humano es débil y en muchas ocasiones un ser necesitado de los demás.

      O sea, basta con estar en la realidad, en lo que las cosas son.


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