Lunes, 18 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

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El Madrid de "There be dragons" (y 2)

por Jorge López Teulón

Finalmente, acudí a verla y con algunas salvedades sobre la historia en general (una vez más, sobre gustos no hay nada escrito), la película “Encontrarás dragonessí muestra breve pero intensamente y, por primera vez, cómo afrontaron los católicos y los sacerdotes la persecución en Madrid durante la Guerra Civil. No es una película al estilo de la productora italiana LuxVide (estamos hablando de ¡Roland Joffre) y, sí, también para tener asesores sobre la guerra civil española contiene algunos errores un pelín garrafales, pero en la película se contemplan escenas de cómo se celebraban misas de forma clandestina en hogares laicos, las confesiones de Josemaría Escrivá en la Casa de Fieras (situada en el Retiro), sin olvidar el peligro de muerte que suponía llevar una sotana en el Madrid del año 1936.
El martirio de un sacerdote en las calles de Madrid a plena luz del día, que en el cine ocupa toda la pantalla, es un primer plano único PUES FUE REAL. En Madrid se asesinaron entre sacerdotes diocesanos y religiosos a casi 1.000 consagrados. Los destrozos de varias iglesias aparecen sin cesar a lo largo de la película, sin olvidar, una escena dramática cuando el coprotagonista, el fundador del Opus Dei, tiene el tiempo preciso para rescatar a Nuestro Señor Jesucristo del Sagrario, mientras huye a la carrera ocultando el Copón con las Formas consagradas… No he podido menos de recordar otra historia real… ahí el sacerdote de la Magdalena de Toledo tuvo que ver como incendiaban su iglesia y quemaban “vivo” a Cristo en su Sagrario.
Alguien ha escrito que las de “Encontrarás dragones” son “imágenes que los españoles jamás habíamos visto en el cine desde los años de la Transición”. Pues yo, desde que tras la guerra comenzase a producirse nuevamente cine, tampoco las recuerdo… ¡75 años de una provocadora amnesia!
Una salvajada: la Casa de las Fieras
La Casa de Fieras del Parque del Buen Retiro fue el parque zoológico durante el siglo XIX y XX; se encontraba en los hoy denominados “Jardines del Arquitecto Herrero Palacios”, junto a la Puerta de Sainz de Baranda del parque y extendiéndose hasta los actuales Jardines de Cecilio Rodríguez.
 
Este Cecilio Rodríguez fue el Jardinero Mayor del Ayuntamiento; y, acondicionó en 1919 los paseos y los jardines de la Casa de Fieras, entre otras razones para poder contemplar gran variedad de felinos, algunos de gran tamaño, que habían sido traídos del Sahara y Guinea. Cinco años después se incrementaba la fauna con avestruces, cebras, elefantes, antílopes, osos polares y un hipopótamo.
 
Con la proclamación de la Segunda República, el nuevo ayuntamiento democrático destituyó a Cecilio Rodríguez y la Casa de Fieras atravesó un serio estancamiento, que se agudizó con la Guerra Civil, llevándola casi a su desaparición. Durante la contienda murieron de inanición varias fieras y otras se sacrificaron para el consumo humano. Se vivieron también escenas dramáticas en sus instalaciones, pues 11 personas fueron arrojadas vivas para ser devoradas por los animales  entre septiembre y octubre de 1936, según diferentes documentos y declaraciones. Sólo tres están totalmente identificados. El primero lo fue el 9 de septiembre de 1936.
 
En 1972, siendo alcalde de Madrid Carlos Arias Navarro, se cerró definitivamente la Casa de Fieras del Retiro y se inauguró el Zoo de la Casa de Campo.
 
Así lo describe el Profesor de Historia Contemporánea Javier Paredes que “Madrid es el peor sitio de España para creer en Dios. Los milicianos han detenido a unas treinta personas porque huelen a cera. Les han sorprendido en una iglesia rezando el Rosario y les encierran hasta decidir su castigo. Por fin a uno de ellos se le ocurre una pena que todos aprueban. Suben a sus prisioneros en un camión y atraviesan el parque del Retiro, justo por donde el Ayuntamiento de Madrid, desde hace tiempo, ha erigido un monumento en honor a Satanás, que todavía, al día de hoy, no se ha atrevido a quitar ningún alcalde. Y llegan al zoológico que, en esos tiempos, se llama la Casa de Fieras. Los osos y los leones están hambrientos, porque desde que estalló la guerra no hay comida ni para las personas. Para saciarles, arrojan los prisioneros a las fieras. A unos cuantos les acortan el tormento, porque les revientan la cabeza a balazos antes de que se los coman las bestias
 
Anabel Llamas en el nº 587 de Alfa y Omega nos narró que uno de ellos (para los que creen que no hay nombres y que éstas son leyendas piadosas de las persecuciones romanas) se llamaba Alfonso Muñoz Tejada, que era padre de familia, y que participó en la fundación del Sindicato de Obreros Católicos de Madrid. Movido en todo momento por su fe en Jesucristo, pertenecía a la Adoración Nocturna. Al estallar la guerra civil, algunos trabajadores de la droguería que regentaba, y de otra droguería cercana, le denunciaron por oler a cera -decían-, por ser católico y practicante, y dedicar atenciones especiales a varias familias religiosas. El 5 de noviembre del año 1936 Alfonso fue detenido directamente por las milicias de CNT y FAI… se supo que fue llevado, junto con otras víctimas, al zoológico madrileño del Retiro, y echado a las fieras para ser devorado.
 
El Socorro azul
 
         El Padre Luis Javier Fernández Frontela, carmelita descalzo, en su trabajo “Una Iglesia clandestina. La Iglesia perseguida en la España de la Guerra Civil” cuenta que el Socorro azul era una de las múltiples organizaciones clandestinas en Madrid que tenía numerosos servicios: Servicio de ropa, Servicio de trabajo o Auxilio espiritual. “Éste último servicio además de proteger a sacerdotes y religiosos amenazados, organizaba y facilitaba la atención espiritual en el Madrid clandestino, para lo cual tenían sus propias capillas clandestinas, entre otras la conocida como Parroquia Azul, que funcionaba en una lechería en el número 46 de la calle Velázquez, y procuraba que la atención espiritual llegase a las cárceles, donde hacían llegar la Eucaristía en cajas de medicina” (Javier CERVERA, Madrid en Guerra. La ciudad clandestina, 1936-1939, Madrid 2006).

 
Sáinz de Tejada recoge este comentario en la página 561 del volumen IV de "Historia de la Cruzada española": "... Ante Cristo en la Cruz, aquellos brutos sienten renacer el odio regicida de los verdugos del Calvario. Le hieren con sus hachas, le aporrean con barrotes de hierro, como su quisieran que de su costado herido brotase nuevamente la sangre redentora".
 
         En Madrid destacó la llamada Catedral de Hermosilla, una capilla clandestina que funcionaba en el número 12 de la calle Hermosilla, pero que todo el mundo sabía dónde se encontraba. En ella se celebraba la misa, los domingos durante la celebración de la misa, siempre había algún sacerdote que explicaba la homilía; allí se dieron varias tandas de ejercicios, y, aquellos que deseaban ser oídos en confesión, siempre solían encontrarse algún sacerdote; se administraban los sacramentos del bautismo y del matrimonio, y se enseñaba el catecismo a los niños y a los adultos.
 
Escrivá, Lahiguera o la parroquia de Santa Teresa
 
Mientras los primeros miembros del Opus Dei buscaban la forma de pasar a la zona nacional, Escrivá se movía por Madrid, vestía traje y corbata y llevaba la bandera de Honduras cuidadosamente prendida en su solapa. A menudo oía confesiones en la calle, caminando arriba y abajo por la acera. Decía la Misa y predicaba meditaciones a pequeños grupos en casas de amigos. Llevaba el Santísimo Sacramento consigo, dentro de una pitillera que guardaba en una pequeña bolsa con la bandera y el sello del Consulado de Honduras, para distribuir la Sagrada Comunión a más gente… como se visualiza en “Encontrarás dragones”.
 
Por su parte el Director Espiritual del Seminario Mayor de Madrid, José María García Lahiguera, después de ser detenido en la legación de Finlandia, tras ser asaltada por las milicias populares el 3 de diciembre de 1936, logra prodigiosamente la libertad, y comienza a organizar la Iglesia clandestina de Madrid, ayudado por otros sacerdotes y seglares, como es el caso de José María Tabeada, secretario nacional de Acción Católica.
 
También es de destacar la labor llevada a cabo por la Juventud de Acción Católica de la parroquia de Santa Teresa, que sostuvo durante los tres años de guerra el movimiento devocional. ¡En Semana Santa mantuvieron 19 monumentos con vela continua!, y durante los años de la guerra celebraron con toda solemnidad la fiesta de Santa Teresa, tenían el rezo del rosario perpetuo, recitado a lo largo de todo el día por turnos cada media hora. O se dedicaron a recaudar cuotas fijas e intenciones de misas para unos treinta sacerdotes que vivían y ejercían su ministerio sacerdotal en la clandestinidad (Frontela, o.c. 201-202).
 
Junto a los mártires fueron muchos los que se entregaron sin descanso a reavivar la llama de la fe en Madrid y en tantos otros lugares donde la Iglesia fue perseguida con deseos de exterminarla.
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