La facilidad con la que algunos médicos aconsejan a una madre que aborte en caso de un diagnóstico de cáncer choca una y otra vez con la abundancia de errores en la previsión: niños que, o bien nacen sanos tras haberse presionado para que fuesen abortados por supuestas enfermedades; niños que nacen efectivamente enfermos pero se convierten en la alegría y razón de vivir de sus padres y no en la anunciada carga imposible de sobrellevar; o, como en el caso de Sarah Wickline Hull, niños que debían morir para que se le aplicase a su madre un tratamiento teóricamente incompatible con la supervivencia del bebé.

Lo cuenta Diego López Marina en ACI Prensa tras hablar con la protagonista de los hechos, que tiene hoy 40 años y vive en Luisiana (Estados Unidos) junto a su marido Patrick y sus dos hijas. La mayor, la co-protagonista de la historia.

Dos propuestas de aborto

En 2008, a Sarah le diagnosticaron un “linfoma de células grandes anaplásico” poco frecuente y agresivo: "Yo estaba embarazada y no podía respirar. Se pensó que era bronquitis o neumonía, pero terminó siendo un linfoma no Hodgkin. No podía creerlo porque era mi primer hijo. Estaba muy asustada, por mí y por mi bebé”.

Sarah se había convertido al catolicismo en 2007 y cuenta que su fe la ayudó a salir adelante y afrontar los momentos más difíciles: “Si no hubiera tenido fe no sé cómo hubiera logrado atravesar todo esto, especialmente por la enseñanza de la Iglesia sobre el sufrimiento: el saber ofrecerlo por otros”.

Dio a conocer esta historia una década después a raíz de aprobarse en el estado de Nueva York el aborto hasta el día antes del nacimiento. En su perfil de Facebook, Sarah ofrecía una foto suya con su hija recién nacida (ver abajo), y una clara toma de posición: "Se está hablando de la necesidad médica del aborto para salvar la vida de la madre. Yo fui una de esas madres".

En efecto, como cuenta a ACI Prensa, había luchado contra la infertilidad durante años, por fin había logrado quedarse embarazada, y el cáncer le fue diagnosticado en la vigésima semana de gestación

“Nunca olvidaré cuando el primer médico, un oncólogo, mencionó el aborto”, que habría sido un aborto denominado tardío. Ella rechazó la idea: "Preferiría morir y dar a luz”. Un segundo médico le insistió en considerar el aborto tras enumerar los problemas que podría tener su bebé: “Me mantuve firme y me negué. Él dijo: ‘Eso está bien. El bebé probablemente será abortado espontáneamente de todos modos'”.

Tratamiento compatible

Por fin, una tercera opinión médica fue la de un doctor que conocía casos similares y le explicó el alto índice de bebés que sobreviven a tratamientos de quimioterapia: “Fue difícil conseguir un médico obstetra debido a mi enfermedad y el embarazo. Pero encontré a uno que había visto un caso similar al mío. Pasé a través de diferentes retos, pero Dios puso a las personas correctas en el momento preciso”.

Definieron un tratamiento de quimioterapia seleccionando los medicamentos compatibles con la vida del bebé: “Cada vez que tenía una quimio oraba a Nuestra Señora de Guadalupe, ante su imagen. Pedía que tome a mi bebé y la proteja”. Su esposo la acompañaba en las quimioterapias y su madre la atendía a tiempo completo.

A las 34 semanas de gestación nació la niña. Ella necesitó un año para reponerse del todo: "Aún sigo enferma. Mi sistema inmune no funciona correctamente y no puedo salir mucho, pero, al final, el cáncer fue una bendición. Cambió mis prioridades, mis pensamientos y ahora sé que lo más importante que les puedo dar a mis hijos es la fe y estoy agradecida por todo el tiempo que tenga para cumplir con eso”.

Hope for Two

“Si más doctores fueran preparados para saber que es posible que un bebé esté bien inclusive en terribles enfermedades como el cáncer, más gente lo intentaría. Hay muchas mujeres con las que he estado en contacto y hay una organización maravillosa de ayuda y sin fines de lucro llamada Hope for Two [Esperanza para los dos]”, explicó Sarah a ACI Prensa.

Hope for Two fue fundada en 1997 por tres mujeres que habían pasado la experiencia de un embarazo unido al cáncer. Se define como una red para brindar "apoyo y esperanza" a madres a quienes se les diagnostica la enfermedad durante la gestación.

En febrero de 2012, la revista médica The Lancet publicó una serie de artículos con estudios que avalan la compatibilidad de algunos tratamientos de quimioterapia con la vida del feto después del primer trimestre. En la misma línea aportó otros datos un artículo de noviembre de 2015 en The New England Journal of Medicine.