"Si le transmites el don de la fe a tu hija, le habrás hecho el mejor de los regalos, la mejor salvaguarda para su salud y su felicidad futuras". No lo dice un religioso, sino una doctora en medicina, la veterana pediatra norteamericana Meg Meeker, autora de Educar hijas fuertes en una sociedad líquida (Palabra).

El libro, dirigido a padres de todo tipo, trata de muchos temas educativos y sanitarios (autoridad, afecto, alimentación, amistades, esfuerzo, estudios...) y dedica un capítulo completo a hablar de la fe. Aunque ella se centra en hablar de las chicas, mucho de lo que dice se aplica también a los jóvenes varones.

"Podría detallarte las excelencias de un estudio tras otro que acreditan las bondades de la religión para la salud de tu hija: le ayudará a vivir más y mejor, reduce el riesgo de tabaquismo o implicación en actividades peligrosas y tiene tantas cualidades beneficiosas que podría considerarse como el mejor de los fármacos", escribe la doctora.

"Además de cuidar de la salud de tu hija, la hará más feliz, le proporcionará un sentido de felicidad en la vida y hará que su sentido de valor personal mejore enormemente. Nada de esto es desdeñable, de hecho, son cuestiones vitales para el futuro de tu hija".

"Los agnósticos y ateos rechazan la fe porque la consideran irreal, un cuento de hadas, pero por lo que he podido comprobar, la fe proporcionará tu hija un sentido sustancial de la realidad: la comprensión de que forma parte de algo mayor que ella misma, que no todo gira a su alrededor", añade.

Lo que llena de verdad a la persona y el corazón

Buscar llenar la vida con "satisfacción personal" no funciona, porque siempre queda un vacío. La doctora Meeker, después de tratar a muchos niños ricos o exitosos pero vacíos por dentro, cita a San Agustín: "Señor, nos creaste para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti". "Tu hija no descansará, estará siempre insatisfecha hasta que encuentre la fe, y el camino a la fe es la búsqueda de la verdad", escribe la doctora.

Ella está convencida de que los adolescentes de hoy siguen teniendo gran inquietud por conocer las verdades profundas. Asegura que lo ve hablando con ellos. Señala que cuando en una universidad cualquiera acude un ponente cristiano divulgativo, enseguida se llena el auditorio.

"El ambiente de los campus universitarios es inquietante y preocupante: un ambiente de promiscuidad, pornografía y adicción a la bebida y a los juegos de ordenador. La vida parece vacía porque lo es. Mucho empeño para conseguir un buen trabajo y pagar los préstamos, pero desean tener respuestas a las preguntas más importantes, más allá del expediente académico o una nómina engrosada. ¿Existe una finalidad más allá de uno mismo?

Seguir la corriente no ayudará a tus hijos

Muchos padres ven el problema... pero se resisten a dar el paso a una vida orientada en serio según la fe, porque sería contracultural, iría contra la corriente. Pero seguir la corriente no ayudará a los hijos.

"Los padres no podrán ayudar a sus hijos en la medida en que acepten la cultura popular y vean la vida desde esa perspectiva. Desde ella no podrán explicar a sus hijas por qué está mal acostarse con cualquiera, por qué les hace daño ver porno y por qué es absurdo sentir ansiedad ante la vida", apunta la pediatra.

Todo eso mejora enseñando a los jóvenes a mirar "con la perspectiva de Dios" que es una perspectiva de "amor perfecto", de un amor de compromiso, que vence los miedos y acompaña siempre.

"He visto a niñas privilegiadas hundirse en las profundidades de la depresión y a niñas que vienen de situaciones difíciles que han sabido salir al paso. Honestamente, os puedo decir que las niñas que tienen fe en Dios son las que disfrutan de una mejor relación con sus padres, tienen más confianza en sí mismas y más esperanza en el futuro", insiste Meeker.

5 formas de transmitir la fe a los hijos

Una vez convencidos los padres de la importancia de educar a sus hijos en la fe, Meeker les propone 5 formas de transmitirla:

1) "Haz un balance de tu propia fe"

"Te resultará mucho más fácil dar a conocer a Dios si le conoces tú mismo", explica. A quien haya estado alejado de la fe, o quien no crea pero está dispuesto a explorar la fe cristiana, le dice que "quienes buscan sinceramente a Dios lo encuentran". A quien ya tiene fe, le pregunta: "¿vives tu fe con coherencia, de forma que tu hija pueda verla? La forma en la que tu hija vea a Dios dependerá en gran medida de cómo tú lo veas".

2) "Modela tu fe"

Hay que ser sincero y no mentir. "Si eres escéptico, díselo, las hijas saben leer a sus padres de una forma increíble, a los 3 minutos de entrar en tu habitación saben de qué humor estás".

Al mismo tiempo, si ven a sus padres esforzarse por mejorar, los hijos aprenderán. Y mejorar es posible. "Si conocemos nuestros puntos débiles, podremos cambiarlos y mejorar como personas. Si reconoces que eres irritable y te enfadas a la mínima, pídele ayuda a Dios para ser más paciente y amable. He conocido a padres que así lo han hecho y han cambiado".

3) "Ayúdales a buscar a Dios"

Para esto, recomienda libros y leer juntos la Biblia. Los niños pequeños deberían leer Biblias infantiles y los padres pueden prepararse para responder sus preguntas. Niños más mayores, adolescentes y jóvenes pueden aprender mucho con las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis.

La doctora Meeker recomienda leer juntos el Evangelio, especialmente el de Juan. Libros cristianos como El caso de Cristo, de Lee Strobel, o Una vida con propósito, de Rick Warren, pueden ayudar mucho.

4) Rezar con los hijos

"A la mayoría de las niñas, sobre todo de pequeñas, les encanta rezar con sus padres", constata. "La oración une las familias; aunque el día haya ido mal, ese momento de contacto humano y unidad en la oración puede mejorar mucho las cosas".

Se puede hacer al bendecir la mesa, antes de dormir, en distintos momentos... "Enséñales que Dios siempre escucha su oración, por torpe que sea. Él es bueno y atento, le ama, todo lo suyo le importa y quiere ayudar".

Al crecer los chavales, quizá no quieren ya rezar con sus padres. Pero un padre puede decir "rezo por ti, ¿hay algún tema que quieres que rece en especial?" Eso hace que los hijos sepan que sus padres les quieren; muchos pueden más adelante sumarse a esas oraciones conjuntas, aunque sea en ocasiones.

Acostumbrarse a rezar ayudará a chicos y chicas. "las chicas problemáticas, en particular, necesitan saber que siempre pueden acudir a Dios. Él siempre estará ahí. Siempre las amará. Siempre podrán hablar con Él en la oración. No se puede rezar y ocultar cosas a Dios: es una ocasión para abrirse. Como Él ya sabe lo que nos pasa, se sentirá libre de rezar y hablar con Él de todo aquello que nunca comentaría con sus amigas o contigo. Las niñas necesitan verbalizar cómo se sienten, y la incapacidad de hacerlo puede ser un síntoma de depresión; la oración les da la oportunidad de expresar sus sentimientos. La oración une con Dios. Él puede tocar los corazones e infundirles esperanza".

5) "Enséñale la naturaleza de Dios"

"El Nuevo Testamento es iluminador: a lo largo de sus páginas descubrimos que Dios se hizo carne y nos enseñó directamente quién es Él. Él es la Paz, el Amor, la Piedad, el Perdón. Él es el Médico. Él es la Alegría. Y Él es Sacrificio de Inmolación. Le seguimos cuando vivimos nuestras vidas con amor, fe, compasión y servicio. Y también le seguimos cuando educamos, cuando nos educamos a nosotros mismos y a nuestras familias en Dios, y somos apóstoles. Dios está al alcance de todos, no sólo de los eruditos o estudiosos". Empezar a leer los Evangelios es el primer paso.

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