"¡Socorro! ¡Llega la adolescencia!". Tal podría ser la llamada de auxilio de muchos padres cuando uno o varios de sus hijos alcanzan ese periodo de la vida tan complejo pero tan importante para su formación. La hermana Estela Morales Pérez, del Hogar de la Madre, ha transformado en libro esa inquietud, bajo el título SOS. Un pavo en una familia, FAMILIA, donde las mayúsculas señalan la importancia de abordar esta problemática en un hogar constituido apropiadamente para ello.

La hermana Estela es graduada en Trabajo Social y ha sido directora de la Unidad Educativa Sagrada Familia de Playa Prieta (Portoviejo, Ecuador) y del Colegio María Inmaculada de la Fundación Moreno Baillo en Belmonte (Cuenca, España). Tiene una amplia experiencia en educación infantil y juvenil, y eso le ha permitido abordar, capítulo a capítulo de esta novela con un joven de 14 años, Íker, como protagonista, todas las grandes cuestiones con la que son hoy asaltadas las conciencias de niños, adolescentes (pavos) y jóvenes.

 

Religiosas educadoras del Hogar de la Madre en Ecuador. La hermana Estela (agachada, tercera por la izquierda) sobrevivió al terremoto de Playa Prieta en 2016 en el cual fallecieron la hermana Clare Crockett (de pie, segunda por la izquierda) y cinco aspirantes de la congregación, que aparecen también en la imagen.

-¿A qué edad hay que facilitarle a los adolescentes una respuesta completa y estructurada a esas inquietudes?

-Depende del niño, pero una buena edad para comenzar a leer este libro serían los 11 o 12 años. Actualmente se está transmitiendo desde la infancia, tantos en los centros educativos como a través de la televisión y redes sociales una información que deforma sus conciencias y les introduce en una visión de la persona y de la vida muy errónea, por eso se hace necesario ofrecerles cuanto antes una visión de lo que es correcto.

-¿Qué importancia tiene la familia en ese objetivo?

-La familia tiene una importancia radical en la formación de la persona. En ella el ser humano recibe las herramientas que van a ser el sustrato de su proceso de maduración en todos los ámbitos o dimensiones del ser humano. En esta célula de vida y amor es donde en primera instancia se aprenden los valores trascendentales y se desarrollan las virtudes que facilitan nuestra introducción en la vida social.

-Y el choque con ella...

-Es en la familia donde aprendemos a vivir con una actitud crítica, no en el sentido de fijarse en los aspectos negativos de la realidad, sino en ser capaces de valorarla asumiendo lo bueno y rechazando lo malo. Sin dejarnos manipular por los ideólogos del momento.

El protagonista de ¡S.O.S.! Un pavo en una familia, FAMILIA es Iker, un adolescente de 14 años, el pequeño de una familia de cuatro hermanos que acaba de hacerle un hueco en casa a la abuela, enferma de Alzhéimer.  La autora, explica la Fundación EUK Mamie, editora de la obra, ha sido testigo de que familias débiles y desestructuradas dan como resultado jóvenes psicológicamente frágiles, intelectualmente indefensos y altamente vulnerables al ataque de las ideologías. 

-¿Por qué muchos padres ven los males que rodean a sus hijos, pero no se sienten con autoridad para guiarles?

-Bueno, pienso que algunos padres no se sienten con la autoridad moral de guiar porque ellos mismos no viven acorde a lo que desean para sus hijos. Por eso estiman que no pueden exigir lo que no dan. En ese sentido tienen razón, pero la solución no es desertar de su papel de padres sino el de comenzar a llevar una vida coherente, en la que casen pensamientos y acciones. Así serán guías, no solo con las palabras sino con el ejemplo. Ver coherencia en los padres es algo que necesitan los hijos.

-Pero también los padres experimentan la influencia del ambiente...

-Qué duda cabe de que en la actualidad los padres están sufriendo una gran presión por parte de las leyes y de las ideologías de moda encaminadas a aislar a la persona de su núcleo familiar y de sus referentes. Una persona sola, aislada, sin raíces es mucho más fácil de manipular, y hay gente interesada en esto.

-¿Quién?

-Hay personas empañadas en desvincular a los hijos de la autoridad e influencia paterna y materna, ya sea por intereses políticos, económicos o ideológicos. Se ha generado todo un sistema, que infecta tanto el ámbito familiar como el social, para convencer a los padres de que desarrollan mejor su rol si se convierten en amiguillos de sus hijos, si actúan como iguales. En realidad lo que se pretende es que los niños y jóvenes no tengan a nadie que pueda orientarles de una manera distinta a como a estos embaucadores les interesa.

-¿Cómo se rompe la coraza de un joven que tiene totalmente asumido o interiorizado el discurso dominante?

-Las corazas se rompen con golpes, pero es mejor convencer al otro de que se la quite. Y esto se hace cuando se les presenta un motivo lo suficientemente atractivo para que lo haga. En nuestro caso este motivo es la Verdad, una Verdad absoluta que no solo se conoce de manera intelectual, sino que se experimenta, y que se vive.

-¿Es imprescindible mostrársela encarnada?

-Los jóvenes necesitan modelos, y cuando admiran a alguien nadie tiene que convencerles de que imiten a esos a los que admiran, les sale solo. Esto es lo que tenemos que hacer, proponer a los jóvenes modelos a los que quieran imitar por admiración.

-Y ese modelo es...

-No hay modelo mejor que Jesucristo, porque Él es el único capaz de dar sentido a toda nuestra existencia, y de responder, como decía San Juan Pablo II, a los interrogantes más profundos que hay en el corazón humano. Por tanto hay que suscitar en ellos el deseo de conocer a Jesús y de seguirle. Solo así serán capaces de romper con el discurso dominante, de ser políticamente incorrectos, de vivir en la Verdad. Hay que presentar a los jóvenes un discurso diferente, capaz de tocar todo su ser y este no es otro que Jesucristo, pero un Jesucristo auténtico, no descafeinado.

-¿Qué decirle a un joven para animarle a no dejarse arrastrar por amigos o compañeros?

-Hay que decirle: ¡piensa! Hay que animar a los jóvenes a pensar, a reflexionar, a profundizar en las cosas. Y hay que ayudarles a fortalecer la voluntad de manera que la encaminen hacía su objeto que es el bien, lo bueno.

-¿Cómo saber qué es "lo bueno"?

-Nos guste aceptarlo o no, Dios, que ve todo en su verdad, nos ha señalado lo que es bueno. Por tanto si somos inteligentes, encaminaremos el uso de nuestra libertad y la fuerza de nuestra voluntad hacia la consecución de eso que Dios nos señala como bueno, porque realmente lo es. Esto es una ardua tarea: desde hace unas décadas se nos ha animado y empujado a vivir guiados solo por los instintos, pasiones y sentimientos como si careciésemos de espíritu, de razón y voluntad.

-¿Es cuestión de resistencia?

-Tampoco podemos reducir nuestros actos a mero voluntarismo. Es indudable que necesitamos de la Gracia de Dios, para estar a la altura, para llegar a ser lo que debemos ser. Por tanto habría que decirle a los jóvenes: piensa, llénate de Dios y actúa, siendo tú mismo, sin dejarte arrastrar.

-La otra cara de la moneda es que el esfuerzo de los padres por contrarrestar las malas influencias les lleve a perder la confianza del hijo. ¿Cómo evitarlo?

-El diálogo es muy importante, y también la firmeza a la hora de tomar decisiones encaminadas a proteger a los hijos, y a enseñarles a que ellos mismos puedan defenderse de malas influencias. Los padres no deben cansarse de escuchar y aconsejar a sus hijos, aunque les pueda parecer que resultan pesados. Lo que se siembra, antes o después da fruto.

-A no ser que ese fruto sea destruido...

-Hay que dosificar y en ocasiones suprimir aquellos medios por los cuales se reciben una serie de estímulos que en vez de construir destruyen a la persona bien por su esencia, o bien porque se hace un uso inadecuado de ellos. Es el caso de algunos programas de televisión, de las redes sociales, del internet, malos amigos, malos centros educativos… pero siempre explicando el porqué de las decisiones que se toman.

-¿Qué hay que ofrecerles a cambio?

-Estas medidas son insuficientes si no se ofrece a los jóvenes ambientes sanos donde puedan conocer y tratar a Dios, tener buenos amigos, utilizar el tiempo de manera constructiva y fructífera tanto para unos mismo como para los demás. En este sentido tienen una importancia primordial las parroquias, los grupos juveniles, los diferentes movimientos religiosos.

-¿Es útil enfocar con los jóvenes las cuestiones morales con argumentos digamos "secundarios" o "humanos" sin mencionar a Dios?

-En ciertos casos podría ser aconsejable. Hay conductas que son inmorales porque ni siquiera son humanas, por tanto puede apelarse a la razón y a la ética. En este sentido, una persona llamada atea puede perfectamente estar en contra del aborto o de la ideología de género, por poner algunos ejemplos, sin atenerse a creencias religiosas.

-Pero en algún momento hay que hablar de Cristo...

-La fe en Jesucristo y en su mensaje es un tesoro que no debemos guardarnos. Da la impresión de que se ha apoderado de la Iglesia, quizás por los ataques que recibe, un sentimiento de inferioridad o de acomplejamiento. Es como si nos hubiesen convencido de que tenemos que sentirnos culpables por creer lo que creemos, o porque se nos haya comunicado la Verdad.

-¿Nos vencen los respetos humanos?

-¡Jesucristo no puede ser para nosotros motivo de vergüenza, sino todo lo contrario! Es lo mejor que nos ha pasado en la vida, por tanto nadie que esté convencido de esto se guarda la noticia para disfrutarla solo, y menos cuando es noticia de plenitud y salvación. Lo que significa que siempre hay que aspirar a darlo a conocer, y cuanto antes y a más personas, mejor.